Capítulo 19

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LUHAN

Cuando despertó esa mañana, sintió como si fuera su cumpleaños, como solía sentirse en su cumpleaños, antes, cuando había una oportunidad de helado.
Tal vez su papá tenía helado... si lo hacía, él probablemente lo botaría antes de que Luhan llegara allí. Siempre estaba lanzando comentarios acerca de su peso. Bueno, solía hacerlo, sin embargo. Tal vez cuando dejó de importarle por completo, había dejado de importarle eso también.
Luhan se puso una vieja camiseta a rayas e hizo que su mamá le pusiera una de sus corbatas, como, anudarla en serio, alrededor de su cuello.
Su mamá realmente besó a Luhan para despedirse en la puerta y le dijo que se divirtiera, y que llamara a los vecinos si las cosas se ponían extrañas con su papá.
Claro, pensó Luhan, me aseguraré de llamarte si la prometida de papá me llama puto y luego me hace usar un baño sin una puerta. Oh, espera...
Estaba un poco nervioso. Había pasado un año, al menos, desde que había visto a su papá, y un poco más antes de eso. Él no lo había llamado para nada cuando vivió con los Hickmans. Tal vez no sabía que ella estaba allí. Él nunca le contó.
Cuando Ricky comenzó a venir, Lian solía ponerse muy enojado y decía que iba a mudarse con su papá, lo que era una promesa malditamente vacía, y todos lo sabían. Hasta Tao, que era sólo un niño.
Su papá no podía soportar tenerlos alrededor hasta por unos pocos días. Él solía recogerlos de la casa de su mamá, y luego los dejaba en la casa de la mamá de él mientras él salía y hacía lo que fuera que hacía los fines de semana. (Probablemente, montones y montones de marihuana).
Sehun se carcajeó cuando vio la corbata de Luhan. Eso era hasta mucho mejor que hacerlo sonreír.
—No sabía que nos estábamos disfrazando —dijo cuando se sentó a su lado.
—Estoy esperando que me lleves a algún lugar lindo —dijo él suavemente.
—Lo haré... —dijo. Tomó la corbata en ambas manos y la enderezó—. Algún día.
Era mucho más probable que dijera cosas como esa en el camino a la escuela que en el camino a casa. A veces se preguntaba si él estaba completamente despierto. Se giró prácticamente de lado en su asiento.
—¿Así que te irás justo después de la escuela?
—Sí.
—Y me llamarás tan pronto llegues allá...
—No, te llamaré tan pronto los niños se tranquilicen. Realmente tengo que hacer de niñero.
—Voy a preguntarte un montón de preguntas personales —dijo él, inclinándose hacia adelante—. Tengo una lista.
—No tengo miedo de tu lista.
—Es extremadamente larga —dijo él—. Y extremadamente personal.
—Espero que no estés esperando respuestas...
Se recostó en su asiento y la miró.
—Espero que te vayas —susurró—. Para que podamos finalmente hablar.
Luhan se paró en los escalones delanteros después de la escuela. Esperaba encontrar a Sehun antes de que se subiera en el autobús, pero debió haber llegado tarde.
No estaba seguro de qué tipo de auto buscar; su papá siempre estaba comprando autos clásicos, luego vendiéndolos cuando el dinero faltaba.
Estaba empezando a preocuparse de que no fuera a venir para nada —pudo haber ido a la escuela equivocada o cambiado de opinión— cuando él tocó la bocina.
Se acercó en un viejo Karmann Ghia convertible. Lucía como el auto donde murió James Dean. El brazo de su papá estaba colgando por la puerta, sosteniendo un cigarrillo.
—¡Luhan! —gritó él.
Él caminó al auto y se subió. No había cinturones de seguridad.
—¿Es todo lo que trajiste? —preguntó él, mirando su mochila del colegio.
—Es solo una noche. —Se encogió de hombros.
—Está bien —dijo, alejándose del espacio de estacionamiento demasiado rápido. Había olvidado cuán mal conductor era. Hacía todo demasiado rápido y con una mano.
Luhan se abrazó en el tablero. Estaba frío afuera, y una vez que estaban avanzando, se puso más frío.
—¿Podemos subir la parte superior? —gritó.
—No la he arreglado todavía —dijo su papá, y rió.
Todavía vivía en el mismo apartamento de dos plantas en el que vivió desde que se separó de su madre. Era sólido y de ladrillo, y aproximadamente un paseo de diez minutos desde la escuela de Luhan.
Cuando entraron, él le echó un mejor vistazo.
—¿Es eso lo que todos los chicos geniales están usando estos días? —preguntó. Él bajó la mirada a su enorme camiseta blanca, su gran corbata estampada y sus medio muertos pantalones de cordón morado.
—Síp —dijo simplemente—. Este es básicamente nuestro uniforme.
La novia de su papá —prometida— Donna, no salía del trabajo hasta las cinco, y después de eso tenía que recoger a su hijo de la guardería. Mientras tanto, Luhan y su papá se sentaron en el sofá y miraron ESPN.
Él fumó cigarrillo tras cigarrillo, y tomó whisky de un vaso bajo. De vez en cuando el teléfono sonaría, y tendría una larga y risueña conversación con alguien acerca de un auto o un trato o una apuesta. Pensarías que cada persona que llamaba era su mejor amigo en todo el mundo. Su papá tenía cabello rubio y un redondo rostro de niño. Cuando sonreía, lo que era constantemente, toda su cara se encendía como una cartelera. Sí, Luhan ponía demasiada atención, él lo odiaba.
Su dúplex había cambiado desde la última vez que había estado allí, y era más que sólo la caja de juguetes Fisher Price en la sala de estar y el maquillaje en el baño.
Cuando lo visitaron por primera vez aquí —después del divorcio, pero antes de Ricky— el dúplex de su papá había sido un departamento desnudo de soltero. Ni siquiera tenía suficientes platos para que todos tomaran sopa. Le había servido a Luhan sopa de almejas en un vaso alto una vez. Y solo había tenido dos toallas.
—Una húmeda. —Había dicho—. Una seca.
Ahora Luhan se fijó en todos los pequeños lujos esparcidos y metidos alrededor de la casa.
Paquetes de cigarrillos, periódicos, revistas... cereales de nombre de marca y papel higiénico acolchado.
Su refrigerador estaba lleno de cosas que metías al carro sin pensar en ello solo porque sonaban bien. Yogurt de crema. Jugo de uva. Pequeños quesos individualmente envueltos en cera roja.
No podía esperar a que su papá se fuera para que pudiera comenzar a comerse todo.
Había montones de latas de Coca-Cola en la estantería. Iba a beber Coca como agua toda la noche, podría hasta lavarse la cara con ella. E iba a ordenar pizza. A menos que la pizza saliera de su dinero de niñera. (Eso sería justo como su papá. Él te llevaría a los limpiadores con letra pequeña). A Luhan no le importaba si comerse toda su comida lo molestaba o enloquecía a Donna. Podía nunca ver a ninguno de los dos de nuevo de todas maneras.
Ahora deseaba haber traído un bolso para pasar la noche. Podría haber llevado a casa latas de Chef Boyardee y sopa de fideos con pollo Campell para los niños pequeños. Se habría sentido como Santa Claus cuando llegara a casa...
No quería pensar en los niños pequeños justo ahora. O Navidad.
Intentó cambiar el canal a MTV, pero su papá le frunció el ceño. Él estaba al teléfono de nuevo.
—¿Puedo escuchar canciones? —susurró.
Él asintió
Tenía una vieja cinta de mezcla en su bolsillo, e iba a doblarlo para hacer una cinta para Sehun. Pero había todo un paquete de cintas vacías Maxell sobre el estéreo de su papá.
Luhan sostuvo un cassette hacia su papá, y él asintió, moviendo su cigarrillo sobre un cenicero con forma de una mujer africana desnuda.
Luhan se sentó en frente de cajones llenos de discos grabados. Estos solían ser los discos de sus dos padres, no solo de él. Su mamá no debió haber querido ninguno de ellos. O tal vez su papá solo los tomó sin preguntar.
Su mamá había amado este álbum de Bonnie Raitt. Luhan se preguntó si su papá alguna vez lo escuchó.
Se sintió de siete años, mirando sus discos. Antes él tenía permitido tomar los discos de sus protectores, Luhan solía ponerlos en el suelo y observar el arte. Cuando fue lo suficientemente grande, su papá le enseñó cómo limpiar las cintas con un cepillo de terciopelo y mango de madera.
Podía recordar a su madre prendiendo inciensos y poniendo sus discos favoritos —Judee Sill y Judy Collins y Crosby, Stills y Nash— mientras limpiaba la casa.
Podía recordar a su papá poniendo discos —Jimi Hendrix y Deep Purple y Jethro Tull—cuando sus amigos venían y se quedaban hasta tarde en la noche.
Luhan podía recordar yacer en su estómago en una vieja alfombra persa, bebiendo jugo de uva de un frasco de mermelada, siendo muy silencioso porque su hermano pequeño estaba dormido en la habitación siguiente, y estudiando cada disco, uno a uno. Turnando sus nombres una y otra vez en su boca. Cream. Vanilla Fudge. Canned Heat.
Los discos olían exactamente como siempre lo habían hecho. Como la habitación de su papá. Como el abrigo de Ricky. Como marihuana, se dio cuenta Luhan. Duh. Pasó los discos más prácticamente ahora, en una misión. Buscando Rubber Soul y Revolver.
A veces parecía como si nunca sería capaz de darle a Sehun algo como lo que él le había dado a él. Era como si él hubiera dejado todo este tesoro en ella cada mañana sin siquiera pensar en ello, sin cualquier sentido de lo que valía.
No podía pagarle de vuelta. No podía siquiera agradecerle apropiadamente. ¿Cómo puedes agradecerle a alguien por The Cure? ¿O los X-Men? A veces se sentía como si siempre estaría en deuda. Y entonces se dio cuenta de que Sehun no conocía a The Beatles.

Luhan & Sehun [HunHan]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora