Ella era la presa y el cazador que deseaba su sangre, hasta que algo dentro de el le dijo que no. Ella no era su presa, ella era su compañera y terminaria siéndolo, porque no le quedaba de otra opción.
¿Podrán Strix y Abigail ser felices?
Entra y lo...
Los días an pasado, desde que traspase la frontera de los lobos, para ir a esa finca. Más de una vampiro a venido diciendo que los lobos están enfadados por que "Algún vampiro a roto nuestro trato." ¿Quien? Yo, pero no se lo pienso decir a nadie, hasta que me reclamen.
— Rey, el alpha a venido a hablar con usted.— Me informa uno de mis súbditos.
— Hazlo pasar.— Digo ya cansado de este tema.
Tanto drama por simplemente un olor... ni siquiera me vieron.
Mi súbdito asiente con la cabeza y desaparece de mi vista, para luego volver a escuchar unos paso se que no es el, esta vez es el alpha de los lobos y con burla, elevó mi cabeza, me acodo en mi trono y sonrio, para luego decir.
— ¿Se le ofrece algo?
— Quiero saber quien a roto el trato.— Dice firmemente y añade.— A estado merodeando por donde vive la princesa.
— ¿Tenéis princesa?— Pregunto y juntandolo todo, se que la niña que había en ese apartamento era la princesa.
— Si, la hija del alpha.— Contesta.
— Y tu.— Lo señaló.— ¿Que eres?Su hermano.— Digo por decir.
— No.— Contesta.
— Entonces no eres el alpha.— Deduzco.
— Hasta que ella crezca, me hago cargo yo.— Explica.
— ¿Quien eres tu?— Insisto.
Quiero saber si es familia suya, porque si no me lo cargaré por venir a reclamarme.
— Su tío.— Responde ya cansado.
— Bien.
— Me puedes decir, ¿Por que habéis traspasado la frontera?— Pregunta y en su voz puedo percibir impaciencia.
— Fuy yo.— Confieso y antes de que el diga algo, hablo.— Una persona de tu manada me pertenece.— Sentencio.
— No te pertenece nadie y no te vuelvas acercar a nuestro territorio.— Sentencia el también, se da vuelta y dice.— Si vuelvo a saber que alguno de vosotros se cuela en mi territorio, habrá guerra.— Y con esas palabras comienza a andar hacia la salida de mi castillo.
— Haré lo que me de la gana...— Digo antes de que el salga por la puerta.
— Atente a las consecuencias.— Contesta y se va.
Después de un buen rato, el aburrimiento comienza a atacarme y lo único que puedo pensar en que el olor que tanto me atrae pertenece ni mas ni menos que a la reina.
Como sera la pequeña princesa.
— ¡Estúpido vampiro!— Chilla una voz a mi lado.
— Demonio.— Digo y cierro los ojos, para luego suspirar.
— ¿Que haces, vampiro?— Pregunta el, sentándose en el bordillo de la escalera que hay antes de subirse al trono.— Debe ser algo impórtate... porque llevo media hora llamándote y no me contestas.
— Estoy algo distraído.— Contesto, para no decirle la verdadera razón.
— Y... ¿Ese algo que es?— Pregunta con una sonrisa malvada en su cara.
— Nada.
— Dime.— Insiste.
— Nada.— Vuelvo a decir, pero esta vez algo cabreado.
— No me digas...— Dice levantándose y comenzando a andar a mi alrededor.— Te as enamorado, vampirito. — Susurra.
— ¿Alguna vez te an dicho que eres un plasta?— Le digo cuando se vuelve a sentar en el bordillo.
— Sip, pero me da igual.— Contesta.— Dime, ¿Quien es?— Pregunta.
— No la conoces...— Termino diciendo y hecho la cabeza hacia atrás.
— Igual si, ¿Quien sabe?
¿No se callara nunca?
— Es una princesa, pero solo me gusta por su sangre.
— ¿Una princesa?— Pregunta y su voz se tiñe de confusión.— ¡La princesa de los lobos!— Grita y lo miro con interés.
Como sabe de su existencia.
— Es pequeña, creo que tendrá como unos cinco o seis años...— Añade.
— ¿Como lo sabes?— Pregunto interesado.
— Porque escuche a unos lobos hablar de ella.— Responde con simpleza.— Aparte, la vi en un parque con un hombre.
Su tío será...
— ¿La quieres?— Pregunta y asiento con la cabeza.
— Pues tendrás que ser rápido.— Dice y lo miro fijamente.— Muchos la quieren.— Termina de decir.
— Es mía.— Sentencio.
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