—Lo sé, bebé… yo también tengo hambre —susurró Jimin, con la voz quebrada mientras acariciaba su abultado vientre— Pero no puedo hacer nada. La señora Choi no ha aparecido en semanas y… yo no he podido conseguir nada. Lo siento tanto, pequeño. Soy un mal padre. Ni siquiera has nacido y ya siento que lo estoy arruinando todo.
Con casi cinco meses de embarazo, Jimin vivía cada día como una batalla que parecía no tener fin. El invierno había comenzado a mostrar su peor cara, cubriendo la ciudad con una capa de nieve traicionera, de esas que se ven hermosas pero que esconden trampas en cada paso. El viento era una cuchilla invisible que se colaba sin piedad por cada desgarrón en su ropa vieja y ajada, calando hasta los huesos. Intentaba mantenerse firme, luchar, seguir, pero las fuerzas no le alcanzaban. Buscó empleo en cada rincón posible, cafeterías, panaderías, pequeños mercados… pero siempre obtenía la misma mirada de desconfianza. Algunos ni siquiera lo dejaban terminar de hablar. La última vez, hacía apenas unos días, el dueño de una cafetería lo sacó del lugar con una expresión de asco, como si fuera basura. No necesitaba que le dijeran que no daba buena impresión, él lo sabía. Solo tenía un par de prendas rotas que apenas le entraban, y en su estado, cada movimiento era un esfuerzo que lo dejaba sin aire.
Lo que más le dolía era la ausencia de la señora Choi. Durante tanto tiempo, ella había sido su única luz. Su presencia cálida, sus palabras suaves y ese suéter que le había dado… eran lo más parecido a un hogar que le quedaba. Pero ya hacía varias semanas que no la veía. Ni rastro. Y el miedo lo consumía por dentro. ¿Estaría bien? ¿Le habría pasado algo? Sin ella, todo parecía más difícil, más frío, más insoportable. De vez en cuando, alguna persona del parque le daba un trozo de pan duro o una moneda, pero no era suficiente. No cuando su cuerpo necesitaba calor. No cuando dentro de él otro ser humano dependía por completo de su existencia.
—¿Qué voy a hacer? —murmuró, abrazándose a sí mismo, con el mentón temblando— No tengo dinero, y me duele el cuerpo del hambre…
Esa semana había sido particularmente cruel. Su ropa, la misma con la que había salido huyendo de la mansión, ya no le quedaba. No solo estaba rota, ahora se ajustaba de forma incómoda a su cuerpo en transformación. Su vientre sobresalía con más claridad, haciéndolo aún más vulnerable, más visible. Y el suéter que la señora Choi le había regalado, aunque era lo único que lo protegía del invierno, comenzaba a ser insuficiente.
De niño, solía amar el invierno. Recordaba las tardes frente a la chimenea, su nana contándole historias mientras él se acurrucaba bajo una manta. El sonido del viento afuera, las luces cálidas de la casa, el olor a chocolate caliente… Todo parecía tan lejano ahora, como si hubiera pertenecido a otra vida, a otro Jimin.
Miró al cielo encapotado, deseando que el sol saliera aunque fuera por un momento. Pero el cielo solo le devolvió nubes y viento. En su mente aparecieron rostros que ya no veía. ¿Estaría su madre pensando en él? ¿Habría llorado por su “muerte”? ¿Y Taehyung? ¿Estaría arrepentido? ¿O ya habría vuelto a su vida lujosa, rodeado de gente que sí era digna de su amor? Jimin apretó los labios. No debía pensar en eso. No podía permitirse el lujo de extrañar lo que ya no tenía. Ahora su única preocupación era ese pequeño ser que llevaba dentro. Su bebé.
El hambre se volvió un rugido interno. Cada contracción del estómago era una súplica desesperada. No solo era él. Su bebé también estaba sufriendo.
—Está bien, bebé —murmuró con una mezcla de dolor y decisión— Tendremos que hacerlo… solo por esta vez. Tomaremos lo necesario, lo justo. Después lo pagaremos. Será como… como pedir prestado, ¿sí? No es robar si lo devuelves, ¿verdad?
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Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
