Capítulo 54

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SEHUN

Estaba más nervioso por su manera de conducir una vez que llegaron a la ciudad.
Conducir en St. Paul no tenía nada que ver con conducir en Omaha.
Luhan le estaba leyendo el mapa, pero nunca había leído un mapa fuera de clase antes, y continuamente tomaban caminos equivocados.
—Lo siento —seguía diciendo Luhan.
—Está bien —dijo Sehun, contento de tenerlo sentada a su lado—. No tengo ninguna prisa.
Luhan apretó la mano sobre su pierna.
—He estado pensando... —dijo.
—Sí.
—No quiero que entres cuando lleguemos.
—¿Quieres decir que quieres hablar con ellos tu mismo?
—No... bueno, sí. Pero quiero decir... no quiero que me esperes.
Intentó mirarlo, pero tenía miedo de perderse de nuevo.
—¿Qué? —dijo—. No. ¿Y si no quieren que te quedes?
—Entonces ellos podrán encontrar la manera de devolverme a casa. Voy a ser su problema. Tal vez eso me dé tiempo para contárselo todo.
—Pero... —Yo no estoy preparado para que dejes de ser mi problema.
—Es lo más sensato, Sehun. Si te vas pronto, podrás regresar a casa por la noche.
—Pero si me voy pronto... —Bajó la voz—. Te dejaré antes.
—Tenemos que decirnos adiós de todos modos —dijo—. ¿Importa que sea ahora o dentro de unas horas o mañana por la mañana?
—¿Es una broma? —Lo miró, esperando que le devolviera la mirada—. Sí.

LUHAN

—Eso tiene más sentido —dijo. Y después se mordió el labio. La única forma de conseguir todo aquello era con fuerza de voluntad.
Las casas estaban empezando a parecer familiares, grandes casas de madera grises y blancas. Con un jardín trasero. Toda la familia de Luhan había ido allí para la Pascua un año después de que su padre se fuera. Su tío y su esposa eran ateos, pero aun así fue un viaje muy divertido.
No tenían hijos propios, probablemente por elección, pensó Luhan.
Probablemente porque sabían que los lindos niños crecían y se convertían en adolescentes problemáticos.
Pero el tío Yuan lo había invitado.
Él quería que fuera, al menos durante unos meses. Tal vez no debería contárselo todo de inmediato, tal vez acabara pensando que era precoz.
—¿Es esta? —preguntó Sehun.
Se detuvo frente a una casa de color gris azulado con un sauce en el patio delantero.
—Sí —dijo él. Reconoció la casa. Reconoció el Volvo de su tío en el camino de entrada.
Sehun pisó el acelerador.
—¿Adónde vas?
—Sólo... a dar la vuelta a la manzana —dijo.

SEHUN

Condujo alrededor de la manzana. Luego aparcó unas pocas casas más allá de la de su tío, por lo que podían verlo desde el auto. Luhan no podía apartar la mirada de la casa.

LUHAN

Tenía que despedirse de él. Ahora. Y no sabía cómo.

SEHUN

—¿Recuerdas mi número de teléfono verdad?
—867-5309
—En serio, Luhan.
—En serio, Sehun. Nunca voy a olvidar tu número de teléfono.
—Llámame en cuanto puedas, ¿de acuerdo? Esta noche. Y dame el número de tu tío. O, si no quiere que llames, envíame el número en una carta, en una de las muchas, muchas cartas que me vas a escribir.
—Él podría enviarme a casa.
—No. —Sehun soltó la palanca de cambio y lo tomó de la mano—. No vas a volver allí de nuevo. Si tu tío te envía a casa, ven a mi casa. Mis padres nos ayudarán a resolverlo. Mi padre ya nos dijo que lo haría.
La cabeza de Luhan cayó hacia delante.
—No te va a enviar a casa —dijo Sehun—. Él va a ayudarte... —Luhan asintió con la cabeza—. Y va a dejarte aceptar frecuentemente, en privado, llamadas de larga distancia por teléfono...
Él se quedó inmóvil.
—Oye —dijo Sehun, tratando de levantarle la barbilla—. Luhan.

