Minho oyó cerrarse la puerta y se llamó imbécil de mil formas distintas. Jamás
debería haber puesto a prueba sus límites con Jisung.
Para el caso, jamás debería haberlo besado, jamás debería haberlo tocado.
Tuvieron su momento cuando eran jóvenes y ambos tenían que superarlo.
Estaban persiguiendo fantasmas y eso iba a destruirlos a los dos.
Se levantó y se apoyó contra la encimera del baño antes de mirarse en el espejo.
¿Qué demonios le pasaba? Era un hombre fuerte. Dirigía un imperio multimillonario.
Lideraba una organización secreta. No era débil. No rehuía las tareas difíciles. Cuando tenía un proyecto o una misión, hacía lo que fuera necesario para llevarlo a término. Las emociones no intervenían.
Entonces ¿por qué había dejado que lo hicieran con Jisung?
Porque lo deseaba.
Porque jisung le deseaba. O al menos así había sido hasta que había descubierto aquella nueva verdad sobre él. Vete tú a saber qué pensaría ahora de él.
Pero que quisieran no significaba que pudieran tenerlo.
Llevaban años torturándose.
No sabía cómo parar. No sabía cómo arrancarse el corazón y sacar a Jisung de él.
Pero tenía que averiguarlo.
Porque si seguían así, acabaría arrastrándolo al fondo. Y lo amaba demasiado como para que eso ocurriera.
Se frotó la nuca para mitigar la jaqueca que amenazaba con instalarse. Jamás se había acostumbrado a que la polla le fallase, pero ya no le sorprendía. Todas las veces, todas y cada una de las veces, perdía la erección. De hecho, ya casi nunca lo intentaba.
Pero eso no era todo. Mierda, ni siquiera podía follarle la boca a cualquiera y
correrse. Jisung podía chupársela hasta el final de los tiempos y no serviría de nada. De hecho, no podía dejar que le masturbara con la mano o con lo que fuera .
O se corría por su propia mano, o nada, y no existía un solo terapeuta, un solo
medicamento que lo ayudara. No existía una cura mágica. Ya tendría que saberlo; lo había intentado todo.
Este era él; en quien lo habían convertido sus captores. Era todo un experto en satisfacer a los que pasaban por su cama. Joder, se trataba de una cuestión de orgullo y camuflaje. Si se marchaban convencidas de que las habían follado bien, las probabilidades de que se dieran cuenta de que en realidad no los habían follado eran
muchas menos.
Pero con los años, una parte de él había acabado creyendo que Jihyo tenía razón; que sería diferente si estuviera con Jisung. Ahora hasta eso había resultado ser una estupidez.
Suspiró. Siempre había dicho que Sung merecía más. Algo mejor. Y aunque
detestara la idea de que estuviera en brazos de otro hombre, sabía que era ahí donde debía estar. Era su hermano. Quizá no de sangre, pero eso no cambiaba la realidad.
Y la realidad era que ni siquiera debería estar pensando si su polla podía o no hacerlo feliz.
Una brusca llamada a la puerta le sacó de sus pensamientos. Se puso unos
pantalones de chándal grises que tenía colgados de un gancho detrás de la puerta del baño y fue a abrir. Una vez más, supuso que sería Changbin y una vez más se equivocó.
Su padre estaba en el umbral, con las manos en los bolsillos de sus pantalones de golf a cuadros, su vestimenta habitual cuando no estaba en el despacho aunque no
tuviera una partida a la vista.
—Hola, papá. —No pudo disimular su perplejidad. Se hizo a un lado e invitó a su padre a pasar—. ¿Qué ocurre?
—¿Interrumpo tu llamada telefónica?
—¿Qué? —En cuanto la pregunta escapó de su boca se dio cuenta de su error. Era evidente que su padre se había topado con Jisung y el había mentido para encubrirlos
—. No, hace unos minutos que he colgado. Pero estaba a punto de hacer otro par. — Echó un vistazo a su reloj de pulsera para darle realismo.
—Hum. Pues menos mal que te he pillado entre una y otra —respondió sin hacer caso de la indirecta—. Esperaba poder hablar contigo un rato.
—Genial. ¿Quieres algo de beber? Tengo zumo de naranja y agua con gas en la nevera. Y el bar está repleto, si quieres algo más fuerte.
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Proyecto Liberación
FanfictionTodo el mundo cree que el atractivo y millonario Lee Minho es un conquistador impenitente. Siempre rodeado de las chicas y chicos más bellos y liberados, frecuenta fiestas esplendorosas donde el sexo se bebe como si fuera champán. Lo que casi nadie...
