𝓜𝓲𝓬𝓪𝓮𝓵𝓪
— ¡No entiendo el paso! Es muy difícil.
— Por favor, estás exagerando.
— Renuncio.
Detuve el video musical mientras Ethan se sentó en el sofá con los brazos cruzados. Un ligero puchero apareció en su labio inferior. No pude evitar reír a carcajadas al verlo de esa forma.
— ¿Cómo puedes hacer esto como ejercicio todos los días?
— Lo dice quién va al gimnasio.
— No todos los días.
— Es lo mismo —tomé mi botella con agua y me senté a su lado—. Es peor el gimnasio: filas para utilizar las máquinas, personas grabando sus rutinas de ejercicio y haciendo ruidos de gemidos con cada movimiento. ¿Por qué lo hacen? Y lo peor de todo son los baños.
— ¿Cómo sabes todo eso?
— En series y películas —respondí, restándole importancia. Bebí un sorbo.
— Es parecido a lo que haces como ejercicio.
— Por supuesto que no. Además, no tengo abdominales como tú y Jennie.
— ¿Cómo sabes que tengo el abdomen marcado?
— Me lo acabas de confirmar.
— Ah, yo pensé que me espiabas mientras me duchaba —guiñó el ojo y negué divertida.
— Ya no vivimos juntos ¿recuerdas?
Levanté los brazos para estirarme para luego tomar impulso para levantarme del sofá. Antes de poder estar de pie completamente, sus brazos rodearon por completo mi cintura haciéndome tambalear. Con un movimiento rápido, me sentó sobre sus piernas. Mis mejillas se tornaron completamente rojas y sentí que mi respiración se paralizó por completo al momento en que apoyó su cabeza sobre mi espalda.
Murmuró algo que no pude entender al tiempo que apretó más el agarre. Estoy segura de que sus ojos están cerrados.
— Desearía que no fuera así.
Debo actuar rápido antes de perder la cordura. ¿Cómo puede comportarse de esa forma estando en mi casa con mi madre y hermano en otras habitaciones? Dios, realmente este chico no tiene vergüenza.
— Si la situación fuera otra, créeme que me gustaría regresar.
— Lo sé.
— Tienes a Kei ¿recuerdas?
— Es diferente... No viene ni al caso.
— Solo quería molestarte —quité sus brazos de mi cintura para levantarme—. Arriba, aún no hemos terminado.
— ¡Es muy difícil!
— Bebé quejoso.
Se abrazó a una almohada y reí al verlo de esa forma. Intenté quitarle el objeto, lo cual fue en vano debido a la obvia diferencia de fuerza. Bufé al notar que ni siquiera pude moverlo un poco, él sonrió victorioso.
Desde el pasillo, vi como la silueta de Leo se acercaba hacia la sala. Agradecí por dentro que no haya aparecido unos minutos atrás porque definitivamente la vista no hubiera sido la mejor.
— ¿Cómo van?
— Espantoso. Se queja mucho —musité, agotada.
— ¿De verdad? ¿Qué coreografía le pusiste? —entró a la sala mirando la televisión.
— Una del demonio. Es muy complicada.
— ¡Claro que no! —me quejé—. Solo es "Cheer up baby, cheer up baby" dos veces levantando los brazos y moviendo el cuerpo de derecha a izquierda.
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La chica de las estrellas
Roman pour Adolescents*AVISO: Esta novela se encuentra finalizada, más no corregida.* A la luz de la luna todo puede ocurrir. Un saludo, un abrazo, un beso, una declaración, una correspondencia, un rompimiento y un reencuentro. Este fue el caso para Ethan Edwards y Micae...
