ATENCIÓN: Segunda parte de Mors Memoriae.
Contiene spoilers del final de Mors Memoriae, aunque podrías leerlo por separado ya que la historia no estará centrada en Atria Potter si que se mencionarán spoilers de la primera parte.
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Todo ha pasado tan rápido que George no es capaz de procesarlo. Sigue abrazando a Mara, que está enganchada completamente en su camiseta mientras no deja de temblar y llorar y sabe que la está abrazando y que tiene que volver a ella, pero no deja de pensar en la mansión.
Los hechizos volando, sin parar, como los han lanzado a matar sin importarles nada quienes se encontraban al otro lado. George sabe que ha dejado inconsciente a uno de ellos, a Avery, después de que Mara haya lanzando ese maldito rayo verde de su varita hacia el mortifago. Se ha asegurado de dejarle atado, sin que le importara si le estaba asfixiando con las ataduras.
Piensa en el fuego, en cómo ha tenido que salir corriendo tirando de Mara, que no se movía ni hacía nada. Las llamas se han extendido rápido, algo normal cuando no han intentando pararlas y no puede dejar de repetir en su cabeza el momento en el que han saltado por la ventana.
Se ha tirado sin miedo, sin saber si iba o no a poder desaparecerse en mitad del salto y podrían haber muerto en ese momento porque el único plan que tenía George era desaparecerse en cuanto estuvieran fuera de la casa. No había pensado en hechizos para frenar la caída de ambos ni nada, solo desaparecerse.
Y no es descabellado que hubiera pensado solo en salir de allí lo más rápido posible y alejarse todo lo que pudiera, había oído los gritos de que se escapaban y, nada más romper la ventana, había visto cómo empezaban a perseguir a Atria y a Fred.
No sabe que ha sido de ellos, si han salido de la mansión o están allí atrapados y eso también le impide moverse, aunque le moleste la pierna porque se ha quemado cuando Mara se ha quemado el brazo.
El fuego ha vuelto a quemar a Mara.
No sabe si Fred vuelve a estar con los mortífagos y esta vez tienen a Atria con ellos o están a salvo.
Se mueve, poco a poco, empieza a estar de nuevo en el piso y no en la mansión reviviendo todos los pasos que han dado para llegar hasta allí. Mara no quiere soltarse, lo entiende, pero tiene que curarla y sabe que va a ser cruel cuando la fuerza a soltarse.
Ni siquiera puede mirarla antes de levantarse del suelo para ir a por el botiquín. Atria ha sido previsora y ha dejado de todo en esa pequeña caja que guarda más de lo que parece. George pensaba que no había vuelto a hacer pociones, pero se equivoca porque el botiquín está lleno de frascos con la letra de mierda que tiene Atria y la fecha en la que los ha hecho.
Todos son de las últimas tres semanas y el enfado que tiene con ella prácticamente se evapora porque lleva tres semanas haciendo pociones para todos los casos que podía haber imaginado y alguno extra más, solo para que tuvieran la oportunidad de curarse rápidamente si pasaba algo.
—Sé que va a doler, pero tienes que aguantar —le dice a Mara, volviendo hacia ella, pero la chica no parece ser capaz de escucharle.
Sigue sollozando, pero lo hace con la mirada perdida y con las manos todavía cerradas, como si siguiera enganchada a él. Viendo la herida por encima decide que lo mejor es no quitarle el jersey y raja la manga con un cuchillo de la cocina antes de echar las primeras gotas de la poción.