Tras un largo día entre clases y entrenamiento, finalmente pudo ir a los dormitorios, pero no a su habitación, sino a la de Katsuki. Quería asegurarse que su hijo, Tadashi, siguiera vivo, ya que conocía a la perfección la actitud de su pareja.
- ¡Blasty~! - gritó abriendo la puerta con una sonrisa. - Ya regresé.
- Bienvenido - dijeron ambos ojirojos sin prestarle mucha atención, estaban más concentrados tratando de resolver un problema de matemáticas.
- ¿Qué hacen? - pregunto acercándose tratando de olvidar que había sido ignorado hace unos instantes.
- Trató de resolver este problema - contesto el pelinegro rindiéndose, recostando su cabeza en la mesa - Mamá prometió entrenar conmigo si lograba resolver estos ejercicios.
- Baku-love eso es malo de tu parte - recriminó el pelirrojo, ganándose un jalón de mejilla por parte del rubio.
- Hago esto para que no sea un cabeza hueca como tú.
- Blasty no seas así.
- Ma, por favor.
- Termina ese y vamos a entrenar - dijo rindiéndose, sabía que no ganaría contra esos dos, los ojos de cachorro que ponían lo hacían dudar y eso no le gustaba.
Tadashi sonrió y puso más empeño para poder terminar ese ejercicio, mientras que Eijiro le daba varios besos a la cara de Katsuki, quien empezaba a dejar caer su cuerpo en el pecho del pelirrojo. Un suave susurro en forma de canción fue soltado por el rubio, cerrando sus ojos, teniendo paz.
- ¡Terminé! - grito el menor saltando de la silla, siendo silenciado por su padre. - Lo siento.
- Es difícil hacer que mamá duerma - dijo con una sonrisa inconsciente. - Lo dejamos descansar y después nosotros vamos a entrenar.
Tadashi asintió. Kirishima, el mayor, cargo al rubio como princesa, quien automáticamente se despertó.
- ¿Qué mierda crees que haces?
- Nada, sólo quería que durmieras.
- Déjame. - ordenó, orden que fue atacada. - Vamos.
Salieron de la habitación, ambos Kirishima's preocupados por la salud de Katsuki, sobre todo el mayor, hacía días que el rubio no conciliaba el sueño. Bakugou avanzaba dos pasos por adelante de ambos pelinegros.
Tras su ardua caminata llegaron al campo de entrenamiento, Katsuki traía puesto su traje de educación física, mientras que el menor tenía una camiseta negra y pantalones sueltos que le había dado Eijiro. Iba a ser una larga tarde, de eso, los tres, estaban seguros.
(...)
Caminaban arrastrando sus pies, ninguno estaba con ánimos de subir por las escaleras, esperarían a que al ascensor se dignará a bajar, y así lo hizo, después de un rato esperando, claro está. Subieron al ascensor y marcaron el botón del tercer piso, esperando que las puertas se cerraran rápido y de igual manera subiera. Caminaron, nuevamente, hasta detenerse en la puerta que tenía escrito Katsuki Bakugou, entraron y los tres ojirojos se aventaron a la cama del rubio.
- Estoy muerto - murmuró Eijiro hundiendo su cara en la colcha.
- Yo también - dijo el pelinegro dando vuelta y mirando el techo. - Mamá, quiero comer.
- Muérete - susurró el rubio, tapando sus orejas con su almohada.
- Blasty no seas así.
- Entonces, muevan el culo de mi cama y vayan al comedor.
Ambos pelinegros sonrieron, se levantaron de la cama y siguieron a Katsuki quien caminaba rápido hacía el comedor de la sala común, cocinaría algo sencillo para poder callar a los dos idiotas que tenía como compañía.
Tras cortar, pelar y cocinar algunas verduras junto a unos cuantos trozos de carne de res, sirvió los tres platos, dejando un poco en la olla, quizás querrían un poco más tarde.
- ¡Esta delicioso! - exclamo el menor comiendo la comida preparada por su madre. - Mamá es la mejor en la cocina.
- Eso es obvio, soy yo después de todo.
- Blasty no seas así, podrían mentir un poco.
- Ni mierda, además amas mi egocentrismo.
- Yo amo todas tus etapas, Baku-love.
- ¿Así que Baku-love? - dijo una cuarta voz en tono de burla, una voz que Katsuki y Eijiro conocían bien, Mina Ashido.
- Mierda - susurró la pareja, sobre todo el rubio, no quería que revelaran su relación, más que todo, por las consecuencias que contraía eso.
- ¿Así que están saliendo?
- Cállate ojos de mapache. No es de tu incumbencia con quien salga o no.
- O sea es verdad.
- Piensa lo que quieras.
- Tía Mina - dijo el pelinegro con la sonrisa más tierna que tenía - Quiero pasar tiempo con mamá y papá.
- Claro corazón, puedes pasar todo el tiempo que quieras con ellos.
- Entonces, ¿Puedes lavar los platos?
- ¿Ah? - soltó la rosa, mientras que la pareja trataba de mantener la risa. Mina miro los ojos de cachorro que tenía su 'sobrino' - Claro, yo lavo los platos mientras que tu vas a jugar con tus padres.
El menor chilló de felicidad, tomando la mano de sus dos padres y empezando a caminar. A pesar de haber estado al borde de la muerte, por culpa del entrenamiento, decidieron ir a las áreas verdes del campus escolar. Un relajado momento en familia, momento que estaría guardado en la memoria del menor.
Mientras tanto, en el comedor, se encontraba una pelirosa chillando de la emoción, su pensamiento de ver a sus dos amigos juntos era más que obvio. Sabía que pasaría de todos modos, era mucho más que obvio, claro que no esperaba que fuera muy pronto pero bueno.
- ¿Por qué estás tan feliz, Mina?
- Porque acabo de confirmar algo.
- ¿Qué has confirmado?
- Cosas que te enteraras pronto.
- ¡Mina! No seas así.
- Lo siento Denki, pero no puedo decirlo yo.
El rubio suspiro.
Sabía que no conseguiría nada si es que la pelirosa se proponía no soltar palabra. Este se asomó por la ventana de la sala común, asombrándose por la escena que estaba presenciando sus ojos.
- ¡Hey! ¡Mina! Mira esto.
La pelirosa se acerco al rubio, dibujando una gran sonrisa en su rostro. Ambos Kirishima's jugando al rededor del rubio explosivo, sacándole una pequeña sonrisa. Tadashi jugaba con su padre como hacía tiempo no lo había hecho, mientras que Katsuki, su madre, sonreía ante el juego de ambos pelinegros.
- Es hora de dormir. - dijo el rubio levantándose del césped sacudiendo sus pantalones. - Andando.
- Es temprano. - Se quejaron los dos pelinegros haciendo un puchero.
- Iba a dejar que durmieran conmigo pero ya que - dijo chantajeando a ambos hombres, sabía perfectamente que ambos caerían con eso.
Katsuki Bakugou empezó a caminar siendo perseguido por dos pelinegros, ambos con corazón de niño de tres años. Tadashi agarró impulso y saltó sobre el rubio, haciendo que este quisiera perder el equilibrio.
- ¡Maldito bastardo!
- Yo también te amo mamá - susurró Tadashi, aferrándose a su agarre.
Katsuki sonrió, sabía que tarde o temprano terminaría rendido ante ese mocoso. Al igual que Eijiro, quién ya estaba más que emocionado de tener a su hijo con él.
¡Hey! ¡Hola a todos!
Nuevo capítulo uwu
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Una ayuda al pasado
Fanfiction¿Qué harías si de la nada aparece un chico con las mismas características físicas y mentales que tú y tu posible pareja? ¿Y peor aún si él mismo revela que es tu hijo? Esas preguntas encajaban perfectamente con el cara descuadrada de Katsuki Bakugou...
