Capitulo 22.

441 45 0
                                        

— ¡Auch!— Me quejo cuando recibo una de sus patadas mortales.

Pongo mis manos en la zona donde e recibido la patada y la apretó con mis manos.

— Cada vez pega más fuerte.— Murmuró.

— Dejame dormir... pesado.— Dice, para luego terminar con un umm... y darme la espalda.

— Encima quejica.— Vuelvo a murmurar,  aún sobandome la zona afectada.— Despieeeertaaaa.— Grito.

Pongo una mano en su hombro y la zarandeo de un lado a otro, hasta que empieza a maldecir y a quejarse como una vieja.

— ¡Dejame dormir!— Grita.

— Tenemos que hablar.

— Mañana.

— No as ido a clases.

— Mañana.

— ¿Solo vas a responder con la palabra Mañana?

— Mañana.

Ruedo los ojos por su comportamiento, así que la muevo para ponerla poca arriba y me pongo sobre ella.

— Buenos días, dormilona.

— No pesas precisamente una pluma.— Se queja ella, aún con los ojos cerrados.

— Abre los ojos.— Ordeno suavemente, niega con la cabeza.— Venga... que tengo una cosa para ti.

— Ya está, ¿Contento?

— Mucho.

— Eh...— Mira hacia otro lado y sus mejillas se vuelve de un rojo intenso.— Algo me esta presionado el vientre.— Dice en un pequeño susurro.

— Ah, eso... tranquila, no muerde.— Le digo alzando las cejas.— A no ser que quieras...— Le sonrió con picardía. 

Se queda callada y mi sonrisa se ensancha aún más.

— Si no te levantas de la cama ahora mismo, lo que te está presionando el vientre te mordera. — Le advierto y ella abre los ojos como dos platos.

— No me puedo levantar...— Dice después de unos segundos, la miro con intriga.— Estas encima. Quítate.— Dice pegándome en los hombros con sus pequeñas manos.

— Ya, ya, tranquila.

Me quito de encima de ella, dejándome caer en el lado de la cama vacío.

— Ya me he levantado.— Dice, una vez esta de pie y fuera de la cama.

— Perfecto.

— Tengo hambre.

— Ahora hago algo para almorzar.— Digo levantándome de la cama.

Asiente con la cabeza.

— Voy al baño.— Avisa.

Empiezo hacer el almuerzo, mientras ella está en el baño.

— Ya te a adiestrado...

Dice el demonio de tasmania.

— No me a adiestrado nadie.

— Veo lo contrario... haciéndole el desayuno.— Se ríe.

— Si a mi me an adiestrado...  a ti te an castrado.— Le digo y el que ríe esta vez soy yo.

— Ja, ja.— Se ríe sarcasticamente.— Que gracioso.

— ¿A que as venido?— Pregunto, cambiando de tema.

— Se lo a tomado bastante bien, ¿No?

— Aun no se lo he dicho.

— ¿Que no me a dicho?— Pregunta una dulce voz.

Me giro hacia ella, la cual está unos pasos atrás de donde esta Asher.
Yo miro mal al demonio que tengo como amigo, el me mira divertido y ella me mira con curiosidad y el ceño fruncido.

Oh, oh.. Venga, habla romeo.

Maldita conciencia de mierda, ni en los malos momentos consigo callarla.

— ¿Que no te he dicho?Buena pregunta, la verdad.— Me río, me mira con los ojos entrecerrados, esperando a que hable.— Te lo iba a decir anoche... pero te dormiste.— Explico, asiente con la cabeza y espera a que siga.— ¡Te vas a quedar conmigo a vivir!— Exclamó con una sonrisa y veo como sus ojos se hacen más grande de lo que son.

— No..— Se ríe.— Tiene que ser de broma.— Niego con la cabeza.— No pienso quedarme contigo.

— Siento decirte que no te lo he preguntado, la decisión ya está tomada.— Digo con arrogancia.

— La que te va a caer...

Los dos giramos el cuello hacia el demonio que a hablado y el se asusta cuando nos ve mirarlo fijamente.

— ¡Callate!— Gritamos los dos a la vez y si esto no fuera serio, me reiria por la cara que a puesto Asher.

Me vuelvo a centrar en la loba que es mi compañera o como queráis decirlo de vida.

Esta furiosa y sus ojos, ahora dorados, están fijos en mi.

Hago que mis ojos se vuelvan de un rojo sangre y la miro al igual que ella.

Dorado contra un rojo sangre.

— Te quedas.— Digo sin apartar mis ojos de ella.

— No.— Dice ella, cabreada y sonrió, mostrando mis colnillos.

— Harás lo que yo quiera.— Sentencio con arrogancia y cuando veo que se va abalanza contra mi, la esquivo en un ágil movimiento.

Estúpido Vampiro.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora