14:35 p. m.
Chris Anderson
¡Pip, pip, pip!
Ese mismo sonido se repetía una y otra vez en mis oídos, esa repetición se me hizo molesto e irritante. Aun así, pude reconocer al instante qué lo causaba.
Un electrocardiograma.
Abrí los ojos lentamente, tratando de acostumbrarme a la luz resplandeciente que entraba por la ventana. Cuando mi vista se aclaró, noté que estaba en una habitación pintada completamente de blanco, con todo tipo de herramientas médicas. Me sentí desconcertado.
¿Estaba en un hospital?
—Maldito bastardo de Byers... ¿No querrás saber lo que te espera cuando te vea? —sentencié entre dientes.
Intenté levantarme de la camilla, pero al hacerlo, un punzante dolor en la cabeza me obligó a soltar un quejido. Me detuve y me quedé sentado, respirando hondo para procesar lo que estaba pasando. No había terminado de ordenar mis pensamientos cuando la puerta se abrió de golpe, sobresaltándome.
—¡CHRIS! —Mike entró alarmado, gritando mi nombre—. ¡Genial! ¡Sigues vivo! —exclamó, levantando ambos brazos con alivio. En su rostro, ente la mejilla y el ojo, se coloraba un moretón, que me hizo entender que seguramente su abdomen y pecho están peor, ahí fue donde recayeron la mayoría de golpes.
—Si esa es tu manera de agradecerme por haberte defendido de ese idiota, déjame decirte que eres pésimo. —dije con seriedad.
Las manos bajaron del cielo y una se colocó en su nuca sobándose. —¿Estás enojado conmigo? —preguntó algo desanimado.
—No lo estaré si me cuentas por qué carajos te metiste en una pelea con el arrogante de Zack Byers —repliqué, relajando un poco mi expresión.
—En realidad, él empezó la pelea —corrigió Mike, bajando la mirada—. Pero bueno, lo que pasó fue que...
...
Y ahí estábamos, dos chicos en una habitación de hospital, con un corazón roto y la mitad de una cara destrozada.
Lo que me contó Mike parecía sacado de una película. Al parecer, por fin se le había quitado la ceguera y terminó con Allison... pero no de la mejor forma.
Según su relato, cuando nos reencontramos en la cancha de básquet, minutos antes, Katherine se le acercó y le dijo que había visto a Allison y Zack besándose, entrando luego a la habitación del conserje, y saliendo tiempo después totalmente desarreglados. Me sentí como un idiota: recordé haber visto a Allison así justo ese día, pero jamás se me ocurrió pensar que le estaba poniendo los cuernos a mi amigo.
Mike, por supuesto, no le creyó a Katherine. Se frustró, dudó de su relación y fue a la cancha a desquitarse con el balón. Luego de hablar conmigo, se calmó un poco y entró a clase. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando todos los celulares empezaron a sonar con una notificación: un video anónimo enviado a toda la universidad mostraba a Allison y Zack besándose.
Mike, incrédulo, salió corriendo del aula, encontró a Allison en su casillero y comenzó a reclamarle a gritos. La gente se detuvo a mirar. Se le fue un poco la mano con los insultos, pero vamos, ¿a quién le gusta que lo engañen? Para más colmo, un chismoso fue corriendo a contarle a Zack, y el niño mimado de papá apareció furioso para partirle la cara al que insultó a "su chica".
Y así fue como la pelea se hizo viral en toda la universidad.
Vaya.
¿Todo eso pasó mientras yo daba mi examen de microbiología, pensando que sería un día normal?
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My Sunflower
RomanceMaisie Lee se consideraría una persona como las otras, de no ser que desde tan corta edad le diagnosticaron dos enfermedades, una del corazón y otra en los pulmones, que la obligan a quedarse de forma permanente en el hospital. Conociendo el exterio...
