Antes de que saliera el sol ya nos encontrábamos cabalgando para ir a la capital. El escuadrón se conformaba por diez, Wilhem, Waldemar y Kiril entre ellos, los demás eran guerreros que habían sido elegidos cuidadosamente por Kiril. Detrás de nosotros iba un escuadrón de sesenta guerreros, los cuales habían sido proveídos por el jefe Wren.
Cabalgamos por días con el único motivo de recuperar la capital. Se nos había informado que Aleksy quería tomarla, pero no lo haría si nosotros lo hacíamos primero; sería como volver a invertir sus recursos en algo que ya había ganado y como se encontraba invirtiendo dinero en su coronación, había dejado desprotegida la capital.
Nos detuvimos un día completo, pues enviamos una avanzada para que nos informara cuál era la situación y si seria posible entrar. Aquel día aproveché para bañarme entre la nieve que caía del cielo gris, recordandome que ya pronto llegaría mi cumpleaños. Por la noche platique con Kiril sobre el plan de entrada a la capital, pues no estábamos seguros de que era lo que nos esperaba, entre nuestras platicas hable con Wilhem y le cuestione si ya había respuesta de la princesa Armida, a lo que dijo que no.
La avanzada llegó y nos informo que sorprendentemente había poca vigilancia a las afueras y que la capital prácticamente era un pueblo fantasma. Mire a Kiril un tanto incrédula cuando escuche la información y este tambien tenia la misma mirada, pero ambos decidimos partir a tomar Marmur durante el crepúsculo; por ello pasamos la noche cabalgando en el frio. Cuando llegamos a las afueras de la capital Waldemar y otros hombres iban al frente para protegernos, estos mataron a algunos Yaqui silenciosamente con las flechas de sus arcos. Después de que los hombres cayeron procedimos a entrar a la urbe.
Los guerreros no mentían, esto parecía un pueblo fantasma, de esos que mi nana me platicaba por las noches. Todos íbamos con nuestras armas listas para atacar, pero sorprendentemente no había nadie allí. Avanzamos más, hasta adentrarnos al corazón de la capital, yo veía cada vez más cerca nuestro bello palacio, por lo que baje del caballo y comence a caminar; Waldemar y Wilhem hicieron lo mismo para protegerme y entonces llegue a las escaleras de la colina que me llevaba al palacio de karsiya.
Me sentia atraida al palacio, por lo que subí sus escalones sin importar si iba acompañada o no, pues tristemente esperaba entrar y encontrarme con Iorak. Cuando llegue a la enorme puerta, la cual estaba destruida y solo quedaban pedazos de ella que algún colgaban del marco de madera, permitiendo entrar la nieve al interior del palacio, recordé la primera vez que llegue al palacio junto a Iorak
—Su majestad— me hablo uno de los guerreros quien se acercaba a mí, desde atrás—Tiene que estar alerta, puede que haya Yaquis adentro— el hombre de ojos violeta tomó la mano que sujetaba mi espada y la levantó en el aire indicandome que no bajará la guardia, yo le mire y asentí aun atónita por no creer donde estaba.
—El guerrero tiene razón majestad— dijo Kiril por detrás de mí— Nadie baje la guardia— dijo en un tono levemente más alto a los demás.
Entramos al palacio y tenía un mal aspecto, las ventanas rotas, nieve por todos lados, incluso unos roedores caminaban entre nuestros pies, pues se refugiaban en el palacio del frio que hacia afuera. Había algunas zonas del ala Este que se encontraban destruidas por la explosión que escuchamos al salir huyendo. Incluso había zonas que estaban pintadas de un negro carbón, pues habían sido quemadas. Cuando entramos a la sala de tronos vi que la corona imperial ya no estaba. Me quedé unos segundos sin respirar al ver que no estaba, pero entendí que la tomaron y que ahora estaba en manos de Aleksy.
Baje mi cabeza y cerré los ojos con gran culpabilidad. Te he fallado Iorak. Pensé. Wilhem me tomó del hombre y yo voltee a verle.
—Tenemos que seguir— me dijo Wilhem
—Si— dije evitando voltear al trono.
Continuamos recorriendo los vacíos pasillos del palacio, las habitaciones se encontraban destruidas y saqueadas. Se llevaron toda la platería y las decoraciones de valor. Cuando llegue al gran salón vi la pintura de Iorak en el suelo; me acerque lentamente sin querer ver que le había pasado, entonce vi que estaba rasgada y llena de polvo, intente alinear los pedazos del lienzo y fue cuando me tope con el bello rostro de Iorak. Mi corazón se rompio al verlo ahí, entre la tierra y la soledad, entonces comence a llorar al ver sus ojos, sus preciosos ojos pensaba. Me tire en el suelo y Kiril me encontró, este me abrazo por detrás y yo comence a llorar. Kiril evito que los demás entrar y me vieran así, pero al final del día era una humana mas que lloraba la pérdida de un ser amado.
Kiril me prometió que restauraría la pintura, pues era la única imagen que tenía de Iorak y no podia perderla. Continúe el camino por el lugar y cada vez se me hacia mas dificil avanzar, sentia como se mi apretaran el pecho para que evitara mi paso. Llegue a mi habitación y estaba destruida, las sabanas de mi cama quemadas, mis vestidos estaban en el suelo y los muebles destruidos. Fui a la habitación imperial y estaba igual o peor, pero entre todo el caos vi una de las capas de Iorak en el suelo, estaba pisoteada y llena de polvo, yo la tome y sonreí, por fin tendría algo de mi marido conmigo.
Pasamos el día entero explorando y asegurándonos de que no hubiese enemigos, pero extraordinariamente no había nadie en el lugar, por lo que al llegar la noche, tomé una de las banderas imperiales con el escudo de la casa Skarg y salí a uno de los balcones más altos; ahí en uno de las astas colgué la bandera y encendí una antorcha con fuego para que iluminara la bandera en señal de que había vuelto y el palacio y la capital volvían a ser del imperio. El lugar era mío y con aquella acción lo reclamaba.
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ROSA INVERNAL
Fiction généraleCuando Oksana es destinada a casarse con el emperador de un país lejano; característico por su eterno invierno y por ser tierra de salvajes, se vera forzada a forjar su carácter apacible y alzar su voz. Entre la locura de su hermano y el afrontar...