LUHAN

Estúpido niño asiático.
Estúpido, hermoso niño asiático.
Gracias a Dios que no podía mover la boca en ese momento, porque si pudiera no podría parar la melodramática basura que le diría.
Estaba bastante segura de que tenía que darle las gracias por haberle salvado la vida.
No por lo de ayer, sino por casi todos los días desde que se conocieron. Lo que lo hacía sentir como el tonto, el débil. Si no puedes salvar tu propia vida ¿vale la pena salvarla?
No existen los príncipes azules, se dijo. No existe lo de felices para siempre.
Levantó la mirada hacia Sehun. Hacia sus dorados ojos verdes.
Me has salvado la vida, trató de decirle. No para siempre, no para bien. Probablemente sólo temporalmente. Pero me has salvado la vida y ahora soy tuyo. Todo lo que soy ahora es tuya. Por siempre.

SEHUN

—No sé cómo decirte adiós —dijo él.
Él le apartó el pelo de la cara. Nunca lo había visto tan hermoso.
—Entonces no lo hagas.
—Pero tengo que irme...
—Ve —dijo, con las manos en sus mejillas—. Pero no digas adiós. No es un adiós.
Él entornó los ojos y negó con la cabeza.
—Eso es poco convincente.
—¿En serio? ¿No puedes darme ni un momento de descanso?
—Eso de "no es un adiós" se dice cuando estás demasiado asustado para hacer frente a lo que realmente estás sintiendo. No te veré mañana, Sehun. No sé cuando te volveré a ver. Eso merece más que un "no es un adiós".
—No tengo miedo de enfrentarme a lo que siento —dijo.
—Tú no —dijo Luhan, con la voz rota—. Yo.
—Tú —dijo, rodeándolo con los brazos y prometiéndose a sí mismo que no sería la última vez—, eres la persona más valiente que conozco.
Él sacudió la cabeza, como si estuviera tratando de quitarse de encima las lágrimas.
—Sólo un beso de adiós.
Sólo por hoy, pensó. No para siempre.

LUHAN

Piensas que hacerse el duro con alguien lo acercará más. Crees que puedes mantener lo que sientes, gravado en ti, en la distancia.
Cada vez que Luhan se apartaba de Sehun, sentía su pérdida.
Cuando por fin salió de la camioneta, fue porque no creía poder soportar su contacto.
Sehun empezó a salir con él, pero lo detuvo.
—No —dijo Luhan—. Quédate ahí. —Miró ansioso la casa de su tío.
—Todo va a ir bien —dijo Sehun.
Él asintió con la cabeza.
—De acuerdo.
—Porque te amo.
Se echó a reír.
—¿Por eso?
—Eso es, realmente.
—Adiós —dijo—. Adiós, Sehun.
—Adiós, Luhan. Ya sabes, hasta esta noche. Cuando me llames.
—¿Y si no estás en casa? Dios, eso sería un anticlímax.
—Eso sería genial.
—Tonto —susurró con una pequeña sonrisa en la cara. Dio un paso atrás y cerró la puerta.
—Te amo —gesticuló él. Tal vez lo estaba diciendo en voz alta. Pero no podía oír nada.

Don't Let Me Down 
Bruner 

No estoy segura de lo que Luhan está rogando a Sehun en su camino a St. Paul —comprensión, tal vez— pero este es el ruido que está haciendo.
Esta canción es un cover de The Beatles, quizás el mejor por una mujer llamada Linda Bruner. (La historia de fondo vale totalmente la pena leer). Su giro en las letras aquí hace toda la diferencia:

"Creo que nadie realmente me amaba,
la forma en que él lo hizo, 
él me hace bien.
Y si alguien alguna vez realmente me amó,
entonces él lo hace,
él me hace bien".

Luhan & Sehun [HunHan]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora