6. El plan

49 6 0
                                        

𝓜𝓲𝓬𝓪𝓮𝓵𝓪

Realmente el deporte no es para mí. Deseaba que el profesor no viniera cuando tocaba clases, podía intentar la técnica de varios compañeros que le compraban el desayuno al profesor para no dar la clase. Claramente no gasté mi dinero en eso. La que más odiaba era a la profesora de primaria. Antes me gustaba jugar baloncesto casi llegando a formar parte del equipo sub-12. Pero, me exhibió en frente de todos diciendo que nunca me quiso a mí y que no era lo suficientemente buena. Aprendí algo ese día: nunca dejaría ver cuánto daño me hicieron, sin importar cuán doloroso fuera. Y, si me gusta hacer algo; lo seguiría haciendo eliminando cualquier comentario negativo porque disfruto hacerlo. No porque a ti no te guste o porque creas que no soy lo "suficientemente buena" como para lograrlo. Así me siento cómoda y así es como debe permanecer. Jennie está de lo más tranquila, ni siquiera está sudando y yo parezco un cerdo cuando le están bañando con aceite listo para cocinar. Dios, como envidio su falta de desarrollo de glándulas sudoríparas. Igual que las de Leo, ese chico no suda por nada del mundo. Es como si viviera en el desierto y de almuerzo hubiera sopa.

— ¡Vamos, Ela! Nos faltan quince minutos. 화이팅*.

— 화이팅, la tuya.

— ¿No lo entendiste?

— Sí sí, solo que no entiendo cómo puedes estar tan desbordante de energía después de estar haciendo esto por cuarenta y cinco minutos —su largo cabello atado en una cola alta. Lleva unos pantalones cortos de hacer ejercicio junto con una playera blanca corta y el brasier deportivo color azul que se traspasa revelando una parte de su definido abdomen plano. Nunca había visto sus mejillas tan rojas, ni siquiera después de una larga rutina de ejercicios, se mantiene en forma yendo al gimnasio y porque una de sus aficiones y talentos es el baile, pertenece a una academia. He visto varios videos y es realmente buena, impresionante. Prometió inventarme a la siguiente presentación que tuvieran.

— Porque estoy acostumbrada a esto.

— ¿Me estás diciendo floja? —me hice la ofendida—. No no, sé que lo soy. Y muy orgullosa —sonreí. Meneó la cabeza.

— Cambia la canción, esa me deprime.

Primer Millón de Bacilos ¿en serio? —asentí. Me trae malos recuerdos, aunque la letra sea bonita. La música proviene de sus audífonos inalámbricos rosados, por suerte tenemos gustos musicales parecidos—. Mejor hablemos de lo que pasó con Ethan.

— Ya empiezas. Ya te lo conté.

— Quiero volver a escuchar de tus labios como casi quisiste probar los de él —los suyos se formaron como boca de pato simulando un beso. Con sonidos incluidos.

— Para —carcajeó a más no poder. Decidimos detenernos un momento a beber agua, un galón entero podría beber—. Uh, súbele a esa.

Es una canción del género de kpop especialmente del grupo femenino Mamamoo, la canción Um Oh Ah Yeh, una de mis favoritas del grupo.

— Espero que en el cielo me reciban con esas voces.

— Micaela, no me cambies el tema.

Suspiré y me quité el audífono entregándoselo. Tampoco es que quiera perder la amistad que tengo con ella porque la quiero en verdad. Aunque sepa que odio hablar sobre mi vida privada, yo decidí contárselo. Ahora evado el tema, no porque me moleste hablar sobre él en especial después de que me haya salvado y que cuando me desperté horas más tardes, ya no se encontraba ahí.

— Bien, ¿qué quieres saber?

— Si hubo contacto.

— Que cerda.

La chica de las estrellasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora