Nuestro primer beso

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Minho  estaba metiendo de cualquier manera sus camisetas en una bolsa de viajecuando Jisung irrumpió en su dormitorio con unos boxers y una camiseta de Bugs Bunny. Tenía catorce años, igual que él, y Minho no tenía ni idea de si su cuerpo se había comenzado a desarrollar   pronto o tarde para una chico, solo sabía que era
perfecto. Y era consciente de que pensaba mucho, demasiado, en ello.

—Changbin me lo acaba de contar —dijo, cerrando la puerta de golpe—. ¿Es verdad?

—Depende de a qué te refieras.
Jisung le miró con el ceño fruncido.

—¿De verdad papá te manda a un internado en Londres?

A minho le habría gustado responderle algo así como «¿Qué? ¿Acaso piensas queestoy haciendo la maleta por diversión?». Pero vio las lágrimas en sus ojos y las palabras se marchitaron en su garganta. No era Jisung con quien estaba cabreado. Era consigo mismo. Y con su padre.

Pero era a Jisung a quien más iba a echar de menos.
Dejó la bolsa y se sentó en el borde de su cama.

—Sí. Es verdad. Me sorprende que mamá no te lo haya dicho.

—A mí también. —Había estado en un campamento  durante la última
semana. Mientras, Minho se había estado divirtiendo con sus amigos. Y robando
coches, hasta que le pillaron con uno. El que hacía que su padre le mandara lejos—.
¿Por qué lo hiciste? Te dije que Moonbin  y Sanha  no son trigo limpio. ¿Por qué seguiste
saliendo con ellos?

Minho no podía responder. No había una razón. O quizá sí. Quizá fuera algo tan sencillo como que él también era malo, como sus padres biológicos, y por eso se comportaba como un gilipollas.
Quizá por eso el único con el que fantaseaba era su hermano.

—Te mandan lejos de aquí por tu culpa. Por Dios, ¿en qué estabas pensando? —
Se limpió sin contemplaciones la lágrima que escapó de uno de sus ojos—. A veceseres un imbécil.

Minho  exhaló una sonora bocanada.

—No es solo por los coches.

—¿Qué? ¿También te drogas? Sé que a veces fumas hierba, así que no finjas queno lo haces .

—No son las drogas —dijo—. Y solo fue un par de veces.

—Entonces ¿qué?
Inspiró hondo.

—Tú.
Jisung frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

—¿Te acuerdas de hace unos meses? ¿La vez que me quedé dormido en tu cama?

—Sí. ¿Qué pasa?

—Kento me vio salir de tu cuarto.

—¿Y qué? Nunca hemos hecho nada.
«Pero queríamos hacerlo», estuvo a punto de decir, aunque no lo hizo. No tuvoque hacerlo. Jisung lo sabía tan bien como él.Se limitó a encoger un hombro y a recordar lo que su padre le había dicho.

—Dijo que estaba mal.
Se llevó una mano a la boca para morderse la uña del pulgar, pero se obligó a nohacerlo.

—¿Qué estaba mal?
Su voz era casi un susurro.
Minho tragó saliva, luego se concentró en su pulgar.

—La forma en que te miro.

—Oh.

—Dijo que estaba mal y que si alguien lo descubría sería peor. Dijo que nos
desheredaría. Que renegaría de nosotros. —Volvió la cabeza para mirarlo—. Dijo que era pecado, no sólo el hecho de que seas mi hermano si no también el que eres chico.

—¿Cómo me miras?
Minho se levantó de la cama; se sentía demasiado expuesto. Un hormigueo le recorrióla piel, como cuando se hacía una paja pensando en Jisung , justo antes de estallar.
Quería responder, pero ¿cómo demonios iba a decirle eso?

—¿Minho?

—Como si te deseara —balbuceó.

—Oh. —Se humedeció los labios—. ¿Me deseas?

Oh, Dios, le estaba matando. Tomó aire para armarse de valor.

—Sí. Sabes que sí.
Jisung se volvió para mirarle de frente.

—Yo también —susurró.
Minho pensó que aquellas eran las palabras más mágicas del mundo.

—¿Le crees? —preguntó—. Que es pecado, quiero decir.

—No. Y aunque lo fuera, me da igual.
Jisung asintió, como si lo estuviera pensando.

—¿Está papá aquí?
Minho negó con la cabeza.

—Esta noche está en Chicago.

—Entonces ¿puedo quedarme contigo?
Deseaba gritar que sí. Pero le recordó que había personal de servicio.

—Si alguien te ve…

—Podemos poner el despertador. Volveré a mi cuarto temprano. Pero mañana temarchas para siempre.

Minho estuvo a punto de echarse a reír.

—Que no me voy a la luna.
Jisung hizo una mueca.

—Para el caso es lo mismo. Y no es que vayamos a hacer nada.
No debería sentirse tan decepcionado.

—No. Claro que no.

—Pero a lo mejor… es decir, ¿crees que…? Yo solo… Oh, mierda. Minho, ¿medarías un beso de despedida?

Minho no respondió, al menos no con palabras. Pero se volvió y se acercó a Jisung con los nervios a flor de piel, sin saber muy bien lo que estaba haciendo. Solo sabía que deseaba aquello. A Jisung. Y cuando le rozó los labios con los suyos, todo cobró sentido. Todo pareció real.
Todo pareció estar bien.

Y mientras la saboreaba, mientras exploraba su boca generosa y sus labios suaves,pensó que su padre estaba loco. Porque aquello era demasiado bueno como para que
estuviera mal.

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