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—Creí que ya no estarías aquí —dijo Seokjin al detenerse frente a la sala de espera, donde Yoongi permanecía sentado, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en el suelo de baldosas blancas.

Yoongi alzó la vista lentamente. Sus ojos, rojos por el llanto, reflejaban una mezcla abrumadora de culpa, agotamiento y remordimiento. La furia que lo había empujado a enfrentar a Jimin todavía ardía dentro de él, pero ahora estaba envenenada por un arrepentimiento que le pesaba como una losa en el pecho.

—¿Cómo está el bebé? —preguntó, sin rodeos, con la voz áspera y rota, apenas un susurro escapando de su garganta seca.

Seokjin suspiró, cruzándose de brazos. Su rostro mantenía la seriedad profesional, aunque en sus ojos había una sombra de compasión.

—El embarazo de Jimin ha pasado a ser considerado de alto riesgo. Cualquier emoción fuerte, cualquier esfuerzo… podría provocar un parto prematuro.

Yoongi sintió cómo algo se rompía dentro de él. Cerró los ojos con fuerza y, sin poder contener la rabia que ahora se dirigía solo hacia sí mismo, golpeó con el puño la pared más cercana. El sonido seco del impacto resonó en el pasillo, pero el dolor que recorrió sus dedos no fue suficiente para acallar el nudo en su estómago.

Había puesto en peligro a Jimin. Había puesto en peligro al bebé. Todo por dejarse consumir por el odio. Por no haber sabido ver con claridad. El bebé no tenía la culpa. Jimin tampoco. Y sin embargo, él había actuado como un maldito imbécil.

—Tienes que aprender a controlar tu ira, Min —dijo Seokjin con voz firme, casi acusadora, aunque no le faltaba el tono de preocupación— Sé que estás destrozado. Y me alegra que te sientas culpable, porque lo que pasó hoy fue tu responsabilidad. Te lo advertí más de una vez, un embarazo masculino es delicado. Y aun así elegiste explotar frente a él. Si algo le llega a pasar a ese bebé, o a Jimin... va a ser por ti.

Yoongi apretó los dientes, conteniendo las ganas de gritar. Cada palabra era una verdad dolorosa. Quería justificar su reacción, quería defenderse, pero no podía. No esta vez.

—Es un Park —escupió, como si la palabra le quemara la boca— Esa maldita familia ha destruido mi vida desde que tengo memoria. Su padre fue un bastardo. Me quitó a mi papá. Me quitaron todo, Jin. Y ahora...

Seokjin lo interrumpió, negando con la cabeza, visiblemente frustrado.

—¿Y por eso decidiste tratar a Jimin como si él te hubiera hecho lo mismo? Puede que lleve la sangre de esa familia, puede que venga de una historia oscura, pero tú sabes que no es como ellos. Me contaste tu historia, Yoongi. Y aun así lo juzgaste. Lo humillaste. Lo destruíste.

—Quiso burlarse de mí. Es igual que ellos —espetó Yoongi con los dientes apretados, la mandíbula rígida y los ojos brillando con una mezcla de furia, dolor y decepción— No voy a darle el gusto de verme suplicando.

—Estás equivocado, Min. Estoy seguro de eso —replicó Seokjin, con la voz más calmada, tratando de llegar al Yoongi racional que conocía— Jimin no es como el resto de su familia.

—Jimin mandó matar a mi madre —soltó Yoongi con voz tensa, apretando la mandíbula hasta que un leve temblor le recorrió el rostro— Él sabía que ella era mi punto débil. Lo sabía. Y ellos… ellos lo sabían también.

Rockabye | Yoonmin |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora