«Y el premio al peor modo de manejar una situación es, una vez más, para Han Jisung ».
Frunzo el ceño mientras titubeo frente a la puerta del cuarto de baño, con la mano alzada para llamar. Pero no llamo. No sé qué decir.
Suspiro; me odio por sentirme confuso y ultrajadi. Por no darme cuenta de que había perdido la erección y por dar por hecho que solo me estaba provocando otra vez.
Y mi cara… Oh, Dios mío, debía de ser todo un poema, y esa no es ni por asomo la mejor manera de tratar un ego masculino frágil. Pero no me lo podía creer, ni siquiera cuando mi mente regresó a la realidad. Al fin y al cabo, estamos hablando del rey del sexo.
Repaso sus palabras en la cabeza.
¿Ellos le destruyeron?
Me tuvo presente en su cabeza cuando ellos, ¿qué?
¿Que yo era su luz?
¿Qué significa eso?
Pero esa no es una pregunta que en realidad necesite hacer. Sé muy bien lo que significa. Le torturaron. Le quebraron.
El Carcelero. La Mujer.
Le destrozaron.
Pienso en todas aquellas interminables semanas tras el chapucero asalto en las que no sabíamos si Minho estaba vivo o muerto. ¿Era eso lo que le estaban haciendo? ¿Destrozar a un chico inocente por diversión? ¿Para castigarle? ¿Por el pecado de
acostarse con su hermano?
No lo sé, pero creo que puede ser cierto. Todos los terapeutas a los que he visto en los últimos diecisiete años han incluido el síndrome de culpabilidad del superviviente entre mis muchos diagnósticos.
Siempre he sabido que era una evaluación acertada, pero solo ahora entiendo la magnitud de lo que minho sufrió sin mí. Sigo sin saber con certeza qué le hicieron; de hecho, hasta hace unos instantes creía que no lo recordaba.
Ahora sé que no es así. Sí que lo recuerda, aunque haya jurado lo contrario. Sospecho que se acuerda de todo. De cada horrible momento.
«Me destrozaron -ha confesado- Pero estabas presente en mi cabeza».
Me estremezco al evocar esas palabras. Él aún me desea, aunque debería odiarme. Porque yo estaba sano y salvo en casa mientras él se quedó atrás para sufrir. No sé cómo seguir adelante.
Me visto otra vez de mala gana. Meto mis cosas en la bolsa y me detengo junto a la puerta del baño. No sé si prefiere hablar conmigo o estar solo, pero no soporto el silencio.
Llamo con suavidad.
—¿Minho ? Minho , sal y habla conmigo, por favor.
Él no responde. Cierro los ojos y exhalo, triste por él y por nosotros. Y también
asustado. Porque pensé que íbamos a avanzar y ahora creo que estamos más lejos que cuando empezamos.
Me dirijo a la puerta principal y salgo al sol de última hora de la tarde, pero al
instante deseo haberme quedado dentro.
Mis padres están aquí mismo, paseando por el pequeño sendero que atraviesa el interior de la isla.
Mi madre sonríe y saluda con la mano, pero la expresión de mi padre es de una furia extrema. Mucho me temo que parezco culpable, pero marcharme en dirección
contraria sería todavía peor.
Así que inspiro hondo y pongo a prueba mis dotes interpretativas.
—¡Hola! —exclamo, agitando la mano—. Me dio pena no ver a Minho en el
desayuno, así que se me ha ocurrido pasar a saludarle.
—Espero que no se pierda la cena —dice mi madre.
—No sé qué planes tiene —respondo—. Tenía una llamada de trabajo. —Mi voz suena alegre y animada—. Le he dicho que le veré más tarde. —Abrazo a mi madre y le doy un beso en la mejilla a mi padre—. Voy a cambiarme para la cena. Los quiero —digo con el tono animado que parece que soy incapaz de apagar.
Me despido de ellos agitando la mano y me las arreglo como puedo para no salir corriendo hacia mi bungalow.
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Proyecto Liberación
FanficTodo el mundo cree que el atractivo y millonario Lee Minho es un conquistador impenitente. Siempre rodeado de las chicas y chicos más bellos y liberados, frecuenta fiestas esplendorosas donde el sexo se bebe como si fuera champán. Lo que casi nadie...
