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Minutos antes de que alguien irrumpiera en su soledad, Min Yoongi se encontraba en su consultorio, removiendo con frustración los cajones de su escritorio. Lo hacía con una mezcla de impaciencia y melancolía. Buscaba su llavero favorito, un pequeño adorno en forma de luna plateada, sencillo pero significativo. Había sido un regalo de Jimin, y desde entonces lo llevaba consigo como un talismán, como un símbolo silencioso de amor y protección.

Movía papeles arrugados, bolígrafos gastados y algunos clips oxidados sin hallar lo que quería. En medio del desorden, al fondo de uno de los compartimentos, su vista se detuvo en un rincón vacío... y recordó algo que le hizo chasquear la lengua con fastidio.

Su identificación del hospital.

—Ah, cierto... —murmuró para sí, apoyando un codo en el escritorio con resignación— La dejé en la oficina de Namjoon…

Recordó que la última vez que la había visto fue semanas atrás, durante una reunión breve con Namjoon, antes de que este desapareciera repentinamente del hospital.

—Tendré que pedir un reemplazo —pensó, llevándose una mano al rostro— Pero el proceso es un fastidio…

Y lo era. Reportar la pérdida, llenar formularios, esperar autorizaciones. Todo un trámite que prefería evitar si podía recuperar la original. Decidió esperar. Quizás Namjoon regresaría pronto.

Suspiró y volvió al cajón, empujando hacia un lado un montón de recetas viejas y documentos inútiles. Su mano tropezó entonces con un objeto inesperado. Lo tomó con cautela, frunciendo el ceño al reconocer un USB negro, opaco, sin ninguna etiqueta visible. Pegada a él, había una nota arrugada.

La despegó con cuidado, y al leer el mensaje, sintió un golpe seco en el estómago.

“¿Crees que Yoongi te querrá después de ver la zorra que eres?”

El aire se le escapó de los pulmones de golpe.

Una corriente de hielo le recorrió la espalda. Su pulso se aceleró de inmediato y sus manos comenzaron a temblar. Las palabras no solo eran hirientes; eran crueles, intencionalmente diseñadas para causar daño.

Solo un nombre vino a su mente.

Taehyung.

Ese maldito. Lo odiaba. No era un odio impulsivo, sino uno que había fermentado con el tiempo, alimentado por cada lágrima de Jimin, por cada episodio de ansiedad, por cada pesadilla que lo despertaba en medio de la noche, temblando y sin aire. Taehyung le había arrebatado a Jimin mucho más que su paz, le había arrancado la inocencia, la seguridad, la voz.

¿Y ahora esto?

¿Un intento más de arruinar lo que con tanto esfuerzo habían logrado construir?

Con las manos aún temblorosas, Yoongi conectó el USB a su computadora. Un solo archivo apareció en la pantalla. No tenía nombre, solo un ícono de video genérico que parpadeaba como si se burlara de él.

Hizo clic con cautela, conteniendo el aliento.

"Archivo dañado. No se puede reproducir."

Frunció el ceño y lo volvió a intentar. Probó otro reproductor, lo descargó nuevamente, lo abrió en otra ventana. Nada. El mismo mensaje. Una y otra vez.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora