El ruido de los pájaros me sacaron de mi sueño , era hora de despertar. Las mucamas entraron y abrieron las pesadas cortinas rojo vino, entonces vi que estaba amaneciendo, cuando el cuarto se ilumino ellas se quedaron boquiabiertas y fue cuando yo también vi.
El cuarto se encontraba casi destruido, la cama toda desordenada, a las telas que colgaban de ella estaban rotas, había plumas de las almohadas por toda la cama, había cristales rotos de las botellas que se caído cuando el empujo todo lo que había en su camino para llevarme a la cama y las sabanas tenían sangre... que salía de mi entrepierna.
—Su alteza real—dijo una mientras sujetaba una sabana en sus manos, yo no dije nada y solo intente ponerme en pie, mi entrepierna ya no dolía tanto como ayer por la noche.
—Traeré a sus damas— dijo la otra mucama, a lo que yo asentí.
Mis damas entraron ya vestidas y arregladas, ellas vieron mi aspecto y rápido me llevaron a bañar. En la bañera, tallaron mi cuerpo en silencio, ni ellas ni yo comentamos nada, antes de finalizar solo Janine quien era las mas sensible de todas me tomó del hombro y dijo con una voz sumamente triste—Lo siento mucho—voltee mi rostro hacia ella y solo sonreí con tristeza, mientras pensaba en las palabra de Plutarch y como me había advertido que Iorak era un salvaje.
Me pusieron un vestido rojo vivo, este era de mangas largas, la tela era ligera y se ajustaba a mi cuerpo como un guante, llevaba mi broche en forma de rosa en plata, en uno de mis hombros donde colgaba un pedazo de tela roja del mismo vestido y que arrastraba en forma de cola. Les di mis manos para que las cubrieran con un par de guantes negros en satín, como al lugar al que iría hacia frio, meses antes me mandaron a confeccionar ropa para el viaje, pues aquí en Andune eran raros los años en los que hacía frío. Zelda puso sobre mi una capa blanca larga bordada con hilos blancos y recogieron mi cabello ondulado en una semi coleta.
Salí de mi habitación, mis pertenencias ya habían sido llevadas por la noche al barco que me llevaría a Norduslak; Iorak y yo no viajaríamos juntos, su barco ya había zarpado en la madrugada, pues él realizaría algunas visitas a otros reinos, a las que yo no estaba contemplada. Mis damas me llevaron hasta la entrada del palacio donde algunos cortesanos ya me esperaban para despedirme, fue cuando uno que otro de ellos me comenzó a regalar rosas rojas mientras hacían una reverencia, yo solo agradecía, hasta que me tope con la figura de mi hermano. Tenía una sonrisa en la cara y sus ojos me miraban con gran satisfacción, como si el premio fuera verme ir. Le entregue las rosas a mis damas quienes las metieron al carruaje sin que mi hermano viera.
Octavius se acercó a mí y me pregunto algo desinteresado—¿Ya elegiste quien te acompañara al viaje?
Mis damas y yo nos miramos—¿De qué habla su majestad?— pregunte sin entender, mientras me cubría el rostro con mi mano izquierda, del fuerte sol de la mañana.
—No pueden ir todas, solo puedes elegir dos— dijo negando sorprendido por mi osadía, entonces miro a mis damas un tanto despectivo, ellas comenzaron a preocuparse e incluso a llorar y yo sin lograr entender y sorprendida, solo tome la mano de Zelda y de Janine, entonces Douglas quien se encontraba detrás de mi hermano las tomó del brazo y las subió al carruaje que esperaba. Yo agache la mirada y retire una lágrima de mi ojo con mi guante, para comenzar a avanzar hacia el carruaje. Ya casi me subía mientras mire como se llevaban a mis otras damas evitando que se despidieran de mi, cuando sentí el fuerte agarre de Octavius sobre mis brazos.
—Te extrañare mucho, querida hermana— dijo viéndome directo a los ojos, yo simule una pequeña sonrisa y lo abrace, el sobo mi larga cabellera y entonces los dos nos alejamos cuando el volvió a hablar—Recuerda lo que te dije anoche, tienes que hacer que se enamore de ti, debes evitar que busca otra esposa, en su reino es común que los reyes y sus cortesanos tengan más de una esposa, evítalo a toda costa.
—Si su majestad— dije asustada
—Tienes que volverte su obsesión, haz lo que el te pida y embarázate pronto—dijo mientras su mano tocaba mi vientre—Dale un heredero lo antes posible, cueste lo que cueste ... — dijo extremadamente serio, yo apreté mi mandíbula y no dije nada, para después introducirme al carruaje, cuando el por la ventanilla volvió a hablar.
—Recuerda querida hermana, todo lo que haces es un sacrificio para nuestra familia y nuestro reino— no dije nada y el carruaje se echó a andar; mire de reojo por la ventanilla y lo vi ahí parado viéndome ir con una mirada maliciosa y una sonrisa en el rostro. Suspire profundamente y entendí que tal vez todo lo que decía Plutarch sobre mi hermano era verdad; el estaba demente y neurótico y debía protegerse al enviar a su principal enemiga lejos...muy lejos de la corona.
El viaje duró alrededor de una hora para llegar al barco que habitaría por los siguientes cuatro meses. Mientras pasábamos por los parajes del reino... mi reino. La multitud se conglomeraba para ver a la princesa irse, yo observaba por la ventanilla a la multitud, unos saludaban y otros tenían un aspecto de tristeza, pero lo mas extraño que note fue que algunos lanzaban rosas rojas hacia mi, cuando me di cuenta de esto observe las rosas que llevaba conmigo y que unos hombres me habían dado antes de subirme al carruaje.
Llegamos al desembarcadero y me tope con un pequeño bote, entonces me recibió el capitán el señor Mart—Su majestad, viajaremos en este barco por dos meses y medio, después se reunirá con su esposo en la isla de Cali, en medio del océano, él está abordo del barco polar, el cual los llevará a Norduslak.
—Gracias capitán Mart, por compartir esta información— dije mientras le sonreía
Mis damas llevaron mis cosas a mi camarote, mientras yo me quedaba en el exterior viendo como partíamos hacia el inmenso océano, mientras al otro lado cada vez más Andúne se alejaba de mi.
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ROSA INVERNAL
Ficción GeneralCuando Oksana es destinada a casarse con el emperador de un país lejano; característico por su eterno invierno y por ser tierra de salvajes, se vera forzada a forjar su carácter apacible y alzar su voz. Entre la locura de su hermano y el afrontar...
