𝓜𝓲𝓬𝓪𝓮𝓵𝓪
— ¿Hoy a las siete de la noche en el cine?
— Sí, eso mismo.
— Bien, anotado —sonreí de oreja a oreja al ver como sus mejillas se sonrojaron—. Gracias por ayudarme con ese tema. Me da un poco de pena.
— No te preocupes por eso. Encantada siempre. Además, si ninguno de los dos actuaba, lo haría yo. ¡Realmente no podía soportarlo!
Rio y me fijé en las pecas que cubren su rostro. Me recuerdan a las de Nick, hace meses no los veo. La universidad ha complicado nuestras salidas y los horarios de trabajo, por lo menos hemos tratado de mantenernos en contacto a través de llamadas y mensajes.
— Será mejor que regrese al trabajo, mi descanso acaba en dos minutos.
— Claro, no molesto más —me hice a un lado para que entrara a la heladería. Miré la hora en mi reloj, yo también debo irme a trabajar.
— Gracias otra vez —extendió sus brazos para un abrazo el cual acepté sin dudar—. Nos vemos.
Caminé hacia la parada del autobús para dirigirme a la oficina. Otro año de la universidad ha terminado, pero no el año en sí. Las decoraciones navideñas abundan en las calles, las casas, edificios y tiendas. Mamá y yo pasamos el fin de semana decorando la casa con villancicos todo el día, en especial las salsas navideñas que tanto ama. Quería tener todo decorado para celebrar la navidad a tope. Leo regresará para recibir el nuevo año. Logró obtener su nuevo título con excelentes comentarios por parte de los profesores que decidió quedarse un tiempo más trabajando con uno de sus profesores en una investigación y claro, poder pagar el boleto. Los viajes de regreso no son para nada baratos aun así que se compre con la aerolínea más barata. Después del trabajo, Ethan y yo tendremos una maratón de películas. Es dieciocho de diciembre y el cumpleaños de Jennie, pero ella y su familia se fueron de viaje navideño. Lograron solucionar los problemas con su madre y todo parece estar en orden. En cambio, los padres de Ethan no han tenido un avance. Supongo que esta vez, sólo seremos él y yo. No han mostrado arrepentimiento y aunque él no lo admita, llora durante las noches cuando me he quedado en el apartamento. Pensé que sería una navidad en familia y llena de felicidad, siempre habrá una sombra opacando esa luz. Traté de eliminar esos pensamientos negativos concentrándome en la música que salía de mis audífonos mientras me dirigía al trabajo.
Toqué la puerta dos veces y no hubo respuesta. Que raro, ya es de noche y su turno terminó hace dos horas. ¿Aún no regresa del trabajo? Decidí usar la llave de repuesto que obtuve por parte de Kei cuando tuve que abrirle la puerta después de haber perdido su copia dos veces. Realmente es muy distraído y me sorprende que no haya perdido la tercera. Cerré ambas puertas tras de mí y cuando di media vuelta, mi corazón casi sale de mi pecho. Del susto, mi bolso y abrigo cayeron al piso.
— ¡Mierda! —exclamé al castaño que se encontraba sentado en el sillón de la sala con sus ojos completamente sobre los míos. Una mirada penetrante y con el ceño fruncido. Su mano sobre su barbilla y movía su pierna repetidas veces— ¿Qué haces ahí? ¿Por qué me asustaste en vez de abrir la puerta? —pregunté, con mi mano aún sobre mi pecho por el susto.
— Necesito que me expliques algo.
— ¿Qué cosa?
— ¿Se puede saber qué hacías hoy con Douglas durante la hora del almuerzo?
Me encogí de hombros restándole importancia y recogí mis pertenencias del piso para dejarlas sobre el sillón. Quité un poco de polvo que quedó en mi abrigo antes de colocarlo sobre mi bolso. Vi cómo se levantó con los puños cerrados.
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La chica de las estrellas
Teen Fiction*AVISO: Esta novela se encuentra finalizada, más no corregida.* A la luz de la luna todo puede ocurrir. Un saludo, un abrazo, un beso, una declaración, una correspondencia, un rompimiento y un reencuentro. Este fue el caso para Ethan Edwards y Micae...
