Capítulo 41

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La mañana se hacía presente. La intensa luz solar caía en su espalda, mientras que la sonrisa radiante de su pareja, competía contra el sol para ver quien era más brillante.

Se detuvieron frente a la puerta de adobe de su hogar. Dos golpes. La puerta fue abierta por el castaño mayor de la casa, quién tenía en brazos a su pequeña hija.

- Bienvenidos.

- Hola mocosa. - saludó Katsuki, cargando a su hija, abrazándola. - Te extrañé. - susurró.

- Buenos días, padre. - saludó Eijiro, haciendo una reverencia. 

- Pasen, Mitsuki está haciendo el desayuno. 

Entraron en casa, Arianna abrazo a Eijiro, de alguna extraña manera, le caía bien ese extraordinario sujeto. Sus personalidades eran distintas, la incógnita de saber como es que una persona como él ha logrado enamorarse de un sujeto como su hermano.

- Déjalo, lo contaminas. - gruño el rubio, jalando a su pareja. - Vete.

- Baku-love, no seas así. - dijo Eijiro, abrazándolo. Miró a su hija. - Hola preciosa. 

La bebé rio. Sus pómulos rosas se agrandaron, mientras sus ojos se achinaron.

Su corto cabello rubio contrastaba con el  intenso color rojo de sus ojos. No había duda de que era su hija.

- ¡Papá! - grito el azabache, abrazando a su padre. - ¿La pasaron bien? ¿Cómo estuvo la película?

¿Película? Pensaron ambos chicos.

- Si, la película que vieron anoche. - habló Mitsuki, sonriendo burlonamente. - ¿Cómo estuvo?

- Bien, divertida. - contestó Eijiro, conociendo esa sonrisa burlona que también tiene Katsuki.

El ojo de derecho de Mitsuki  empezó con un tic nervioso, signo de estar enojada. Masaru fue a su lado, sonriendo, tratando de evitar una tragedia.

- Siéntense. - ordenó la rubia, tratando de relajarse. - Preparé la mermelada favorita de Katsuki.

(...)

- ¡Kirishima! ¡Lo logró! 

- ¿Qué? ¿De qué hablas? - preguntó el pelirrojo, acercándose a su plateada amiga. 

- Yamato consiguió traer a su madre del pasado. - exclamó la pelirosa que acompañaba a la amiga de su esposo.

- ¡¿En serio?! 

- ¡Si! Vamos a poder a traer a Tadashi.

- Cállense. - ordenó el rubio cenizo, adentrándose a la sala. - Sus gritos se escuchan hasta arriba. 

- Baku-love, existe una forma para regresar a Tadashi.

- Tadashi.

Sus lágrimas cayeron, y la sonrisa más pura que existía en el mundo de Eijiro se hizo presente. Corrió a los abrazos del pelirrojo que tenía como esposo. 

- ¡Voy a tener a Tadashi de vuelta!

(...)

- ¿Ya te rendiste?

- Por supuesto que no.- contestó rascándose su cuello. - Ese niño es mío, lo sé.

- Es una niña, Tomura-kun - corrigió la rubia cenizo. - Es una linda niña.

- Es mía.

- ¿Cómo estás tan seguro de eso? - pregunto el teñido de negro.

- No es tuyo, Shigaraki. - comentó una chica de cabellera azulada. -Definitivamente es de Kirishima.

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