🐼: Canción Hwaa de (G)i-dle.
𝓜𝓲𝓬𝓪𝓮𝓵𝓪
Leo llegará en cualquier momento a buscarme para ir juntos al cumpleaños de mamá. Una sorpresa según él, pero es claro que ella lo sabe, prácticamente le dijo que se pusiera algo bonito. Nunca ha sido bueno con las sorpresas. Desde esta mañana llevo practicando mi mayor sonrisa falsa y creé una playlist de canciones relajantes por si acaso las cosas se salen de control. Estoy preparada. Miré mi figura frente al espejo con la blusa roja que me regaló en mi cumpleaños. Una mueca se dibujó en mis labios. No, no me siento cómoda. Me veo deforme.
— Me gusta esa. ¿Es nueva? —el castaño apareció recostado en el marco de la puerta de mi habitación con una taza de café.
— Sí, fue un regalo.
— Es bonito.
— Sí —alargué la "i"—. No.
Abrí el clóset buscando algo nuevo que ponerme y que sea lo suficientemente "elegante" para no recibir un regaño de mamá tan temprano porque de que algo en mí le molestará, lo hará y eso es algo que lo puedo cambiar. ¿Y me importa? No, lo hago por Leo. Busqué mi clásica chaqueta de cuero, al momento en el que cubrí mis brazos me sentí mejor.
— Ahora sí.
— ¿Es en serio?
— ¿Qué? Es cómodo y se ve bien.
— Eso no lo voy a negar, ¿no te dará mucha calor?
Sí.
—No —mientras escogía los aretes, él se limitaba a mirarme. Su cabello está más corto en las puntas, pero aun así cubría una parte de sus orejas—. ¿Se te perdió algo?
— ¿Hm? No. Estaba recordando que jamás te he visto sin algo que no cubra tus brazos hasta hoy antes de que te pusieras la chaqueta.
— La gran cosa no son. ¿No tienes que trabajar hoy?
— Es domingo.
— El domingo pasado trabajaste.
Pensé que hacer con mi cabello, amarrarlo no es una opción. Iré por la básica pañoleta hecha un lazo arriba.
— Cubrí a Douglas ese día, el lunes no trabajé —cierto, no lo recordaba. Todas mis pañoletas las guardo en un cajón con los demás accesorios que uso. Tengo de varios colores, la negra será la mejor opción—. ¿Puedo saber a dónde vas tan bonita?
— Ah, ¿o sea que nunca me veo bonita?
Sus mejillas se enrojecieron y no precisamente por el vapor del café. Sonreí internamente, siempre es divertido molestarlo; lo mismo hacía con mi hermano.
— No es lo que quise decir. Ay —escondió su rostro. Reí.
— Lo dije de broma. Yo sé que no soy bonita —respondí colocando la pañoleta en mi cabello— Es el cumpleaños de mi mamá, Leo y yo iremos a comer con ella —tosió dos veces debido al café.
— ¿Qué? ¿Con Leo y quién más?
— Mi progenitora.
— Creí que había muerto —fruncí el ceño y reviso si tengo algún mensaje de Leo. En dos minutos estará abajo—. Dijiste que tus padres fallecieron.
— ¿Lo hice? Upsi —me encogí de hombros. Me regaló una mirada de incredulidad—. Dije que estaban muertos sí, nunca que muertos en vida. Hay una gran diferencia.
— Igual. Se presta para la primera opción más que para la segunda.
— Qué lástima.
Apagué el abanico de techo y llevé la cartera en mano preparada para bajar y no hacerlo esperar porque algo que le disgusta mucho es la impuntualidad. Ethan siguió mis pasos de cerca aún teniendo dudas con respecto a mis padres.
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La chica de las estrellas
Teen Fiction*AVISO: Esta novela se encuentra finalizada, más no corregida.* A la luz de la luna todo puede ocurrir. Un saludo, un abrazo, un beso, una declaración, una correspondencia, un rompimiento y un reencuentro. Este fue el caso para Ethan Edwards y Micae...
