ATENCIÓN: Segunda parte de Mors Memoriae.
Contiene spoilers del final de Mors Memoriae, aunque podrías leerlo por separado ya que la historia no estará centrada en Atria Potter si que se mencionarán spoilers de la primera parte.
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No pensaba volver a vivir con su abuela, y mucho menos ahora que Jake se había ido de casa, por fin, con Faith. Algo de que había encontrado la casa perfecta o algo así, Mara todavía no había ido a ver la nueva casa de su hermano y su mejor amiga y eso que llevaban viviendo allí desde el incendio. Bueno, si todavía podía llamar mejor amiga a Faith, claro, eso estaba todavía por ver.
No era capaz de disculparse con ella, igual que tampoco era capaz de hablar con su abuela y la evitaba constantemente para evitar sus preguntas. No sabía que quería hacer con su vida ahora que el árbol estaba casi recuperado y buscar trabajo era una opción mucho más dura de lo que parecía, y no por no haberlo intentado.
Había estado trabajando en la cafetería de Caleb, gratis, durante unas dos semanas para compensar haberle perseguido con la intención de acabar con él. Su intención era durar, al menos, un mes, pero Caleb acabó echándola porque lo suyo no era el trato con el cliente, sobre todo si tendía a esconderse de parte del pueblo.
Luego estuvo ayudando a Marian, pero tampoco terminó de encajar y no porque el herbolario no le gustara, si no porque Marian no sabía qué hacer con tanto tiempo libre como tenía. La atención al público en el herbolario no era como en la cafetería, donde tenía que estar hablando con los clientes, allí solo llegaban, compraban lo que necesitaban y seguían con su día de compras. Alguna vez la señora Webb se había quedado algo más de la cuenta, pero no era algo problemático. Y Atria parecía que quería decir algo, pero nunca terminaba de hablar.
No se le había olvidado que nunca le había contado lo que estaba pasando realmente, pero Mara ya había pasado página con todos ellos. No quería saber nada más de los Weasley o los Potter, muchas gracias.
Y la gracia de todo fue que, por culpa de Atria, acabó teniendo que dejar el herbolario. Bueno, culpa indirecta, porque algo le debió de decir a Marian que, de repente, la mujer estaba tan aburrida que prefería pasarse el día en la tienda antes que tener todas las tardes libres para hacer lo que quisiera.
Del herbolario pasó a la pastelería, donde duró una semana, luego en la frutería, en el restaurante de Calypso, en calderos Line, en el ayuntamiento, en la clínica de Don, en la pescadería, en... se entendía el punto. Daba igual lo que intentara, siempre acababan echándola de todos los puestos donde estaba y eso era algo que no tenía ganas de contarle a su abuela.
Nadie la necesita en Wetvalley, pero ella sí que necesita a Wetvalley.
Así que no sabe qué hacer. No queda nada allí que la ate, ni siquiera su familia, pero no puede irse, por mucho que quiera no es capaz de irse de ese pueblo. Ese estúpido pueblo por el que lo ha dado todo y, ahora, no le devuelve nada por más que sigue intentando darle.
Y no es que quiera algo a cambio, daría su vida por cada uno de los que viven allí, pero... pero le gustaría encontrar su sitio. Le gustaría que todo volviera a ser como antes, como antes del fuego, cuando estaban aislados, cuando poca gente les conocía. Cuando ellos decidían completamente quién entraba y no era por necesidad de encontrar un lugar donde estar a salvo.