Ella era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción.
¿Podrán Strix y Abigail ser felices?
Entra y lo...
Lleva menos de una semana conmigo y ya a hecho que me vuelva loco de remate, porque si, la señora se a propuesto sacarme de quicio.
Lo peor de todo... que lo esta consiguiendo.
— ¡Llevame con mi tío!— Chilla por décima vez, mientras sigue mis pasos hasta llegar a la pequeña cocina.
Se sienta en uno de los taburetes y cuando la miro, me doy cuenta de que aún no a quitado esa cara de preocupación que lleva desde hace un buen rato.
— Luego te llevaré y hablaré con el.— Sentencio.— Come.— Ordeno colocándole un plato de arroz enfrente de ella.
Niega con la cabeza.
— Come.— Vuelvo a ordenar.
— No me apetece, además, ¿Para que quieres hablar con mi tío?— Pregunta.
— Porque eres mía y te vendrás conmigo.— Le informo y asiente como respuesta.
Por lo menos lo acepta.
— El se enfadara.— Se susurra ella misma, pero la escucho.
— ¿Quien se enfadara?¿Tu amigo? Si es ese, ya está muerto.— Sonrio con malicia y ella niega con la cabeza.
— Mi tío.— Contesta.
— Que se enfade.— Digo y me mira a los ojos.— Me da igual.— Añado.
— A mi no.— Dice ella y puedo ver un pequeño destello de miedo en sus ojos.
— Vamos a hablar con el.— Ordeno, levantándome del taburete en el que me sentado.
No dice nada, simplemente se baja de taburete y después de hacerse un moño mal hacho, me sigue hasta que salimos de la habitación.
— Súbete a mi espalda.— Le digo y sin replicar lo hace.
Que raro...
Con mi velocidad y con ella encima comienzo a correr con una única dirección; La casa de su tío.
Cuando estamos a una cuadra, para y hago que se baje de mi espalda para comenzar a andar hacia donde vive mi queridisima tua cantante.
— Llama tu a la puerta.— Dice cuando estamos ya enfrente de la puerta de su casa.
Se esconde detrás de mi cuerpo y cuando me dirijo hacia la puerta con ella detrás de mi, llamo a la puerta y después de unos segundos se escuchan unas pisadas y un ¡Ya voy!
Las manos de Abigail cojen mi camiseta y la retuerce en sus pequeñas manos, mientras que asoma media cara a través de mi cuerpo, para poder ver la puerta.
Cuando la puerta se abre, ella se esconde del todo y yo, con una sonrisa de oreja a oreja saludo a su tío.
— ¿Que quieres?— Pregunta de manera borde.— Sal de detrás de el.— Dice esta vez, pero dirigiéndose a la pequeña chica que ahi detrás de mi.
— A ella déjala.— Gruño.
— No te metas tu, mejor dicho.— Dice el con un gruñido.— Es mi sobrina.
— Y mi tua cantante, así que... o hablamos como personas civilizadas, o me la llevo y no la vuelves a ver.— Digo con la fuerte y clara.
— No te la vas a llevar a ningún lado.— Dice el.
— Lo que digas.— Le doy la razón como a los tontos y continuo hablando.— Ahora escúchame bien y con atención...— Le pido pacíficamente.— De momento no me la voy a llevar y la voy a dejar aquí..— Y cuando veo que quiere decir algo lo interrumpo hablando.—...pero con una condicion.— Termino de hablar.
Arquea una ceja.— ¿Que condicion?— Pregunta.
— Ahi queria llegar yo.— Sonrio con arrogancia.— La condicion es que pueda venir a verla cuando me de la ga...
— ¡No!— Grita y cuando lo miro con los ojos rojos como la sangre, palidece.
— Esa es la condicion.— Sentencio.— Si no la aceptas, se viene conmigo y no la vuelves a ver.— Digo con la voz dominante.
— Strix...— Escucho un pequeño susurro de detras mio y cuando me giro para verla, me doy cuenta de que me mira asustada.— Tu..tus... ojos.— Dice mirando fijamente.
Hago que mis ojos vuelva a ser los mismos de siempre y es cuando veo como ella se relaja un poco.
— Tranquila.— Le susurro, para calmarla del todo. Me giro hacia su tio y con un movimiento de cabeza a su direccion, espero a que hable.
— Es muy pequeña...— Dice, pero mi mirada seria no cambia.— Ademas, a su padre no le haria gracia...— Sigue hablando y gruño frustado.
— Dilo ya.— Exijo.
— No..no lo se.— Dice y el miedo invade sus ojos.
Vaya lobo...
— Si te niegas, me la llevo...— Canturreo con una sonrisa maliciosa.— Y si aceptas, se queda aqui contigo... pero con la condicion de que yo la visito.— Asiente, dandome a entender que lo a escuchado y entendido todo.— Elige.— Digo con la voz fria y la mirada mas roja que la propia sangre.
Como no acepte, me lo cargo.
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