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El viaje en el bakismalán fue algo largo ya que, llegaríamos hasta la parte más al sur de todo el imperio, nos dirigimos Per'ya. Iorak y yo no mencionamos nada respecto a la cena en Nära, tan solo nos recluimos en nuestras habitaciones pues aunque estuviéramos juntos, nunca estábamos a solas, a decir verdad el solo pensarlo me ponía nerviosa.

Al llegar a la tribu Per'Ya fuimos recibidos por los hijos del jefe Tatum y la jefa Ksenjia, se trataba de triates de dieciséis años, que si bien se encontraban más que emocionados de ver a Iorak. Esta actitud no me extrañaba, era muy cierto que la gente se desvivía, por tan solo alcanzar a ver a lo lejos a su emperador, ahora ni pensar en tenerlo de frente y saludarlo.

—Sus majestades imperiales, es un placer recibirles — dijo el joven de en medio que sujetaba un ramo de flores amarillas. Me acerque a él y me entregó el ramo para después hacer una reverencia.

—Iremos al castillo Libroch a cabalgata, nuestros padres esperan allí junto a los ancianos de la tribu — dijo el joven de la derecha, de resplandecientes ojos violeta. Iorak se aproximó a mi para ayudarme a subir a aquellos caballos enormes distintivos de Norduslak.

El camino fue divertido para mí puesto que por fin cabalgaba sin dolor alguno en mi pierna, la cual hacía tiempo había sanado a la perfección.

—Por aquí— dijo el joven Dmitri, quien según Wilhem me explico era el mayor de los tres por tan solo siete minutos de diferencia.

Al llegar al castillo fuimos recibidos por los jefes y los ancianos de la tribu, pasamos horas tomando el té de esta región el ''ñol'', apenas iría con la jefa Ksenjia a visitar sus hermosos jardines, pues estos colindaban con el océano y por eso lograban mantenerse con vida bajo el frio de Norduslak, cuando Agda rápido me sujeto de las caderas por detrás.

—Su majestad... su sangrado— yo baje mi mirada discretamente y mire la parte trasera de mi vestido gris y fue cuando vi una mancha de sangre.

—Me tendrá que disculpar jefa Ksenjia, me temo que estoy muy cansada e iré a darme un baño, pero sera un gusto mañana acompañarla a ver sus jardines

—Si su majestad imperial, cualquier cosa que necesite estamos aqui— dijo la mujer.

Agda me cubrió la espalda y me llevó hasta la que sería mi habitación, ahí se despojo de mis ropas y mando a lavarlas, mientras me daba un baño caliente, para después retirarme a dormir y caer en un profundo sueño.

Al otro día Ksenjia me recibió en sus jardines los cuales eran asombrosos. A pesar del frío estos se mantenían vivos y no solo eso, sino que las plantas aqui eran de un azul llamativo, no eran verdes como en casa, todos los arbustos y pastizales eran azules. Por la tarde visité una escuela para niños al sur de la tribu, junto a la jefa de la tribu y sus hijos, acto que me gusto mucho pues fue divertido conocer gente nueva junto aquellos jóvenes trillizos que siempre me hacian reir con sus elocuentes comentarios.

En los días de nuestra visita  a la tribu, Iorak y yo habíamos hecho largas visitas en pequeños trineos para solo una persona, estos los llamaban''snos'' los cuales eran jalados por venados de pequeña altura pero de cuernos altos y de lo que parecía ser terciopelo.

Estábamos en una de las aldeas de Per'Ya, Iorak y yo habíamos sido recibidos en lo que anteriormente era el palacio de su bisabuelo el emperador Aleksander y que ahora era un palacio administrativo.

Me encontraba en una de las sillas de mi habitación jugando a las cartas con Agda y Wilhem cuando repentinamente entró Iorak—Su majestad siento molestarla pero debo hablar con usted a solas— dijo mientras se quitaba su abrigo de piel cafe.

—Por supuesto— dije poniéndome en pie, mientras que Agda y Wilhem salían haciendo una reverencia a su emperador.

—Vengo a traerte una buena noticia... logramos detener los barcos que estaban a punto de llegar a Andúne con soldados y mi kontze en Marmur me ha asegurado que ya no saldrá ni un soldado más del imperio— cuando él dijo esto yo no pude evitar sonreír de la emoción de que por fin las cosas comenzaban a salir bien—Aunque es verdad que siguen muchos soldados en Andúne, mi kontze y Svante, quien es mi encargado en Marmur, se están encargando de buscar la manera de sacarlos sin ocasionar una guerra.

—De acuerdo, pero de todas maneras la primer noticia es maravillosa— dije sonriendo—Muchas gracias Iorak

—De nada Oksana— dijo mientras hizo una pequeña reverencia con su cabeza.

Nos quedamos unos momentos en silencio con una tensión en el aire de querer abrazarnos pero no saber realmente cómo, entonces yo sin pensarlo mas camine lentamente hacia él y le di un cálido abrazo a lo que él también respondió, se sentía bien tenerlo cerca, se sentía como casa, mi casa.

—Quisiera que pudiéramos estar juntos— dijo en un susurro, entonces yo levanté mi rostro para toparme con sus ojos azules— Agda me informo que había llegado tu sangrado

—Lamentablemente— el no dijo más y solo acerco sus labios a mi frente para besarla.

Había llegado el momento de despedirnos de Per'Ya, Iorak había pasado la tarde anterior practicando espadas con los tres hijos de los jefes, acto que fue muy entretenido de observar y más el entusiasmo de los chicos que parecían idolatrar a mi marido, incluso el jefe Tatum me lo confirmo, pues ambos fuimos invitados a ver el duelo.

Iorak decidió que viajaríamos en el bakismalan, puesto que iríamos a la tribu más peligrosa de nuestra gira y la última que visitaríamos, el quería que nuestro viaje fuese seguro, pues este era territorio no declarado Yaqui. Nuestras pertenencias fueron abordadas en la madrugada al bakismalan y nosotros por la mañana. Antes de partir a nuestra siguiente y última parada, la jefa Ksenija me obsequió dos bellos pares de guantes blancos bordados en rojo y café, por mujeres de la tribu.

Cuando abordamos el Bakismalan Iorak me invitó a la junta con el kontze y Hal su consejero personal y mano derecha. A decir verdad me sentía emocionada pues por primera vez en mi vida asistía a una junta con un emperador o rey, donde claramente ninguna mujer era permitida. El saber que Iorak confiaba en mí y me veía como algo más que una esposa y simple medio para traer hijos al mundo, me hizo realmente feliz. Iorak insistió en que mi presencia era necesaria para entender a dónde es que nos estábamos metiendo, las precauciones que debíamos tomar y explicarme qué era lo que sucedía en esa tribu, la tribu Lochberg.

Uno de los guardias abrió la puerta y entramos a la junta. Todos parecían haber sido avisados, por lo que no se sorprendieron, al contrario todos pasaron a saludarme amablemente y hacer una reverencia, incluso algunos me felicitaron de que estuviera ahí, sabían que esto era algo nunca antes visto y me gustaba que Iorak comenzaba a dar más apertura al cambio en su imperio.

ROSA INVERNALDonde viven las historias. Descúbrelo ahora