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El día se encontraba templado; si bien estaba parcialmente nublado, el sol cada tanto exponía sus rayos y con ellos, el poco calor que brindaban en aquella época otoñal. Era bastante temprano en la mañana y la brisa aún enfriaba la piel de Lucerys mientras abandonaba el castillo hacia la fosa en donde sabía se encontraba Arrax, aguardándolo, como siempre.

Aquella noche no había podido pegar un ojo luego de la decisión que había tomado Daemon y que Jacaerys y él habían impulsado. Finalmente y contra todo pronóstico, Lucerys iba a participar activamente de una campaña militar aunque no hubiese batalla asegurada de por medio; para Jacaerys no era la primera vez que mantenía un enfrentamiento ni que debía realizar una negociación peligrosa y tensa, pero para Lucerys sí. Conocía los Peldaños, conocía Marcaderiva, sí. Sin embargo, una cosa era conocer lo básico de un territorio y de los ríos que confluían hacia allí desde Essos y otra muy distinta, vigilar cada uno de ellos sabiendo que acababan de perder Reposo del Grajo, terreno ubicado apenas a unos kilómetros de allí.

No había podido dormir, su mente trabajando a más no poder no sólo en lo que sabían ya les aguardaba sino en las posibilidades de lo que podía llegar a suceder, en lo inesperado. ¿Y si era ahora él quien fallaba en la predicción y Dreamfyre aparecía?¿O peor, Vhagar? Contra Dreamfyre no deberían tener demasiados problemas visto y considerando que eran dos contra uno, pero si llegaba a hacer acto de presencia aquella otra cosa salida del infierno...

Las palabras de Daemon pronunciadas tanto tiempo atrás resonaron en su mente mientras sus pasos cercanos atraían a Arrax.

"Aemond es peligroso, y cuando llegue el momento de un enfrentamiento, él tendrá muy presente quién eres".

El gruñido amistoso de Arrax lo sacó parcialmente de sus pensamientos. Sabía que Daemon no sólo llevaba la razón porque conocía un poco a Aemond y sabía que era su enemigo sino por la experiencia de vida que tenía y de la cual Lucerys carecía, haciéndole pecar de ingenuo. En lo profundo de su corazón, sabía que Daemon hablaba con la verdad: Aemond era el enemigo y en cuanto tuviera la oportunidad, iba a asesinarlo. Sin embargo, otra parte de su fuero interno se negaba a aceptarlo y se aferraba a pequeños detalles y momentos vividos con su tío para intentar justificar el pensamiento estúpido de que no le haría daño si llegaba a darse el caso de una batalla aérea.

Mientras revisaba la montura de su dragón, otra duda aún peor se instaló en su mente repentinamente.

Si lo que él esperaba se cumplía y Aemond no lo atacaba directamente, ¿qué suerte podía aguardar para su hermano Jacaerys? La idea de que la atención del Alfa se desviara de Lucerys a Jacaerys con la intención de matar desplazó toda la cautela y esperanza anterior, atenazándole la garganta.

No, no tenía que ponerse paranoico. Había sido él mismo quien había expuesto la imposibilidad de que Aemond se moviera de la capital al ser nombrado Regente. Si se daba la más mínima posibilidad de un enfrentamiento, entre dos iban a tener que poder hacerle frente, ¿no?

¿Y qué era hacerle frente a Aemond, precisamente?

¿Asesinarlo?

Para Jacaerys sí, seguramente. Para él, era una cuestión imposible, no sólo porque se tratara de Aemond sino porque le aterraba la idea de quitarle la vida a otra persona.

Qué flojo era, por eso no lo tenían en cuenta para las campañas como a su hermano. ¿Su actitud preventiva se debía a que era un Omega o solamente...?

— Lucerys.

La voz a sus espaldas lo hizo saltar; Arrax soltó un gruñido y luego un chillido agudo al reconocer al hombre que estaba con ellos. Al voltear, Daemon los observaba a ambos desde una distancia prudencial, sonriendo.

Tóxico [Lucemond]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora