Al final consigue irme por la ventana y la verda es que me dio algo de pena verla con el labio inferior encima del otro.
Era una ternura que te podías haber comido.
Maldita conciencia.
— ¡Hey!— Gritan y cuando me concentro, veo una mano meneandose de un lado al otro enfrente de mi cara.
— ¿Que quieres, pesado?— Le pregunto un poco cansado de sus estupideces.
— No se que hacer con ella.— Dice el, con una mueca triste en su cara.
— Ni yo con la mía.— Le confieso y veo como eleva una ceja y me mira con interés.
— ¿Que a pasado?— Pregunta.
— He pasado la noche con ella y esta mañana tenía hambre de sangre...
— ¡Y te la as querido comer!— Grita, sonriendo con diversión.
— Más o menos.— Le digo.— Pero me he controlado y no le hecho nada.
— Uff... menos mal que no le as mordido.— Dice el riéndose.— Porque si no, de seguro ya estarías todo golpeado.
Lo miro mal.
— Haber... es tu tua cantante, ¿No?— Asiento a lo que dice.— Normal que quieras probar su sangre.
— Aun no puedo.
— Porque tu lo dices.— Dice el.— Otro le aparta el pelo y entre besos le clava los colmillos.
— Luego dice que el bruto soy yo...
— Lo sigues siendo.
— ¿Como te va a ti?— Le pregunto.
— Mal.— Dice y me mira disimuladamente mal, para que le diga algo.— No hace falta que digas nada. Ya te lo cuento yo.— Dice mirándome mal.
Sonrio con arrongancia.
— Adelante.
— Resulta ser que no quiere venir conmigo.— Bufa.— Le dije lo que era y... se asustó la muy tonta.— Dice enfadado y mirando hacia la pared.— Y... y nada más.— Dicemas rojo que un tomate.
Algo a hecho.
— Dime.
— No.
— Dímelo.— Insisto.
— ¡Porque me conoces tan bien!— Se queja y sonrio.
— Habla ahora mismo o dejamos de ser amigos.— Le Amenazo.
— Pues vaya amigo estás tú hecho...— Lo fulmino con la mirada.— Que si... que ya hablo.— Dice cuando ve que no dejo de mirarlo.— Resulta ser... que...que...¡La he secuestrado!— Dice rápidamente lo último.
— ¿Como?— Pregunto.
— Que la he... secuestrado.— Susurra la última palabra, avergonzado.
— ¿Ahora quien es el psicópata?— Me río de el.— As visto, mis consejos son buenos...— Presumo y el rueda los ojos.
— No es el único problema...— Murmura.
— ¿Ah no?— Lo miro intrigado.— ¿Que as hecho?— Pregunto.
— Pues... me pelee con ella y... ella terminó mordiendome un brazo y yo girandole la cabeza de un guantazo.— Pongo una mueca de desagrado cuando el me mira.
— Luego decías que el bruto era yo...
— ¡Me puse nervioso!— Dice en voz alta, mirándome como si tuviera miedo.— No quería pegarle, pero ella no paraba de insultarme y de pegarme... y...y al final se me fue la mano. Ahora esta encerrada en un cuarto llorando.— Termina de decir, cabizbaja.
— Lo arreglaremos, tranquilo.
— ¿¡Como!?Ahora ella me odia y razón no le falta.
— Explicáselo...
— No quiere escucharme.
— Escríbele una carta diciendoselo y se la das por debajo de la puerta.
— Ya lo e hecho. Me a devuelto los trocitos por debajo de la puerta y me a gritado; ¡Mira lo que hago con tu mierda de carta!— Imita una voz más aguda al final.
— Pues lo tienes bueno...— Le digo con pesar.— Si pudiera ayudarte en al...
— ¡Si!— Chilla, interrumpiendome.— Habla tu con ella.— Dice mirándome fijamente.
— Y... ¿Te as creído que va a escuchar a un desconocido?— Le pregunto riéndome, pero el me mira serio.— Lo podría intentar, pero lo más seguro es que me mande a la mierda...
— Eso no pasa nada, además, mientras esté encerrada no es peligrosa.
— Es una humana, debería temerte ella a ti, ¿No?
— Una humana que sabe artes marciales.— Dice el asustado.— Y pega unas patadas... que dan miedito.— Me río de su cara.
— Te a tocado la lotería, amigo.
Me mira mal.
Como siempre...
Callate.
— Te estás poniendo bizco...— Dice el mirándome raro.— ¿Estas bien?
Como le explico que tengo una conciencia malvada que solo sabe meterse conmigo y eso que somos la misma persona, además, no puedo decirle; No es nada, tranquilo. Solo hablo solo.
Pensara que estas loco si le dices eso...
¡Ya lo sé!
— Estoy bien. ¿Cuando quieres que hable con ella?— Le pregunto para cambiar de tema.
— Estas muy, pero que muy rarito.— Dice.— Y mañana mismo podrías venir.— Dice y asiento.
Tu amigo tiene razón... eres muy rarito.
Y tu una pesada.
Recuerda que soy tu conciencia y que estás hablando solo.
Pues callate, entonces.
No quiero.
¡Que te ca...
— Otra vez te pones bizco.— Dice atrayendome fuera de mi cabeza.
— Tengo que mirármelo...
— Si, porque como se te quedes bizco ya no darás miedo, si no risa.— Se rie de mí y lo ignoro completamente.
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Estúpido Vampiro.
FantasyElla era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción. ¿Podrán Strix y Abigail ser felices? Entra y lo...
