LUHAN
La camioneta de Ricky estaba en la entrada, pero toda la casa estaba oscura, gracias a Dios. Luhan estaba seguro que algo lo delataría. Su cabello. Su franela. Su boca. Se sentía radioactivo.
Él y Sehun se habían sentado en el callejón por un rato, en el asiento frontal, solo tomándose las manos y con una sensación de mareo. Al menos, así es como Luhan se sentía. No era que él y Sehun hubiesen ido demasiado lejos, necesariamente, pero habían ido mucho más lejos de lo que había estado preparado. Nunca había esperado tener una escena de amor sacada de un libro de Judy Blume.
Sehun se debió sentir extraño también. Se sentó en dos canciones de Bon Jovi sin siquiera tocar la radio. Luhan había dejado una marca en su hombro, pero no la podías ver ya.
Esto era culpa de su madre.
Si a Luhan se le hubiese permitido tener relaciones normales con chicos, no hubiese sentido como si hubiese tenido que batear un home run la primera vez que termina en el asiento trasero de un auto, no se hubiese sentido como si quizás fuese su único turno al bate. (Y él no tendría que hacer estas estúpidas metáforas de béisbol).
No había sido un home run, de todas maneras. Pararon en segunda base. (Al menos, él pensó que eso era segunda base. Había escuchado definiciones conflictivas acerca de las bases). Sin embargo... Fue grandioso.
Tan grandioso que no estaba seguro como sobrevivirían en no hacerlo más.
-Debería entrar -le dijo a Sehun, después de que estuvieron sentados en el auto media hora o más-. A esta hora ya estoy en casa.
Él asintió pero no alzó la mirada o soltó ir su mano.
-Bien -dijo-. Estamos... bien, ¿no es así?
Entonces él alzó la mirada. Su cabello se había aplanado, y caía en sus ojos. Él lucía preocupado.
-Sí -dijo él-. Oh. Sí. Sólo estoy...
Luhan esperó.
Él cerró sus ojos y negó con la cabeza, como si estuviera apenado.
-Es sólo que... simplemente no quiero decirte adiós, Luhan. Nunca.
Abrió sus ojos y la miró directamente. Tal vez esto era tercera base. Él tragó.
-No me tienes que decir adiós nunca -dijo -. Sólo esta noche.
Sehun sonrió. Luego alzó una ceja. Luhan deseaba poder hacer eso.
-Esta noche -dijo él-. ¿Pero no nunca?
Puso sus ojos en blanco. Estaba hablando como él ahora. Como un idiota. Esperaba que estuviese lo suficientemente oscuro en el callejón para que no la viera sonrojarse.
-Adiós -dijo, negando con la cabeza-. Nos vemos mañana. -Abrió la puerta del Impala; pesaba más que un caballo. Luego se detuvo y lo miró.
-¿Pero estamos bien, no?
-Estamos perfectos -dijo él, inclinándose hacia delante rápidamente y besándolo en la mejilla-. Esperaré a que entres.
Tan pronto como Luhan entró en su casa, podía escucharlos discutiendo.
Ricky estaba gritando acerca de algo, y su mamá estaba llorando. Luhan se fue a su cuarto tan silenciosamente como pudo.
Todos los niños estaban en el piso, incluso Mei Ling. Estaban durmiendo a pesar del caos. Me pregunto cuán frecuente duermo a pesar de este, pensó Luhan. Se las arregló para llegar a su cama sin pisar a sus hermanos, pero aterrizó encima del gato. El gato chilló y lo puso sobre su regazo.
-Shhh -susurró, rascándole la nuca.
Ricky gritó de nuevo: mi casa, y Luhan y el gato brincaron al mismo tiempo. Algo crujió debajo de él.
Buscó debajo de su pierna y sacó un cómic arrugado. Un X-Men anual. Maldita sea, Lian.
Trató de suavizar el cómic sobre su regazo, pero estaba cubierto de algún pegote. La manta se sentía mojada también, era loción o algo así... No, maquillaje líquido.
Con pequeños pedazos de vidrio roto. Luhan cuidadosamente escogió un fragmento de la cola del gato y la puso a un lado, luego se limpió los dedos mojados en su piel. Un pedazo de cinta de cassette de color marrón estaba envuelta alrededor de su pierna.
Luhan tiró de ella. Miró la cama y parpadeó hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad...
Páginas de cómic torcidas.
Polvo.
Pequeños charcos de sombra de ojos verde...
Kilómetros de cinta de cassette.
Sus auriculares estaban quebrados por la mitad y colgaban al borde de la litera. Su caja de toronja estaba al final de la cama, y Luhan sabía antes de alcanzarla que estaría tan ligera como el aire. Vacía. La tapa fue arrancada casi a la mitad, y alguien había escrito con marcador negro, con uno de los marcadores de Luhan.
"¿crees que puedes burlarte de mí en mi propia casa? esta es mi casa ¿crees que puedes andar puteando por el vecindario justo en mis narices y que no voy a averiguarlo? ¿eso es lo que piensas? Sé lo que eres y se acabó".
Luhan se quedó mirando la tapa y se esforzó por hacer que las letras tuvieran sentido, pero no pudo descifrar las familiares letras minúsculas.
En algún lugar de la casa su madre lloraba como si nunca fuese a terminar.
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