La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas de la habitación, proyectando un resplandor dorado que parecía barrer con delicadeza las sombras acumuladas durante semanas de angustia. El sol no solo iluminaba el espacio físico, sino que traía consigo un atisbo de esperanza que Yoongi apenas se atrevía a sentir.
Sentado junto a la cama, Yoongi sostenía con ambas manos la de Jimin. Sus dedos estaban entrelazados con suavidad, como si con ese contacto pudiera mantenerlo anclado a la vida. Sus ojos, enrojecidos por el insomnio, no se apartaban del rostro pálido pero sereno de su amado, aún conectado al respirador. Las máquinas seguían emitiendo su pitido constante, ese sonido punzante que era, a la vez, una tortura y un consuelo, Jimin seguía ahí. Aún respiraba.
Desde el día en que lo internaron por las complicaciones del embarazo, Yoongi había convertido del hospital en su refugio y su cárcel. Dormía en una butaca incómoda, comía apenas lo necesario y apenas salía del hospital. La culpa lo mantenía despierto, recordándole constantemente que no había podido protegerlo. Y aun así, el amor... ese amor incondicional, doloroso y firme, lo mantenía en pie.
La puerta se abrió con suavidad. Namjoon entró, vestido con su bata blanca perfectamente abotonada, aunque el cansancio en su rostro revelaba las noches de guardia acumuladas. Se acercó en silencio, revisó el expediente a los pies de la cama y luego levantó la vista, una sonrisa contenida asomando en sus labios.
—Buenas noticias, Yoongi —dijo con voz firme, pero cargada de alivio— Jimin está respondiendo mejor de lo que esperábamos. Su función pulmonar ha mejorado notablemente, y creemos que ya está listo para salir del coma inducido. Si todo sale bien, retiraremos el ventilador más tarde, para evitar complicaciones. Y si evoluciona como esperamos... podría recibir el alta en unos quince días.
Yoongi sintió cómo algo en su pecho se soltaba. Como si, por fin, pudiera volver a respirar. Aun así, el miedo no desaparecía por completo; estaba aferrado a él como una sombra.
—¿Tardará mucho en despertar? —preguntó, apenas con un hilo de voz. Su mirada seguía fija en Jimin, dormido, ajeno a todo lo que había ocurrido.
—No lo creo —respondió Namjoon, con una sonrisa más cálida esta vez— Tal vez una o dos horas, no más. —Hizo una pausa y, con un gesto sincero, posó una mano sobre su hombro— Y hay algo más, Yoongi. El universo, al parecer, quiso darte un respiro hoy. Hace unas horas encontraron a Muffin. Está aquí, en el hospital.
Yoongi parpadeó, y el mundo pareció detenerse por un instante. El impacto lo golpeó como una ola inesperada.
—¿Yang Mi? —susurró, con incredulidad— ¿Está aquí? ¿Dónde? ¿Está bien?
—Está en la unidad de cuneros, bajo estricta supervisión —explicó Namjoon, con tono profesional, pero empático— Llegó con signos de deshidratación moderada, desnutrición leve y una infección respiratoria provocada por la exposición prolongada al frío y al humo. Le estamos administrando líquidos intravenosos, antibióticos y alimentación progresiva. Su estado es delicado, pero estable. Los pediatras confían en que se recuperará completamente en unas semanas. Taehyung no le causó daño físico directo, pero el abandono le pasó factura. Ahora está en buenas manos, Yoongi.
El alivio inundó a Yoongi como un torrente, pero no venía solo. La rabia surgió con la misma fuerza, un fuego sordo que le hizo temblar las manos.
—¿Y qué pasó con Taehyung? —preguntó con voz tensa, controlando a duras penas el odio que hervía en su interior— ¿Está detenido? Porque, te juro, Namjoon... si no lo está, yo mismo lo encontraré, y no me importará ir a prisión.
ESTÁS LEYENDO
Rockabye | Yoonmin |
FanfictionPark Jimin lo perdió todo en un instante, su hogar, el apoyo de su familia y la seguridad que alguna vez creyó tener. Rechazado por sus padres tras revelar su embarazo, se ve obligado a sobrevivir solo, buscando refugio en calles frías que jamás se...
