ATENCIÓN: Segunda parte de Mors Memoriae.
Contiene spoilers del final de Mors Memoriae, aunque podrías leerlo por separado ya que la historia no estará centrada en Atria Potter si que se mencionarán spoilers de la primera parte.
*******************...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Si a George le preguntabas todo estaba bien.
Todo estaba bien porque ya llevaban un tiempo en Wetvalley, Atria no había descubierto nada de Fred —bendita su falta de memoria y que no recordase haber visto las fotos en el apartamento— y parecía más contenta y ahora ya había aclarado las cosas con Mara. También había que entender por bien que ahora tenía que estar en Hogwarts constantemente, que no encontraba nada sobre Fred y que ahora... ¿estaba con Mara? Tampoco se iba a quejar, porque probablemente le vendría bien para que su familia le dejara tranquilo, pero desde que su abuela les había obligado a llevarla al apartamento no había podido hablar con Mara porque Madame Pomfrey les hizo ir al día siguiente con mucha prisa.
Las prisas nunca habían sido buenas, pero Madame Pomfrey estaba emocionada, le contagió la emoción a Atria, que se había levantado ese día también gritando y... llevaban una semana en Hogwarts con Atria inconsciente.
A Molly no le había hecho ninguna gracia y Harry se puso a gritar en la enfermería en cuanto se enteró, así que George les dijo a ambos que se iba a quedar con Atria y que cuidaría de ella. La verdad es que no había mucho de lo que cuidar porque Atria no despertaba y Madame Pomfrey solo intentaba una y otra vez unir sus memorias aprovechando que la chica estaba inconsciente, pero parecía que lo único que las mantenía unidas era la poción que Madame Pomfrey le empezó a suministrar después de tocar las memorias.
George también aprendió a hacerlo y Harry casi lo mata cuando le vio tocando las memorias de Atria, pero George quería pensar que todo merecía la pena.
Aunque sabía perfectamente que no porque, cada vez que dejaban de trabajar en la memoria de Atria, esta volvía a romperse en trozos aún más pequeños, a pesar de que algunos de ellos parecían más grandes y estables. Lo estaban empeorando en lugar de mejorarlo, Harry lo había dicho mil veces, pero ni Madame Pomfrey ni George dejaban de intentarlo.
No eran los únicos, claro, estaban en Hogwarts y el caso de Atria era raro, así que los profesores solían pasarse por la enfermería y sugerían ideas a Madame Pomfrey. Incluso Madame Pince salió un día de la biblioteca con algunos libros que podrían ser de ayuda.
Atria y Fred no se lo creerían cuando se lo contase.
— ¿Por qué no te marchas a casa? Atria estará bien, George —le dice Madame Pomfrey después de más de una semana durmiendo en una de las sillas de la enfermería.
— Le dije a mi madre que me quedaba —dice George y Madame Pomfrey suspira.
— Minerva cree que lo mejor es mandar a Atria a San Mungo, George.
No, no era cierto. En San Mungo no le dejarían entrar. No iba a irse. No iba a acomodarse a horarios de visita, no iba a dejar de intentar arreglar a Atria. Se negaba. Iba a estar a su lado, no iba a dejarla sola.
"Ayúdame, Fred".
Era estúpido pedírselo. Ya no había dolores extraños, ya no había sueños en ese sótano. No había nada, no sentía a Fred. No iba a pensarlo, no iba a pensar en los meses que había pasado sin un estúpido sueño. Solo iba a centrarse en Atria y que no la llevaran a San Mungo.