Lee minho en un cabronazo de marca mayor.
Resoplo un poco mientras hablo para intentar recobrar el aliento. Acabo de correr casi cinco kilómetros por el río Han y ahora estamos de vuelta en la entrada de la calle Setenta y dos, esperando a que el semáforo se ponga verde para cruzar.
A mi lado, Jeongin sigue ejercitándose sin moverse del sitio.
—¿Porque se fue con una chica buenota argentina a una fiesta?
—¿Fue a una fiesta? —repito—. Lo más seguro es que se follara al idiota en la
pista de baile.
Me doblo por la mitad y resuello. Odio correr ,el extendido mito de que correr
es bueno es una estupidez como una catedral de grande, pero me obligo a hacerlo, igual que me obligo a hacer pesas, a practicar en el campo de tiro y a ir a clases de defensa personal. Puede que nunca vuelvan a atacarme, pero si lo hacen, repartiré un poco de leña antes de salir corriendo por patas.
—Has visto la foto —le recuerdo.
—¿Cómo no iba a hacerlo? Me la has puesto en toda la cara por lo menos cinco veces antes de llegar al parque.
Frunzo el ceño porque tiene razón. Anoche no tuve pesadillas y me he despertado de buen humor,disfrutando de una agradable resaca de minho tras nuestra conversación. Luego he encendido el ordenador y lo primero que he visto son unas ochocientas fotos distintas del hombre que deseo en plan íntimo con otra mujer para variar una mujer alguien que no soy yo.
Y de repente mi buen humor se ha ido a la mierda. He guardado la foto en mi móvil para poder compartir mi sufrimiento.
—Para empezar, no creo que sea solo una chica buenota —me rebate Jeongin con sensatez—. La he buscado en el celular antes de salir a correr y resulta que ha estudiado en Oxford.
Eso no hace que me sienta mejor.
—Y además… Bueno, creo que ambos sabemos lo que viene en segundo lugar.
—¿Que no debería estar celoso de con quién se acuesta mi hermano? Sí, ambos lo sabemos.
Suspiro. Tiene razón. Jeongin suele tenerla. Pero eso no hace que la punzada de celos y la sensación de pérdida resulten menos dolorosas. Y el hecho de que Minho y yo no compartamos una sola gota de sangre solo hace que me sienta peor, no mejor.
Nada podría separarnos si no existieran esos documentos de adopción. Pero están ahí,
somos hermanos. Y eso no solo lo convierte en algo prohibido, sino que además hace que sea técnicamente ilegal.
Jeongin es la única persona aparte de Minho que conoce mis secretos. Todos. El secuestro. Lo que ocurrió entre Minho y yo. Y todo lo demás. Porque no es solo que Minho y yo perdiéramos juntos la virginidad. Si solo fuera eso, creo que podría seguir adelante. Podría, con toda la razón, echarle la culpa al trauma. Al miedo.
A la necesidad de consuelo y de contacto humano. Pero no es solo eso. Por extraño que parezca, nuestro cautiverio fue una excusa para consumar a nivel físico algo que habíamos sellado en el plano emocional muchos años antes.
Y es aún más doloroso porque una vez juntos, el destino, las circunstancias y las normas sociales nos separaron.
No le conté todo esto a Jeongin de entrada. Cuando le conocí solo quería
follármelo. O, para ser más exactos, solo quería que me follaran. Me estaba portando mal. Actuando como un estúpido. Coches veloces, sexo rápido y montones de malas decisiones.
Le conocí en un bar cerca de Columbia. No era un estudiante; lo había dejado el
semestre anterior para trabajar como camarero y me hizo reír mientras me tomaba una copa de vino y picoteaba almendras tostadas. Permanecí allí sentado hasta que cerraron, me lo llevé a casa y dejé que me follara como un loco.
Decir que yo era un desastre por entonces sería quedarme corto. Fui de chico en chico buscando algo, a alguien, que me hiciera sentir entero.
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Proyecto Liberación
FanfictionTodo el mundo cree que el atractivo y millonario Lee Minho es un conquistador impenitente. Siempre rodeado de las chicas y chicos más bellos y liberados, frecuenta fiestas esplendorosas donde el sexo se bebe como si fuera champán. Lo que casi nadie...
