Diecinueve| Plan

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Para desgracia de Park Jimin, los exámenes de Yoongi llegaron un día después de haberse despedido en la cabaña del señor Son. Durante dos semanas los alumnos tendrían un descanso de su servicio social para concentrarse en las últimas pruebas de su carrera universitaria.

La distancia lo hizo sentir inseguro. Para su corazón primerizo, el amor de Yoongi podría desvanecerse en catorce días, podría dispersarse en el viento como aquellas diminutas hileras de humo que Yoongi expedía cuando fumaba.

En las universidades quizá había muchos chicos lindos, chicos inteligentes con futuros prometedores, con una vida sin riesgos porque estaban sanos. 

Por ellos Yoongi no tendría que alentar su paso, no tendría que comer alimentos especiales, no tendría que soportar hemorragias y hematomas horribles en la piel, no tendría que recluirse en un cuarto porque la persona que quiere está demasiado débil como para salir a jugar con los otros.

—Mierda... —masculló echándose en la cama, acurrucándose entre el nido de almohadones que siempre le protegía al descansar.

Lo odiaba, odiaba que su corazón le hiciera sentir tan indefenso. Odiaba que el amor lo hiciera sentir tan vulnerable, tan transparente. El amor era confuso, difícil de sobrellevar; por una parte se sentía asustado, por otra se sentía extasiado por el calor que recorría sus venas al pensar en Yoongi y sus labios rosas elevados en una tímida sonrisa.

De sólo recordar la forma en la que le besó en la oscuridad de aquella cabaña, su cuerpo se encogía con el más infantil júbilo. La sensación de sus manos tibias acariciando sus mejillas, el calor de sus brazos pálidos acunándole, el sabor amargo de la cerveza en su boca, la suavidad de la pequeña nariz chocando contra la suya; todo estaba ahí, impreso en su memoria y corazón.

No obstante, también se había instalado en su pecho una diminuta astilla de inseguridad, una inseguridad pequeña que se incrustó en su cuerpo y comenzó a inflamar sus temores, a irritar las cicatrices que la vida le había dado.

No podía evitar pensar en Jihoon, en lo similares que eran, en la forma tan sumisa en la que Yoongi se comportaba frente a él; era imposible ignorar el brillo de sus ojos cuando le veía y la forma en la que lloró aquella primera vez que volvió a tenerlo entre sus brazos.

Los "te amo" pronunciados para Park Jihoon por la voz grave que a él sólo le dijeron un "te quiero" al despedirse en la cabaña taladraban su mente sin aviso, sin misericordia. Se negaba a creer que era un reemplazo, no quería creer que Yoongi sería capaz de utilizarlo tan cruelmente, no quería pensar así de él.

Sin embargo tenía miedo, en alguna parte de su alma había un miedo escondido que lo atormentaba discretamente durante el día y le recordaba que alguna vez alguien le utilizó, que alguien se aprovechó de sus sentimientos.

Nam Joohyuk lo había marcado, le había hecho creer que el amor y la lealtad es débil, egoísta y cruel. El abandono de su mejor amigo y primer amor mancharon sus sueños románticos, sus expectativas y sus deseos de sentirse querido.

"Amar asusta" pensó aferrándose a una de sus almohadas, a la que tenía un ligero olor a Yoongi porque él siempre se recostaba sobre la funda de color amarillo.

Iba cerrar los ojos derrotado, dispuesto a permitir que sus temores le revolvieran el estómago y quizá lo privaran de la cena hasta que su celular sonó. Se incorporó de golpe y tomó el celular que descansaba sobre su escritorio, el movimiento brusco le provocó un mareo que lo obligó a volver a la cama.

Healing Jimin [MY;PJ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora