5. Juego de a dos

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𝙴𝚝𝚑𝚊𝚗

La acompañé hasta su apartamento. Me pareció raro que no quisiera ir con sus padres después de una experiencia tan traumática, sin embargo no quise cuestionarla. Es su decisión y ella se manda a sí misma. Durante todo el camino, no dijimos palabra alguna. Mantuve su mano entrelazada con la mía en todo momento. Ella no protestó ni la quitó en ningún momento. Es como si ambos supiéramos qué era lo que necesitábamos, sin decirlo.
Frente a la puerta, tuvo dificultad para ingresar la llave. Su mano temblaba mucho lográndolo después de varios intentos. Encendió la luz, todo está igual como a esa vez. En uno de los sillones, vi un ovillo de lana negro con una aguja de tejer verde claro.

— ¿Tejes?

Se sobresaltó al escuchar mi voz. Todavía está asustada, al igual que yo.

— ¿Qué? Oh, sí sí. Es una manera de quitar el estrés o eso creo.

— ¿Tu madre te enseñó?

— No, aprendí con Youtube —evitó mirarme a los ojos en cualquier momento. Quizás no debí haberla abrazado sin su permiso o peor aún, llorar sobre su hombro cuando se encontraba vulnerable—. Voy a... Necesito —divagó buscando las palabras correctas—. No entres al baño ¿sí? Ya conoces el lugar, hay comida por si tienes hambre —asentí y se retiró. Minutos después escuchó el ruido del agua cayendo.

Me dejé caer en uno de los sillones mirando mi reflejo en la televisión apagada. Pensé en buscar algo para comer, pero decidí que no sería la mejor decisión. Ya me siento como un intruso y nuestra relación no es una de amistad, somos conocidos. Casi desconocidos considerando que solamente conocemos nuestras edades y nombres. Nada más. 

𝓜𝓲𝓬𝓪𝓮𝓵𝓪

Mi reflejo frente al espejo largo de la habitación me hace querer vomitar. Me veo realmente mal, solo de rostro. El maquillaje se ha ido por completo revelando las ojeras negras con bolsas que la acompañan. Lloré un poco en el baño por lo que mis ojos están un poco hinchados y rojos. Perdí la cuenta de la cantidad de veces en las que lloré en el baño para que nadie notara que de verdad lo estaba haciendo y así, evitar preguntas. Se vuelve cansado y repetitivo.
Respiré hondo sujetando mi cabello con una horquilla de pelo color marrón y salí de la habitación. No sé cómo podré enfrentarme a él después de todo lo ocurrido. Lo encontré en la sala revisando algo en su celular con el ceño levemente fruncido. Me hice notar con el ruido de mis chancletas, levantó su mirada y torcí los labios en una sonrisa un poco rara.

— ¿Mejor?

— Sí, creo —rasqué mi brazo, nerviosa—. ¿Comiste algo? —negó— Ah.

— No me parecía correcto.

— Ah, claro. ¿Y no quieres nada?

— No, no. Estoy bien, gracias.

Abrí la refrigeradora sacando una jarra con agua y vertí el contenido en dos vasos. Agua siempre se debe de ofrecer

— Dime algo.

— ¿Hm? —guardó su celular y le extendí el vaso

— ¿Estudias para ser chef o algo por estilo?

— Eso quisiera. Me gustaría.

— Ok bien, ¿y por qué no lo haces?

Encendí la luz de la lámpara ubicada en la sala-comedor, tiene una mejor iluminación. Abrí la puerta del balcón y luego las ventanas para que entrara un poco de brisa fresca.

— ¿Crees que es fácil? —negué.

— Nunca dije que sería fácil. Corrígeme si me equivoco —me recosté de la puerta cruzándome de brazos—, estudiabas algo que no te gustaba, la terminaste o decidiste salirte porque tu sueño de pequeño siempre fue ser chef. ¿Cómo estuve?

La chica de las estrellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora