29. Bajo la lluvia

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🐼: Canción: Secret, Secret (말할 수 없는 비밀)
Grupo: Stray Kids


𝙴𝚝𝚑𝚊𝚗

Todo está en calma, tan pacífico y en silencio. Los rayos del sol iluminan mi rostro haciendo que abra los ojos. Estoy en una especie de campo con mucha flora de diferentes colores. Suspiré aliviado y comencé a mover mis extremidades inferiores y superiores al mismo tiempo simulando hacer un muñeco de nieve, solo que en vez de ser de nieve sería de flores.

— ¡Calvito!

Escuché a lo lejos. Levanté la cabeza. Su cabellera larga castaña oscura y con rizos se movía con el viento. Me puse de pie rápidamente para alcanzarla. Llegó a mi lado recuperando el aliento. Sus pequeñas pecas brillaban con los rayos del sol y sus ojos oscuros iguales a los míos solo que un poco más grandes reflejaban felicidad.

— ¿Cuándo seguirás llamándome así? Ya no soy un bebé —hice un puchero y me crucé de brazos.

— ¿Seguro? Porque lo que estás haciendo en este mismo instante, pareciera que lo fueras.

— Jaja, muy graciosa.

La escuché reír, esa risa que había olvidado cómo sonaba. Sus manos apretaron mis mejillas antes de desordenar mi cabello. Puse los ojos en blanco y pasó su brazo sobre el mío para empezar a caminar.

— ¿Cómo ha estado todo? ¿Mamá y papá?

— Trabajando, están bastante ocupados. Muy pocas veces los veo —me encogí de hombros restándole importancia. Siempre nos hemos manejado así y funciona. Cada uno tiene sus propias preocupaciones.

— ¿Capita y Cometa?

— Engordando, en especial Capita.

— Deja en paz a mi bella gata.

— Sí, sí —solté una carcajada.

— ¿Y la carrera? ¿Difícil los números y gráficas?

Me detuve. Ella siguió avanzando, se giró para observarme con el ceño fruncido. Su cabello ahora está amarrado en dos trenzas. ¿Cuándo las hizo?

— ¿Qué dijiste?

— Pregunté por la universidad, estás estudiando ingeniería.

Y ahí fue cuando me di cuenta de que me encontraba dormido, sumergido en un sueño tan hermoso. Tan hermoso que por poco no distingo lo que es ficticio y lo que es realidad. Su tacto, su risa y su voz se sentían tan reales, tal como las recordaba. Pero nada dura para siempre. La miré recolectar flores, sus mejillas levemente sonrosadas con pequeños brillos y calcomanías de corazones y estrellas pequeñas como solía maquillarse. A nuestro alrededor, versiones de ella misma pero de diferentes edades nos acompañaban. Su versión de cinco, diez, quince, veinte años.

— ¿Elena?

— ¿Sí?

— ¿Cuántos años tienes?

— ¿De qué hablas? —hizo una mueca— Saca la cuenta.

— ¿Cuántos años tengo?

— Eres mi hermanito —se acercó y colocó una flor amarilla en mi oreja—. Tienes diecinueve años y yo veinticuatro. ¿Por qué la pregunta tan de repente?

Mi respiración se detuvo. No puede estar pasando, no de nuevo. ¿Por qué justamente en este año? ¿En este momento? Una lágrima se deslizó por mi mejilla. Con su pulgar, la quitó. Su tacto ya no es placentero, ahora quema, arde y duele. Detrás de ella, todo se empieza a caer perdiendo color y vida. Se vuelve negro y el cielo se nubla, las flores empiezan a morir. Sus versiones más jóvenes empiezan a esfumarse una por una.

La chica de las estrellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora