El tormento de la tentación pt2

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—Estoy a horcajadas sobre ti. Y estoy tan mojado y tú tan empalmado…, duro
como una piedra. Me pongo de rodillas justo encima de tu polla… el se pone de
rodillas. Y entonces empieza a descender, hasta que su pene roza justo…

Minho se estremeció y soltó su hinchada polla.

—Jódete Jihyo. —Dirigió hacia ella la ira que lo dominaba, por presionarle. Y
hacia sí mismo, por permitirlo—. ¿Crees que quiero eso? ¿Crees que esto es lo que  necesito?

—Sí —respondió, tajante—. Lo creo.

—Te equivocas.

—Minho…

No oyó nada más de lo que pensara decirle. Colgó el teléfono; se sentía furioso,  sucio y muy cabreado.

Llamaron a la puerta.

—¿Qué? —bramó.

Changbin entró mientras Minho se volvía a colocar la toalla alrededor de la cintura, pero no pudo ocultar su erección.

Changbin enarcó una ceja.

—¿Interrumpo?

—Que te jodan.
Los ojos de su amigo se clavaron en la toalla.

—Lo siento. Pero no eres mi tipo .

Minho ni siquiera se molestó en buscar una aguda réplica.

—¿Qué ocurre?

—Solo he venido para averiguar si la ducha te había cabreado de alguna forma  concreta o si resulta que ahora te ha dado por maltratar lo que hay en los cuartos de  baño. —Señaló con un gesto la mano vendada de Minho —. ¿Estás bien?

—En realidad, no es uno de mis mejores días.

—¿Quieres contarme por qué?
Minho lo observó en silencio.

—Ni se te ocurra mirarme así —se defendió Changbin —. Tú y yo lidiamos con  escoria como Ortega todos los días. Y, sí, esto es personal. Pero no atravesarías una  puerta de cristal con la mano por algo así. De hecho, solo se me ocurre una cosa  capaz de alterarte de ese modo.

Minho entrecerró los ojos.

—¿El qué?

—Has visto a Jisung. Tengo razón, ¿no? No habló contigo por teléfono. Fue a tu
casa. Te lo contó en persona.

—¿Y qué si fue así?

—Tú lo sabes mejor que yo. —Changbin se sentó en la cama, como si se tratara de una  charla trivial, mientras Minho rebuscaba su ropa en la bolsa para vestirse—.  Desconozco toda la historia que hay entre ustedes dos, pero sé mucho —prosiguió —. He visto mucho. Y sé que los dos están sufriendo. Resulta irónico, ya que le dices
a todo el mundo que se mantienen alejados para que las cosas sean más fáciles. Eso es una chorrada. Solo conseguen hacerlo más difícil.

—No te pongas en plan loquero. Ya he rebasado el límite de lo que puedo
aguantar en un día. Y, para serte sincero, no sabes una mierda.

—Puede que no. —Se encogió de hombros—. Solo digo que eres mi mejor
amigo. Si te perdiera, lucharía para recuperarte.

Minho se metió una camisa por la cabeza y miró a su amigo con expresión
ceñuda.

—¿Qué crees que sabes? ¿Qué crees que ocurrió? ¿Que nos peleamos? ¿Qué
tuvimos diferencias de opiniones sobre nuestro alojamiento durante el secuestro?

—No seas imbécil. Y da igual lo que yo sepa o crea saber, o lo que piensen los
demás.

Minho ladeó la cabeza; había captado algo inesperado en el tono de Changbin, más  que en las palabras concretas.

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