Lunes 26 de agosto del 2006
8:30 a. m.
Maisie Lee
Hay dos maneras de vivir: una, como si nada fuera un milagro, y otra, como si todo lo fuera.
Para mí, no existen los milagros. No me malinterpreten, simplemente soy realista. Acepto mi realidad... y mi destino.
Siempre he pensado mucho en la muerte. ¿Qué hay después? ¿Existe realmente un paraíso? ¿Dónde estaré? Son preguntas que nadie puede responder con certeza, pero pronto lo descubriré, conforme pase el tiempo.
Me diagnosticaron con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) cuando tenía apenas cinco años. Dos años más tarde, llegó un nuevo diagnóstico: Taquicardia Ventricular.
Los doctores dicen que es un "milagro" que aún siga viva. Yo prefiero llamarlo suerte.
EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica)
¿Cómo empezar a describirlo? En pocas palabras, mis pulmones están jodidos.
La EPOC es una obstrucción crónica del flujo de aire en los pulmones, lo que me impide respirar con normalidad.
Se divide principalmente en dos afecciones: enfisema y bronquitis crónica.
El daño que produce es irreversible. Así que sí, estoy condenada a convivir con esto toda mi vida.
Los síntomas son conocidos: dificultad para respirar, silbidos al exhalar, tos persistente con flema...
Mi tratamiento incluye broncodilatadores, inhaladores, esteroides y, cómo no, oxigenoterapia.
Llevo una cánula la mayor parte del día (unas 15 a 18 horas), especialmente mientras duermo.
Cada seis o siete años, si tengo suerte, necesito un trasplante de pulmones.
Taquicardia Ventricular (Arritmias Ventriculares)
A los siete años, como si no fuera suficiente, me diagnosticaron taquicardia ventricular: una alteración del ritmo cardíaco.
Mi corazón late muy rápido, muy lento o sin coordinación. Como si se olvidara de cómo ser un corazón.
Dolor en el pecho, desmayos, mareos, dificultad para respirar. También puedo sufrir paros cardíacos.
Tomo antiarrítmicos, algunos medicamentos para controlar el ritmo... y otra lista de pastillas que apenas recuerdo.
Para esto también se requiere un trasplante cada cinco o diez años.
En resumen:
EPOC = 4 pastillas al día.
Taquicardia = 2 pastillas más.
Y esa... esa es mi vida.
Me levanto, me arreglo, desayuno, revisiones médicas, medicamentos, dibujo, más medicamentos, almuerzo, más revisiones, pastillas otra vez, meriendo... y a la cama.
Un ciclo interminable.
¿Y mis padres? Vienen a verme casi todos los días, a veces por la mañana, otras por la tarde.
Pero ellos son quienes sufren lo peor de esto. Ver a su hija apagarse lentamente... no me imagino algo más desgarrador.
Tok, tok.
Unos golpes fuertes en la puerta me despertaron.
Me estiré y, con la voz cargada de cansancio, respondí:
—Adelante...
La puerta se abrió y apareció una mujer afroamericana con su sonrisa de siempre.
—Oh, hola, Honey —saludé, acompañada de un gran bostezo.
—Buenos días, dormilonas —entró jalando un carrito con dos bandejas de desayuno y mis medicamentos. Lo dejó a un lado y se acercó a mi cama—. ¿Aún no despierta? —miró a Mía, que seguía con el rostro enterrado en la almohada. Negué con la cabeza.
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My Sunflower
RomanceMaisie Lee se consideraría una persona como las otras, de no ser que desde tan corta edad le diagnosticaron dos enfermedades, una del corazón y otra en los pulmones, que la obligan a quedarse de forma permanente en el hospital. Conociendo el exterio...
