Después de la cita médica y una despedida cálida con Hani en la recepción, Yoongi y Jimin regresaron al apartamento. El trayecto fue tranquilo, con la luz del día filtrándose por las ventanas del auto y el cielo despejado anunciando una jornada templada. Al llegar, el interior del hogar los recibió con esa calidez conocida. Afuera, la ciudad seguía con su ajetreo de media mañana, pero adentro todo era quietud.
Jimin se quitó los zapatos con un suspiro suave y caminó directo al sofá. Se sentó con cuidado, como si su cuerpo ya pidiera un respiro. Yoongi se dirigió a la cocina sin decir nada, sirvió dos vasos de agua fresca y volvió con pasos lentos.
—Jimin, no quiero que te esfuerces con el pastel —dijo al entregarle un vaso— Podemos comprar uno y fingir que lo hiciste tú. Nadie se va a dar cuenta. Y como dijo Jin, estás por terminar el segundo trimestre… no es el mejor momento para pasar horas de pie.
Jimin sostuvo el vaso entre las manos. La luz natural que entraba por la ventana iluminaba su rostro con un tono cálido. Sus labios se curvaron con suavidad, pero había algo más en su expresión, algo profundo.
—Has hecho tanto por mí este último mes —dijo, con voz tranquila pero firme— Me diste comida, un techo, ropa nueva… y nunca me pediste nada a cambio. —Hizo una pausa, bajando la mirada— Min Yoongi, gracias. Prepararte un pastel no se compara con todo eso. Es lo mínimo que puedo hacer.
Yoongi se apoyó en el respaldo, observándolo en silencio unos segundos antes de hablar.
—No espero nada a cambio, Jimin. Solo quiero que tú y el pequeño estén bien. Eso es suficiente.
Jimin bajó la vista por un momento. Luego, con un suspiro leve, dejó el vaso en la mesa frente a él.
—Ojalá todos pensaran como tú… pero no es así. En el mundo real, el dinero manda. Quien lo tiene decide. Los demás… obedecen. —Apretó ligeramente los labios. No sabía por qué, pero una lágrima silenciosa se formó en sus pestañas.
Yoongi se incorporó y se sentó a su lado, más cerca esta vez. No dijo nada de inmediato. Simplemente alargó una mano y entrelazó sus dedos con los de Jimin, con un gesto firme pero delicado.
Jimin no se apartó. Al contrario, su mano buscó apoyo en la de Yoongi, como si ese contacto fuera el único ancla en medio de su oleaje emocional.
—Yoongi… sé que puede sonar exagerado —susurró— Pero prométeme que no vas a soltarme. Que no vas a dejarme solo. —Una lágrima bajó por su mejilla, silenciosa pero densa.
A pesar de haber nacido en una familia privilegiada, Jimin nunca había conocido el amor auténtico. Solo su nana le había ofrecido algo parecido a la ternura, y con ella se fue el último respiro de seguridad que conocía. Ahora, con Yoongi, ese calor regresaba, tan inesperado como necesario.
—No llores, Jimin —dijo Yoongi con suavidad, secándole la lágrima con el pulgar— No me gusta verte así. Te lo prometo, siempre voy a estar aquí. Pero también quiero que me prometas algo.
Jimin levantó la vista, frágil pero dispuesto a escuchar.
—Prométeme que vas a intentar no llorar más por sentirte solo… porque ya no lo estás.
Jimin asintió despacio. Luego, sin pensarlo, soltó su mano solo para envolverlo en un abrazo sincero, cálido, cargado de todo lo que no sabía cómo decir. Hundió su rostro en el hombro de Yoongi, dejando que ese momento lo contuviera por completo.
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Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
