Capítulo 33: Si no le hubiéramos salvado

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El patronus de Atria había sido claro, tenía que aparecerse en Wetvalley de inmediato y que se lo explicaría todo

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El patronus de Atria había sido claro, tenía que aparecerse en Wetvalley de inmediato y que se lo explicaría todo. Pero George tenía que cerrar la tienda primero, no podía largarse y dejarla abierta porque no había nadie allí para estar pendiente y Atria tampoco le había dicho nada más específico.

Bueno, sí, que se apareciera en el sauce llorón.

Así que echa a todo el mundo de la tienda, disculpándose por una supuesta emergencia familiar y más le vale a Atria que sí que sea una emergencia familiar o la hechizará para que le ayude con la tienda.

Quizá debería contratar a alguien e irse a ver el mundo. Pero no quiere irse a ver el mundo solo. Quizá puede empezar visitando a Charlie y luego, desde allí, ver que hace.

Porque, desde luego, no va a ir a hablar con Mara después de hablar con Atria. Va a superar a la chica, no importa lo que pase, no va a volver a acercarse a ella. Al menos es lo que piensa hasta que aparece en el infierno en el que se ha convertido Wetvalley.

El fuego rodea el sauce llorón que da la magia al pueblo y se puede ver como ha sido quemado también. George se gira un poco y tiene que agacharse para que una de las maldiciones que lanza Fred no le dé de lleno y saca la varita rápidamente, listo para pelear contra quien sea que se enfrenta su hermano.

Pero a quien se enfrenta es a Atria, que no parece dudar ni un instante de lo que está haciendo y le ataca de vuelta, una y otra vez. No se corta, su mejor amiga ataca a su hermano sin parar, como si no fuera Fred.

Porque no es Fred, solo tiene que mirarle peleando contra Atria, contra su alma gemela, como si solo fuera una molestia para él, algo que solo le molesta y tiene que acabar con ella. Ese no es Fred y no sabe quién está en el cuerpo de su hermano, pero sí que sabe que la maldición que lanza es una de las que no van a por Atria y puede ver perfectamente hacia dónde va.

Porque va hacia Mara, que está parada, sin hacer nada, con la varita bajada, mirando la pelea. Y no sabe si va a llegar, pero tiene que llegar así que sale corriendo y se desaparece para aparecer justo a su lado y tirarla al suelo. No sabe ni siquiera como lo hace, supone que porque ha girado antes de desaparecerse, pero Mara está encima suya, en el suelo y George oye perfectamente la risa de Fred de fondo.

—Vaya si ha llegado el caballero de brillante armadura a salvar a la princesa del pueblo —Fred se burla, pero cae al suelo, de culo, gracias a una de las maldiciones de Atria le da de lleno.

—¿Qué te parece eso, Nathaniel? ¿Te sigue pareciendo tan gracioso atacar a mis amigos? —le grita la chica y lanza otro hechizo.

Este es uno de los que George conoce, pero no sabía que Atria recordaba, son la arenas movedizas que lanzó en la boda de Bill y Fleur y, si bien no sirven para parar a Fred —o Nathaniel, como le acaba de llamar, ¿quién cojones es Nathaniel?— al menos le dejan en el mismo sitio. Y Mara y él no tienen tiempo que perder así que se pone en pie y, sin atreverse a quitar los ojos de encima a Fred, estira la mano para que Mara la coja y pueda ayudarla a levantarse.

[3] De las cenizas [George Weasley]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora