SEHUN
Sehun se fue a la cama temprano. Su madre lo siguió molestando sobre Luhan.
—¿Dónde está Luhan esta noche? ¿Llega tarde? ¿Se pelearon?
Cada vez que ella pronunciaba el nombre de Luhan, Sehun sentía que su cara se ponía caliente.
—Puedo decir que algo anda mal —dijo su madre en la cena—. ¿Tuvieron una pelea? ¿Rompieron de nuevo?
—No —dijo Sehun—. Creo que tal vez él se fue enferma su a casa. No estaba en el autobús.
—Ahora tengo una novia —dijo Hansol—, ¿puede empezar a venir?
—Nada de novias —dijo su mamá—, demasiado joven.
—¡Tengo casi trece años!
—Claro —dijo su padre—, tu novia puede venir. Si estás dispuesto a renunciar a tu Nintendo.
—¿Qué? —Hansol estaba afligido—. ¿Por qué?
—Porque yo lo digo —dijo su padre—. ¿Es un trato?
—¡No! De ninguna manera —dijo Hansol—. ¿Sehun tiene que renunciar al Nintendo?
—Sí. ¿Está bien contigo, Sehun?
—Está bien.
—Soy como Billy Jack —dijo su padre—, un guerrero y un hombre sabio.
No era una gran conversación, pero era la más larga que su padre le había dado a Sehun en semanas. Tal vez su padre había estado preparándose para que todo el barrio pululara hasta la casa con antorchas y horcas en cuanto vieran a Sehun con delineador...
Pero a casi nadie le importaba. Ni siquiera a sus abuelos. (Su abuela dijo que lucía como Rodolfo Valentino, y escuchó a su abuelo decirle a su padre—: Tú deberías de haber visto como lucían los niños mientras estuviste en Corea).
—Me voy a la cama —dijo Sehun, levantándose de la mesa—. Tampoco me siento bien.
—Así que si Sehun ya no puede jugar al Nintendo —preguntó Hansol—: ¿puedo ponerlo en mi habitación?
—Sehun puede jugar al Nintendo cuando quiera —dijo su padre.
—Dios —dijo Hansol—, todo lo que ustedes hacen es injusto.
Sehun apagó la luz y se metió en su cama. Se acostó sobre su espalda porque no podía confiar en su parte delantera. O sus manos, en realidad. O su cerebro.
Después de ver a Luhan hoy, no se le había ocurrido, no por lo menos en una hora, preguntarse por qué él caminaba por el pasillo en su traje de gimnasia. Y le tomó una hora darse cuenta de que debería haber dicho algo. Él pudo haber dicho: "Hola" o "¿Qué está pasando?" o "¿Estás bien?" En su lugar, lo había mirado como si nunca la hubiese visto antes.
Se sintió como si nunca lo hubiese visto antes.
No es como si no hubiera pensado en eso (mucho), en cómo era Luhan debajo de su ropa. Sin embargo, nunca pudo completar ninguno de esos detalles.
Ahora podría rellenar algunos de los detalles. Podía imaginarse a Luhan. No podía dejar de imaginárselo. ¿Por qué no se había dado cuenta jamás de lo apretados que los trajes de gimnasia eran? Y cuán cortos...
¿Y por qué él no había esperado que él estuviera tan crecida? ¿Qué tuviera tanto cuerpo?
Cerró los ojos y lo volvió a ver. Una pila de formas de corazón, con pecas y perfectamente hecha como un cono de helado de Dairy Queen.
Oye, pensó. ¿Qué te está pasando? ¿Estás bien?
Él no debía estarlo. No había estado en el autobús de camino a casa. No había venido después de la escuela. Y mañana era sábado. ¿Y si no lo veía el fin de semana?
¿Cómo podía siquiera mirarla ahora? No sería capaz de hacerlo. No sin pensar en él en su traje de gimnasia. Sin pensar en esa cremallera larga y blanca.
Jesús.
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