Da un paso hacia mí, pero yo niego con la cabeza.
—Jisung Por favor, Tenemos que hablar.
No puedo… No puedo asimilarlo. No puedo enfrentarme a esto. No al hecho de que esté en medio de algo que para mí es tan reprobable. No al hecho de que creía conocerle mejor que nadie y ahora mi mundo entero se derrumba a mi alrededor.
—Jisung —repite—. Jisung, por favor.
—No.
Es la única palabra que puedo decir. Y cuando da otro paso hacia mí, doy media vuelta y echo a correr escaleras arriba.
Estoy sin resuello cuando llego a mi auto, y trago aire mientras me esfuerzo por meter la llave en el contacto. No debería conducir, las lágrimas me ciegan, pero me marcho de todas formas y aparco en la acera, delante de la casa de un vecino, hasta
que soy capaz de recobrar la compostura.
O al menos serenarme lo suficiente como para poder conducir sin matarme.
No sé cuánto tiempo me quedo ahí, esperando en parte que Minho aparezca detrás de mí. No lo hace, y no puedo evitar reír ante la ironía. Me conoce bien y sabe que
necesito estar solo ahora mismo. O, al menos, necesito no estar con él.
No quiero estar sola, así que vuelvo a la ciudad y llamo a Jeongin. Solo consigo
contactar con su buzón de voz y le dejo un mensaje incoherente, porque solo consigo
farfullar entre lágrimas.
Estoy hecho polvo.
Estoy agotado cuando llego a casa. Pocas horas de sueño y demasiada adrenalina.
Ahora me he derrumbado.
Entro en la casa tambaleándome, pero agradezco el agotamiento. Quizá me
desmaye. Quizá me duerma y no tenga pesadillas.
Quizá despierte y el mundo volverá a estar cuerdo y me dé cuenta de que la
pesadilla es esta.
Entro en la cocina para coger una copa de vino que llevarme a la cama y grito
cuando veo a Jeongin y a Seungmin sentados en mi mesa de desayuno.
—¿Qué demonios está pasando? —pregunto cuando Jeongin se pone de pie y se acerca a mí.
—¿Estás bien? He intentado devolverte la llamada, pero me ha saltado el buzónde voz.
Muevo la cabeza, confuso, y me doy cuenta de que debo de haber silenciado el móvil. Le echo un vistazo rápido, esperando encontrar una llamada perdida de Minho.
Pero no tengo ninguna y no sé si me siento aliviado o decepcionado.
—Joder, Jisung, estaba preocupado. ¿Qué ha ocurrido?
—Minho —digo—. Creo… creo que puede haber terminado justo cuando por fin empezaba.
Decir esas palabras, esas horribles palabras, me provoca náuseas. Me siento en una de las sillas cuando Seungmin se levanta. Hay una botella de vino abierta sobre la encimera y ellos ya tienen una copa cada uno. Seungmin saca una copa limpia y me
sirve.
—¿Quieres hablar de ello? —pregunta con amabilidad.
Niego con la cabeza.
—En realidad sí. Pero no puedo. Es… es duro. Es personal.
No puedo hablarles de Liberación. Aunque represente algo que aborrezco, no puedo compartir ese secreto.
Mis ojos se desvían hacia Jeongin, que parece confuso. Sabe muy bien que hay muy pocas cosas que sean demasiado personales entre nosotros dos.
—¿Ha sido por la habitación? ¿Le he espantado?
—No. Sí. No —decido—. Eso solo ha sido el detonador. Hay problemas. Cosas
de su pasado. Cosas que es decisión suya compartir o no, ya sabes. Pero…
—Pero se interponen entre vosotros —termina Seungmin por el—. Entiendo.
Tomo un trago de vino, agradecido porque mis amigos estén aquí, aunque en realidad no pueda contarles lo que está ocurriendo.
—¿Pueden solucionarlo? —quiere saber Jeongin.
—No lo sé —respondo con sinceridad.
¿Cómo narices se soluciona un desacuerdo tan grave?
—Idioteces —dice Seungmin con voz serena, pero expresión feroz.
—¿Cómo dices?
A pesar de todo, me resulta divertido. Esa no es una respuesta típica en el.
—Si Minho muriera mañana, ¿lamentarías cada día que habéis pasado separados por la razón que sea?
—La miro boquiabierto —. Joder, hablo en serio; puede que se
haya terminado de verdad. Pero si pueden superarlo, entonces empieza a escalar esa montaña, por Dios bendito. ¿No han perdido ya demasiado tiempo?
«Así es», pienso. Sí que lo hemos perdido.
Pero no sé cómo superar esto.
Sigo sin saberlo cuando despierto más tarde esa mañana ni cuando vuelvo a
acostarme, demasiado triste, frustrado y perdido como para importarme que haga un día precioso y que me lo esté perdiendo.
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Proyecto Liberación
FanfictionTodo el mundo cree que el atractivo y millonario Lee Minho es un conquistador impenitente. Siempre rodeado de las chicas y chicos más bellos y liberados, frecuenta fiestas esplendorosas donde el sexo se bebe como si fuera champán. Lo que casi nadie...