Especial I

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No es fácil despertarse sin saber donde estás, sin saber quien eres

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No es fácil despertarse sin saber donde estás, sin saber quien eres.

Desorientarse no es lo peor, claro, lo es asustarse porque hay un chico en la cama de al lado roncando y estás llorando. La necesidad de llorar es demasiado fuerte, así que solo queda moverse sin despertar al chico que está al lado y entonces una esquina de un cuaderno basta para que, al menos por un momento, las lágrimas paren. Todas las letras se juntan al intentar leerlo, pero por suerte hay unas gafas en la mesilla que hacen que el mundo se vuelva un poco más claro.

Lo primero que hay en el cuaderno es una nota "Coge la varita que estaba sobre la mesa, primero hechiza al chico que está a tu lado, luego enciende una luz" y ella sabe lo que tiene que hacer, sin haber leído nada más, así que lo hace. Primero le hechiza, luego enciende una luz con su varita y entonces empieza a leer.

Descubre que se llama Atria, que el chico se llama George y es su mejor amigo, que tiene un hermano llamado Harry que ahora está en un lugar llamado Hogwarts y que vive con los padres de George y el propio George. Con que sepa eso su cuaderno le dice que apague la luz y le quite el hechizo a George y que empiece el nuevo día que tiene por delante porque tiene que encontrar la forma de volver a recordar. Así que lo hace, día tras día.

A veces despierta en La Madriguera y otras veces en la enfermería en Hogwarts y esos días suelen ser buenos a pesar de los dolores de cabeza que tiene constantemente. No se ha molestado en decirlo, supone que tiene que ver con que ha sido lo suficientemente gilipollas como para olvidar toda su vida y la forma de crear recuerdos, así que se merece esos dolores de cabeza. Solo habla de ellos si más de un hechizo sale mal en el mismo día, lo cual suele pasar más veces de las que a ella le gustaría.

—Estoy cansada, madame Pomfrey —le dice una tarde de octubre a la enfermera.

George no está por ningún lado y la enfermera suspira.

—Sabía que teníamos que haber parado antes, túmbate e intenta dormir, se te habrá pasado todo cuando despiertes —dice ella, y la empuja a una de las camillas, pero Atria no deja que la tumbe, se queda sentada.

—No, estoy cansada de no recordar nada. Todos los días tengo que leer las mismas páginas, no sé hacer hechizos y no dejo de soñar.

—¿Con qué sueñas? —se nota la curiosidad en la voz de la enfermera y Atria se encoge de hombros.

—Con un chico —responde ella y mira por la ventana—. Siempre es él, estoy segura de ello.

—¿Y cómo es?

La enfermera se sienta a su lado en la camilla y Atria no puede evitar sonreír. Le gusta madame Pomfrey, sabe que mañana no la va a recodar, pero sabe que, igual que hoy, también la tendrá aprecio y le gustará.

—No lo sé, pero me despierto llorando y con el corazón acelerado, así que supongo que es alguien que conocía, ¿no? Que me importaba mucho —dice ella y la enfermera suspira.

[3] De las cenizas [George Weasley]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora