Ella era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción.
¿Podrán Strix y Abigail ser felices?
Entra y lo...
Cuando abro los ojos, lo primero que veo es el moratón que lleva en su rostro. Molesto me levanto de la cama y recojo mi camiseta y pantalon del suelo, ya que anoche me los quite para dormir mejor.
Tengo sed.
Sed de sangre y eso es algo malo.
Una vez termino de vestirme me dirijo hacia la ventana y justo cuando voy a salir por esta, su dulce y algo ronca voz me detiene.
— ¿Donde vas?— Pregunta, para luego aclararse la garganta.
Me giro a mirarla y con toda la fuerza de voluntad hago por no mirarle el cuello... ese dulce olor me llama y aunque de seguro tiene que estar deliciosa, me esfuerzo por no lanzarme contra ella y comérmela.
Literalmente.
Dicen que la mejor sangre sangre que hay para un vampiro es la de tu tua cantante y no se si es verdad, porque nunca la he probado y espero probarla, pero no ahora.
— Nos vemos luego.— Le digo secamente y sus ojos se abren como dos platos.
— Oh..— Dice y veo como se levanta y se sienta en la cama, dejándo ver su pijama que es mucho más grande que la talla que usa.
La observo ponerse unas zapatillas de estar por casa que llevan una cabeza bien grande del perro de scooby doo con la lengua hacia afuera. Sonrio de lado y por unos segundos me olvido de la sangre.
— ¿De que sonríes?— Pregunta de forma bruta.
Borro la sonrisa rápidamente, me cruzo de brazos y la miro seriamente.
— De nada que te importe.— Le digo de manera borde.
Sonrie y termina de levantarse, para luego comenzar a acercarse un poco más a mi.
— Más te vale.— Dice intentando parecer ruda, fracasa y termina sonriendo.
Cuando llega a mi, se apoya en mi pecho y tengo que mirar hacia bajo para poder verla, ya que es bastante enana.
— ¿Para donde ibas?— Pregunta.— O... ¿Te querías ir sin que me enterara?— Sonrie mostrando sus dientes.
— Si.— Contesto.
La sinceridad ante todo.
Siempre. Siempre he sido sincero y muy pocas veces e mentido, primero: porque no me gustan las mentira y segundo: porque nadie merece que le mientan a la cara por más dura que sea la verdad.
— Y me tengo que...— Sus labios impactan contra los míos en un suave roce.
Le sigo el beso y cada vez sube más la temperatura de la habitacio o... ¿Soy yo? Ya ni lo se, solo me centro en seguir el lento beso que cada vez esta subiendo mas de tono, y cuando mis manos acarician su silueta, ella suelta un pequeño gemido y esa es mi oportunidad para meter mi lengua en su deliciosa boca. Me apoyo en la ventana y con mis manos en sus caderas la atraigo hacia mi y la colocó entre mis piernas, para luego comenzar a besar su exquisito y lechoso cuello.
Huele bien...
Sigo besandole el cuello cada vez con más ansias y cuando dice mi nombre, me descontrolo y el deseo de beber su sangre y marcarla me invade. Mis colnillos salen y justo cuando voy a enterrarlos en su suave y lechosa piel, siento como me empuja y retrocede unos pasos, la miro y me doy cuenta de que la he asustado.
Mierda... eso era lo último que quería y es lo primero que hecho.
Gruño de frustración y con cautela me acerco a ella.
— Lo siento...— Le susurro.
— ¡Me querías comer!— Grita.
De todas las formas.
¿Esa voz de quien es?¿Hola?Esto de tener hambre me esta volviendo loco...
Soy tu conciencia, imbecil.
Dice de nuevo esa voz.
Tampoco te pases...voz rara.
Escucho uno chasquido de dedos y cuando me desconcentro, me doy cuenta de que a sido Abigail, la cual tiene sus dos dedos enfrente de mis narices.
— Aterriza.
— ¿Eh?— Pregunto confuso.
— Llevo media hora hablándote y tu, como si nada.— Dice cruzandose de brazos.
— Por lo que veo ya no estás asustada.— Señalo.
— Normal, te estabas poniendo bizco mientras te hablaba.— Se rie.— La cara de bobo que as puesto no tiene precio.— Dice y cuando veo que agarra su móvil y me lo enseña, la miro mal.
Una foto. Una foto en la que yo salvo embobado, con el ceño fruncido y por poco algo bizco.
— Borrala.— Sentecio.
— No.— Noega riéndose.
Se separa de mi rápidamente y cuando ve que voy a por ella, comienza a correr conmigo detrás. Su risa invade todo el cuarto, mientras que grita.
— ¡Bizco!
— ¡Borra la foto!— Grito yo devuelta y cuando consigo arrinconarla en una esquina del cuarto, sonrio.— Ya no tienes escapatoria.
— ¿Sabes que te amo?— Pregunta inocentemente y sonrie como una niña que acaba de hacer una travesura.
Y al principio te la querías comer...
Callate.
Es la verda.
Vulve a irte de donde saliste.
— ¡Otra vez!— Escucho que grita y esta vez ya no está arrinconada, si no que esta al otro lado de cama.— ¡Bizco!— Grita riéndose.
Se va a enterar...
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