An pasado dos días desde lo de la nota, la casa la he estado arreglando poco a poco con Asher... El demonio, al final si es un buen amigo.
Siempre lo a sido..
Verdad.
Las calles están solitarias, ya que es muy tarde y sin rumbo alguno decido dirigirme hacia donde vive mi lobita.
Cuando llego, tiro una pequeña piedra a la ventana de su habitación y cuando ella se asoma, sonrió.
— ¡Baja!— Grito en un susurro, debajo de la ventana de mi chica.
No quiero que me escuche su tío... no quiero que se entere de esto.
— Voy.— Responde ella y como puede, comienza a salir por la ventana, para luego agarrarse a la rama del árbol que hay enfrente de su ventana.
Una vez consigue llegar al árbol, la miro con una sonrisa.
— No se bajar.— Informa.
— Tírate, que yo te cojo.— Digo levantándo mis brazos hacia ella, me mira mal.
— Me da miedo.— Dice ella.
— Voy a por ti.— Digo y de un salto subo al árbol.— Súbete a mi espalda.— Le digo, para así poder bajar los dos.
— No se...— Dice con miedo.
Dice eso, pero hace todo lo contrario a sus palabras, ya que se sube a mi espalda. Me tiro del árbol con ella a mis espaldas, escucho como pega un grito de la impresión y caigo al suelo de pie con ella.
— ¿Estas bien?— Le pregunto en un susurro, girando mi cabeza hacia la derecha.
— Si.— Responde.
Ella se baja de la espalda de mi espalda y me doy la vuelta para poder verla.
— Tampoco a sido para tanto...— Digo, escuchando su corazón acelerada.
Es una exagerada...
Es su primera vez.
— Para ti no, porque estas acostumbrado. — Dice ella y la rodeo con mis brazos, pegándola a mi cuerpo pálido y frío.
— Nunca te dejaría caer.— Admito con una sonrisa.
— Ya, ya...— Dice con una sonrisa burlona.— ¿Donde vamos?— Pregunta y me parece que me huele.
Es un loba... le gustara tu olor, al fin y al cabo, eres su compi de travesuras.
Ignoro la voz de mi cabeza y le respondo.
— A dar una vuelta, princesa de los lobos.— Le informo.
— Te quiero, Rey de los vampiros.— Suelta sin pensar y un rojo tomate invade sus mejillas.
— Y yo te amo, preciosa mate.— Le contesto, para luego cargarla a caballito como la princesa y reina que es.— Tendrías que comer más...— Me quejo al ver que pesa muy poco.
— Yo como...— Se queja.— Aquí lo que pasa es que tu estás muy fuerte, vampiro.— Me alaga, dejando un pequeño beso en mi cuello.
Por pequeños besos crecen muchas cosas...
— Que sepas que necesito tener chicha para agarrar.— Digo con una sonrisa que ella apenas puede ver bien, ya que estoy mirando al frente.— Además de que cuando tengamos hijos... tienes que estar fuerte, para poder tenerlos.— Comento como si nada.
Una sonrisa tira de mis labios de solo pensar en eso.
— ¡Wow! Vas muy rápido, señor.
— Soy un vampiro.— Comento aún sonriendo.
— Idiota.— Dice y se que esta sonriendo.
— Te encanta este idiota.
— Por cierto... ¿Donde me llevas?— Pregunta.
— Al único sitio en donde podemos estar juntos.— Contesto y sigo caminado hacia mi casa ya no tan destrozada.
— Tu casa, barra... habitación.
— Si.— Contesto riéndome.— Pero no te asustes...
— ¿Por?— Pregunto.
— Esta algo destrozada...
— Oh.
— Si, oh.— Repito al igual que ella.— Pero ya está mucho mejor...
— ¿Por que esta destrozada?— Pregunta.
— Luego te lo explicaré, lobita.
No dice nada, así que sigo andando hasta la pequeña habitación que tengo alquilada.
— Mientras no me secuestres...— Dice en broma y me aclaro la garganta.
***
Entro a la pequeña habitación con ella aun cargada en mi espalda y después de cerrar la puerta y dejarnos a nosotros dentro, la dejo en el suelo.
— Por fin...— Dice y suelta un suspiro de alivio, para luego dejarse caer en la cama.— Estoy tan... pero tan cansada.— Dice exagerando.
— Mentirosa.— Digo mirando como se remueve en la cama.— El que a andado he sido yo.— Le reprochó.
— Porque tu as querido.
— Touche.
— ¿Que hora es?— Pregunta, cerrando sus bonitos ojos.— Tu cama es tan... cómoda.— Dice alargando el tan...
— Lo se.— Contesto.— Y son...— Miro al reloj que hay colgado en la pared.— Las cuatro y media de la mañana.— Le respondo.
Hace un ruido raro y acomodandose mejor en la cama, aún con los ojos cerrados, eleva sus brazos hacia mi dirección.
— Ven conmigo a dormir.— Pide y sonrió de la ternura que me está dando ahora mismo.
— Ahora iré, princesa.— Le contesto.
Me dirijo hacia el armario y saco un pantalón negro de chándal y una camiseta negra de manga larga. Me quito rápidamente toda la ropa que llevo puesta y me pongo el pantalón de chándal, para después dirigirme con la camiseta hacia la cama.
— Toma.— Le dejo la camiseta al lado.
— No me apetece...— Me da la espalda a mi y a la camiseta.
Sonrió.
— Dormirás más cómoda que con la ropa que llevas puesta.— Le advierto.
— Me da pereza...
— ¿Te la pongo yo?— Bromeó y cuando veo que asiente, me asustó, no me esperaba esa respuesta.
— Tu lo as dicho.— Digo antes de quitarle la ropa y ponerle la camiseta de manga larga.
Abro la cama y me acuesto a su lado, nos tapo a los dos con ellas y rodeo su cuerpo, mejor dicho su cintura, acercándola a mi cuerpo.
— Mucho mejor.— Murmura.
Pongo mi cabeza en el hueco de su cuello y dejo un beso ahí.
— Buenas noches, princesa.
— Buenas noches, rey.— Contesta y antes de que caiga dormida, le digo.
— Mañana hablamos.
Y cuando no me contesta y su respiración se vuelve más lenta y calmada, se que esta durmiendo. Jodidamente tenerla en mis brazos es la mejor sensación del mundo entero.
Después de unos minutos, caigo yo también en un sueño profundo y reparador.
ESTÁS LEYENDO
Estúpido Vampiro.
FantasyElla era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción. ¿Podrán Strix y Abigail ser felices? Entra y lo...
