Capítulo 35: Sed de avanzar

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—¿Tú estás seguro de que deberíamos estar haciendo esto?

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—¿Tú estás seguro de que deberíamos estar haciendo esto?

George tiene sus dudas, pero Fred asiente así que echa el siguiente ingrediente en el caldero y remueve tres veces en el sentido de las agujas del reloj y nueve en el sentido contrario. Luego echa un poco de pétalos de margarita porque, de acuerdo a las notas de Atria, eso ayudará a que la poción sepa mejor.

—Madame Pomfrey no llega a encontrar la forma de hacer que Nathaniel se calle y créeme, le tengo constantemente en la cabeza, George, es tan gilipollas.

—¿Estás seguro que no eres tú hablándote a ti mismo? —su hermano deja de cortar los trozos de raíces de diente de león y le mira como si quisiera matarle—. Ni se te ocurra lanzarme el cuchillo.

—La idea es de Nathaniel, no mía.

Podría resultar hasta gracioso que lo use de excusa si no fuera porque puede ser real. Eso de que Fred comparta cuerpo con un loco obsesionado por los mortífagos y por Quien No Debe Ser Nombrado resulta que es un pequeño problema cuando resultas ligeramente conocido en el mundo mágico y no quieres que nadie sepa que tienes una personalidad algo... malvada.

Rita Skeeter se lo pasaría genial hablando con Nathaniel y luego publicando el artículo, mencionando que el cuñado de Harry Potter está a favor de eliminar a todos los muggles del planeta para implementar un reinado de terror en el que solo los magos sangre pura tienen algún tipo de derecho.

—Dame ya esas raíces, vamos, ¿qué es lo siguiente que dice Atria?

—Lo sabría si viese algo aquí, ¿no podemos irnos a la tienda de Wetvalley? Tiene ventanas —Fred no ha dejado de quejarse del laboratorio que tienen en el Callejón Diagon y no lo entiende, era un sitio que le encantaba antes de descubrir ese pueblucho.

—Tienes una luz encima.

—Y tú no puedes evitar el pueblo para siempre, ¿cómo vas a venir a ver a tus sobrinos? —George pone los ojos en blanco.

—Mis sobrinos no son un gato y un micropuff.

—No te metas con Calcetines y John, te quieren mucho —Fred parece que se ofende ante la mención de que no los considere sobrinos y, la verdad, no lo hace. Por mucho que los dos cuiden a ambos bichos como si fueran sus hijos de verdad.

—Calcetines intenta arañarme cada vez que me ve y John tiende a vomitarme encima —señala lo obvio, pero a Fred no parece importarle porque se dirige hacia la poción para echar un poco de rocío—. ¿Seguro que eso era ahora?

—No lo sé, te he dicho que no veo, en Wetvalley estaríamos...

—No voy a volver.

Tiene que cortarle porque su hermano sigue insistiendo. No quiere volver a ese pueblo, no quiere volver a pasar por esas calles en las que, en cualquier momento, puede encontrarse con Mara. Lleva poco más de un mes sin pisar el pueblo y piensa seguir así, muchas gracias.

[3] De las cenizas [George Weasley]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora