3. El único deseo.

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20 de diciembre, 2222

Los leves rayos del sol ocasionan que abra los ojos lentamente tratando de acostumbrarme a la luz.

Estoy bastante cómoda, lo suficiente como para considerar volver a quedarme dormida. El latido de un corazón me recuerda por qué=- siento tanta comodidad.

Estoy acostada en el pecho de Edward, quien duerme plácidamente con una expresión llena de calma.

Debe de estar agotado, ambos lo estamos.

Cierro nuevamente los ojos dispuesta a volver a dormirme hasta que escucho como alguien toca la puerta, despertando a Edward.

Eso me hace molestar inmediatamente ¿cómo osan de despertar a mi marido?

Me aparto de su lado y me pongo de pie mientras él se pasa las manos por los ojos como un niño chiquito al que acaban de despertar para ir a la escuela.

Joder, como deseo ver a mis dos mini versiones de él.

Vuelven a tocar exasperándome por completo mientras me pongo mi bata.

- ¡Joder, ya voy! - Le grito a la persona que está tocando como loca.

Abro la puerta y me sorprende encontrarme con Alex, quien tiene algunos rasguños, pero está bien.

- Lamento interrumpir - Se disculpa con cara llena de cansancio - Pero es momento de irnos.

Frunzo el ceño - Pero se supone que nos iríamos en la tarde.

Aunque me encantaría quedarme en Lennox, Salvatore necesita a sus reyes.

Deja salir un gran suspiro - Lo sé, pero Iván ha dicho que ya no quiere que sigamos aquí más tiempo.

Mi confusión aumenta mucho más y aunque sé que no debería salgo de la habitación y me dirijo a uno de los mayordomos.

- ¿Sabe dónde se encuentra el rey? - Le pregunto.

- En la oficina, majestad.

Con pasos apresurados camino hasta el lugar y me adentro sin molestarme en tocar.

- ¿Se puede saber que está ocurriendo? - Lo cuestiono observando como acomoda varios papeles llevando un traje completamente negro.

Sus ojeras son muy notorias, sus ojos aún están rojos e hinchados, su nariz tiene un leve color carmesí y su cabello es un desastre.

- Que no los quiero aquí - Responde si atreverse a mirarme.

¿Pero que carajos?

- Soy su hermana, Iván, tengo derecho de estar aquí.

Sonríe con amargura y por fin dirige la mirada a mi haciéndome retroceder de inmediato.

- ¿Eres estúpida o prefieres engañarte en un mundo de fantasía?

Lo miro confundida - ¿A qué te refieres?

Niega con la cabeza mientras suelta un suspiro - Es demasiada casualidad que el único que ha salido ileso de toda esta mierda haya sido tu querido esposo ¿no crees?

Siento que el corazón se me acelera ante esta mención y una presión en mi pecho se hace presente.

De manera automática pongo la mano en mi vientre tratando de recordarme a mí misma que tengo que mantenerme calmada.

Deja salir una risa para nada divertida - Claro, estas preñada de él. Ahora entiendo porque quieres hacerte la ciega.

- No hay ninguna prueba que lo inculpe - Le digo recuperando mi voz milagrosamente.

Imperio [Poder #2].Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora