Me quede a dormir con ella y si, me encanto sentir su cuerpo contra el mío. ¿El problema?Que duerme como un torbellino... mentiria si dijiera que no me a pegado por lo menos cinco patadas en toda la noche.
Duerme como una princesa.
Como un mounstrou, mejor dicho.
Ya que no he dormido en toda la noche, me he dedicado a observarla como un psicópata que está para encerrar. Cuando duerme, parece indefensa... pero cuando abre esos preciosos ojos... es peor que un demonio andate. Aún así, la amo.
— Mmm...— Comienza, para luego pegar un chillido, mientras que se estira.
Sonrio al verla.
Es adorable.
— Buenos días, princesa.
— Buenos días, rey.— Dice y me ofrece una media sonrisa, aun con los ojos cerrados.
— Levántate, perezosa.
— Díez minutos más...
— No.
— Por...
Su petición es interrumpida por unos golpes es la puerta.
— ¿¡Por que esta cerrada la puerta con pestillo!?— Grita su tío a través de la puerta.
El grito de su tío, hace que ella abra los ojos como una perfecta "o" y me mira alarmada.
— ¡Ya voy, tío!— Grita ella en respuesta, mientras me hace señas con la mano.— ¡Me estoy cambiando!
— ¡No tardes!— Gruñe.— Si no te irás andando...— Amenaza y está vez, gruño yo.
— Imbecil...
— Shh.— Me mira mal, a la vez que pone su dedo índice sobre sus carnosos labios.
Bonitos labios..
Estoy de acuerdo.
Normal. Somos la misma persona.
— Vete.— Dice ella, sacándome de mi mente.
— No.
Me vuelve a mirar mal, pero esta vez con los labios apretados.
Estaría encantado de separarselos...
— Me tengo que ir al instituto.— Hace un puchero.
— No me pongas esa cara, porque ni te voy a dar pienso y mucho menos me voy a ir.— Le digo, para finalizar con una sonrisa.
— Estúpido.
— Preciosa.— Digo y ella bufa, rodando los ojos.
— Te tienes que ir...— Dice más calmada.
Pongo cara de poker y le digo.— No. Yo te llevo.
— Pues entonces sal por la ventana y me esperas.
— Más te vale venir conmigo.— Digo serio y ella asiente.— Te espero.— Le digo levantándome de la cama, escucho como ella suspira aliviada y la miro mal.
— Vete.— Habla antes que yo.
Sin decir palabra, me dirijo hacia la ventana y salto por ella hasta caer al césped que rodea la casa.
Espero apoyado en mi moto a que ella baje y cuando veo que sale por la puerta, comienzo a hacerle señas con la manos. Una señora vieja que pasa se me queda mirando, mientras anda, así que no me queda de otra que enseñarle mis afilados y largos comnillo.
Ella se pone más blanca de lo que ya está y sale a correr.
— ¿¡Por que as hecho eso!?— Grita una voz que reconozco perfectamente y inclino el cuello para mirarla, ya que si miro hacia delante ni la veo.
Es tan, tan enana...
— ¿Que hecho?— Arqueo una ceja confundido y veo como ella se emboba mirándome.— ¿Que miras?— Pregunto.
Igual tengo algo en la cara y no me he dado cuenta.
Lo único raro que tiene en tu cara, es tu cara.
Nunca me dejara en paz.
Nunca...
Dice mi queridisima condiciencia con voz tenebrosa. Un escalofrío recorre mi cuerpo.
— ¡Me estás escuchando!— Grita en mi oído y me sobresalto del susto.
— ¿Que decías?
— No vuelvas a hacer eso de asustar a la gente con tus colmillos.— Se detiene, para respirar y sigue hablando.— Ella era mi vecina.
— Bien.
Gruñe algo que no escucho y habla.
— Llevame ya, que llegó tarde.
Asiento.
Cojo el casco de la moto y se lo paso, ella lo coge como si nada... pero después de que analice toda la situación, comienza a negar con la cabeza.
— ¿No, que?— Sonrio con arrogancia.
— No voy a subir a tu cosa.
— Eso va a ser inevitable, preciosa.— Alzó las cejas de manera pícara, mientras le sigo sonriendo.
Ella mira hacia otro lado avergonzada y después de unos segundos, susurra.
— Me da miedo.
— No te va hacer daño.— Le aseguro.
Ella agacha la cabeza y después de lo que parece un milenio, acepta a subir conmigo en la moto.
La que a liado para subirse...
Y eso que es solo una moto.
— ¿Donde me agarro?— Pregunta tímida y sonrio con malicia.
— Donde tu quieras, preciosa.— Le digo mirándola de lado.
Asiente mirándome y posa sus manos en mis hombros para agarrarse.
— Si te agarra de hay te cairas.— Le digo sonriendo aún más.
Esto es divertido.
— Pues me agarro de aquí.— Dice y pasa sus brazos por mi cintura, para luego posar sus dos manos— Agarradas entre sí.— en mi estómago.
— Agárrate bien.— Aviso.
Después arranco la moto y salgo a toda marcha con dirección a su instituto.
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Estúpido Vampiro.
FantasyElla era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción. ¿Podrán Strix y Abigail ser felices? Entra y lo...
