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Y días como hoy eran los días que la señora Park odiaba. El cariño y la bondad de su hija la convertía en la mejor niña del mundo.. Pero su extrema inteligencia y empatía justo ahora era lo peor del mundo.

En esos momentos sentía que JiSoo era la única niña perfecta, el que Rosé estuviera molesta y a punto de llorar por lo sucedido en la Biblia, era molesto.

«Por lo tanto dijo a Abraham: Echa a esta sierva y  a su hijo, porque el hijo de esa sierva no ha de heredar con mi hijo.
Génesis 21:10»

La madre podía amar mucho a su hija, pero que renegara de la palabra de Dios era algo imperdonable.

La pequeña Rosé prestaba oído sordos a lo que decía el hombre frente al público y jugaba con los botones de corazon en su camisa. No era agradable saber la historia sobre ese niño y menos lo que pasó para eso.

Al terminar la mamá de Rosé no se quedó callada, nunca lo hacía.

—es injusto, todo por culpa de una mujer impaciente e incrédula.— se cruzó de brazos. Su madre se sorprendió ante el vocabulario de su hija.

—eso es el propósito de Dios, no puedes hacer nada.

—no estoy juzgando a Dios, es a esa mujer. ¿Que culpa tenía la sirvienta y su hijo? Solo siguieron ordenes.

—ya basta, Rosé. Si Dios lo permitió, fue por una razón.

—ella no sufrió, debía sufrir al igual que el niño y su madre. El niño y su madre recibieron heredad al igual que ella, pero ella no recibió dolor.

—Rosé, lo entenderás cuando seas mayor, ve a jugar con JiSoo ¿Okey? Y el no era un niño, era adolescente.

Rosé camino, observo el lugar, a las personas y a los pájaros que pasaban por ahí. No tenía nada en contra de nadie, pero no quería que nadie sufriera. Las cosas habían pasado y eso no iba a cambiar, ella tampoco lo haría, pero no le agradaba que vieran a esa mujer como la mejor, cuando dejó a dos personas por su cuenta.

—¡JiSoo!

Corrió hacia los brazos de JiSoo, hacia los brazos de la persona que quería y la comprendía.

—Rosé.— el abrazo fue correspondido.

—mi mamá esta molesta.

—se le pasará, vamos a nuestro lugar.

En esa pequeña casa Rosé y JiSoo eran felices, se sentían comodas y seguras. Pero nada se comparaba a los labios de JiSoo. Era lo que Rosé más queria y más la hacia sentir bien.

𝚁𝚄𝙻𝙴𝚂 ◌ 𝕮𝖍𝖆𝖊𝖘𝖔𝖔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora