11, Primera Parte

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¡Buenas!

No saben lo que ME COSTÓ escribir este capítulo, no por el contenido sino porque no encontraba un minuto para hacerlo, hahaha

Antes de empezar y para cuando terminen, aviso: No se adelanten ni se desesperen, la segunda parte la subo mañana xD

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Capítulo 11, Primera Parte

Lucerys volteó en la cama una vez más, la enésima en aquella noche fría; sus piernas se enredaron en las sábanas revueltas y se vio obligado a cambiar de posición cuando el cansancio le hizo imposible levantar las pesadas frazadas y acomodar un poco el desastre en el que se había convertido su cama. Bufando, terminó separando los párpados con cautela por si la luz del sol le golpeaba en el rostro desde la ventana, boca arriba sobre el colchón y las almohadas desperdigadas.

Con cierta resignación y fastidio, su mirada se perdió en el techo oscuro y alto del cuarto; al voltear el rostro hacia los ventanales vio la oscuridad que aún se cernía sobre Rocadragón. No había ni un atisbo de luz, ni siquiera estaba cerca del amanecer.

— Maldita sea.

De nuevo, procuró acostarse hacia un lado. Si ya le era casi imposible conciliar el sueño boca arriba, iba a ser peor si permanecía en esa posición con el insomnio que sufría; en esa ocasión, casi sonrió satisfecho al comprobar que las sábanas le habían dado una tregua y pudo finalmente acomodarse de costado, casi boca abajo.

La satisfacción le duró poco al comprobar que le explotaba la vejiga. Al cabo de unos minutos y con un par de maldiciones de por medio, se incorporó y se sentó en la cama apartando bruscamente las frazadas, presa del enojo. ¿No había ido al baño antes de acostarse aquella noche?¿Por qué tenía tantas ganas de orinar?¿Acaso todo estaba en su contra aquellos días?

Y sí, la respuesta era claramente afirmativa.

Mientras se incorporaba y caminaba lentamente hacia el excusado de su recámara, le fue imposible no recordar los motivos por los cuales se hallaba tan ansioso; desde que había llegado a la conclusión de que sus cambios emocionales y físicos se debían a la proximidad de un período de celo que se había adelantado casi un mes, no había hecho otra cosa que intentar salir de Rocadragón sin llamar demasiado la atención ni levantar sospechas en su madre y hermano mayor por su pronta partida.

Sin embargo, las opciones eran muy limitadas y Lucerys se había visto acorralado a medida que los minutos se transformaban en horas y las horas, en días. Ya habían pasado tres días desde que había llegado hasta allí con Arrax y la única chance que tenía de justificar su regreso a Duskendale no le respondía la misiva, aún cuando estaban en teoría bastante cerca.

Presa de la desesperación, Lucerys se las había ingeniado para enviar un cuervo directamente a Duskendale aún con el riesgo de que los maestres informaran a su madre sobre ello; enviar un mensaje a Aemond hubiese sido suicida por varios motivos. La carta podía ser interceptada, podía caer en las manos equivocadas y peor aún, tardaría mucho más tiempo en llegar a Desembarco del Rey, si es que el Alfa se encontraba allí. Lucerys sabía que pasaba la mayor parte de sus ausencias allí pero también conocía su afición por incendiar los campos linderos a los territorios de los Negros con Vhagar, por lo que enviar un cuervo hasta allí para que el mensaje nunca fuese leído no era una opción sensata.

Por lo que, la única salida posible que tenía para hacerle llegar su situación a Aemond era comunicarse con Daeron, quien sabía aún se encontraba en Duskendale o en los límites del territorio de la fortaleza. Por supuesto, al escribir la misiva había sido contundente y escueto sin revelar ningún detalle comprometedor pero dejando en claro que la cuestión de ubicar a Aemond era por demás urgente.

Tóxico [Lucemond]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora