Harry probablemente era el hombre perfecto para Ginebra y, al igual que todas, suspiraba entre los pasillos y salón de clases por él. Pero tenía tres grandes problemas para poder conquistarlo. Uno, era su profesor; Dos, era el mejor amigo de su herm...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ginebra.
Marcos había llegado a casa después de la fatídica cena de los Styles. Estuvo un rato con nosotros y pronto marchó hacia su habitación, cuando notó que Harry no deseaba hablar con nadie. Harry prácticamente se había encerrado en si mismo mientras estaba en el sofá, mirando un punto imaginario de la sala de estar. No tenía idea del cómo ayudarlo en ese momento, pero de alguna manera, sabía que le tranquilizaba el que estuviera acompañándolo. Él se había negado en que me marchara a casa, por lo que me vi en la obligación de quedarme.
Ver a Harry de ese modo, había hecho que mi corazón se partiera en dos.
Thomas había hecho un escándalo sin siquiera presentarse. Lo había planeado y, de alguna forma, logró convencer a Helena para que lo ayudara en este juego sucio que llevaba. Ni siquiera podía encontrar una palabra adecuada para lo que era él, simplemente no le alcanzaban. Y, suponía que de un modo u otro, él habría hecho lo posible para seguir dañando a Harry, como venganza por todo lo que estaba logrando con el juicio.
Todo era tan injusto. Harry no merecía nada de lo que pasaba.
Sus padres, sus propia sangre se arrepentirían más tarde por perder un grandioso hijo. Y Thomas... él pagaría muy caro por lo que estaba provocando. Tal vez Harry no se vengaría, pero mi parte malvada, decía que lo hiciera por él. Era todo o nada para mí.
—¿Te quedarás a dormir, verdad? —oí a Harry ingresar a la cocina, en donde esperaba que el agua hirviera para servirnos un café—. Marcos no dirá nada...
Lo observé con una pequeña sonrisa.
—Me quedaré, no te preocupes. Ya lo habíamos hablado.
—No quiero obligarte.
Su mirada no era la misma cuando me descubrió en el establo. Estaba roto, estaba adolorido por las palabras de su padre. Ni siquiera trataba de ocultarlo en ese momento. Su cuerpo entero delataba tristeza mientras sacaba una taza de la despensa, esperando por el agua caliente.
Me acerqué a él, tomando de su brazo mientras me aferraba a este, posando mi mejilla en el.
—No me estás obligando a nada.
Me observó junto con un suspiro agotador.
—Mañana es domingo... ¿Quieres hacer algo? —preguntó—. Quiero distraerme un poco. No quiero seguir pensando en lo que sucedió hoy —explicó.
—Podemos hacer lo que quieras.
Me solté de su brazo cuando el agua comenzó a hervir, provocando un sonido molesto. Apagué la cocina y tomé de un paño para servir en las tazas que estaban en la encimera. Harry agradeció en murmullo bajo, esperó un poco y caminó hasta otra despensa de alimentos, en donde sabía que guardaban su comida chatarra. Cuando sacó una caja de galletas, sonreí sin evitarlo.