ATENCIÓN: Segunda parte de Mors Memoriae.
Contiene spoilers del final de Mors Memoriae, aunque podrías leerlo por separado ya que la historia no estará centrada en Atria Potter si que se mencionarán spoilers de la primera parte.
*******************...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
No lo piensa mucho cuando sale corriendo hacia Caleb. Él es el culpable, por él está ardiendo todo y es por eso por lo que estaba en medio del pueblo. ¿Cómo ha podido ser tan tonta de pensar que una cafetería era algo inocente y no la mejor tapadera del mundo para espiar a todo el pueblo?
Así es como ha conseguido las peleas por las cosas más tontas, todo el mundo ha ido a la novedad, al entretenimiento fácil porque por fin hay algo distinto que hacer en Wetvalley que no sea ayudar a la gente o dar una vuelta por el pueblo. Estaba tan claro que no entiende cómo ha podido estar tan ciega.
También entiende que Caleb se asuste porque le haya pillado y que corra hacia los árboles en un intento de esconderse. Pero él no conoce el pueblo como lo conoce ella, no sabe como es el bosque y no sabe donde esconderse o como ir por el terreno sin caerse.
Mara lleva sin hacer tanto ejercicio desde... desde Hogwarts, probablemente, cuando Cedric le obligaba a hacerlo y luego Julie cogió el testigo durante ese último año de Mara en el colegio. Les echa de menos, sobre todo ahora que necesita esa forma física que ellos le recordaron que era tan importante. Los pulmones le arden y Mara ya no sabe si es de tanto correr o que el humo se está haciendo cada vez más espeso.
Porque Caleb está llevándola hacia el sauce llorón, está huyendo hacia la prueba del delito y Mara se pregunta cómo no ha visto que ha sido él, con su nueva cafetería, quien ha ido poco a poco utilizando sus bebidas y sus dulces para ir envenenando a la gente del pueblo para que se enfrenten unos a otros.
Al menos todo el pueblo ha dejado de lado los problemas y ha ido corriendo a apagar el incendio, o al menos a intentarlo. Los magos lanzan hechizos, los muggles han creado una cadena humana para mover cubos de agua y parece que está funcionando.
O no, porque, de repente, el fuego crece con más fuerza, como si en lugar de apagarlo lo estuvieran avivando y, por un momento, Mara teme que sea fuego maldito. Porque si es fuego maldito duda que haya nadie en el pueblo capaz de parar eso.
Y ella mucho menos, sobre todo cuando el fuego crece tanto que una de las llamaradas se extiende a uno de los árboles cercanos y Mara solo puede pensar en que no vuelva a pasar todo otra vez, que no vuelva a repetirse, no podrá aguantarlo una segunda vez. Tiene que hacer algo, tiene que intervenir, tiene que moverse, agarrar la varita y formular algún hechizo que consiga frenar la lengua de fuego que se dirige hacia Gilbert, quien pelea en primera fila.
Pero no hay nada, su mente está completamente en blanco porque solo puede pensar en que no vuelva a repetirse lo mismo. No quiere volver a arder, no quiere que el fuego siga acercándose y quiere moverse para dejar de sentir el calor de las llamas y las tiene casi encima y...
—¡Quítate del medio si no puedes ayudar!
Caleb es quien levanta la barrera de agua, quien empuja las llamas hasta reducirlas. Es Caleb quien salva a Gilbert de que las llamas le quemen y es quien se gira de nuevo hacia ella, claramente enfadado.