32. La risa de la victoria.

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Para mi sorpresa todo parece demasiado calmado en el interior del palacio, y eso me pone mas alerta todavia, asi que aun cuando sigo caminando, lo hago con lentitud, seguida de mis dragones quienes están listos para atacar a quien sea que se atreva a lastimarme.

Por inercia camino hacia la oficina, porque estoy casi segura que es ahi donde esta. Se volvió su lugar favorito porque es la habitación más lujosa del palacio. El lugar del rey.

Bueno, espero que lo haya disfrutado, porque el rey, soy yo.

- Custodien la puerta - Le ordeno a mis dragones antes de abrir la puerta que me lleva a la oficina.

La oficina donde encontré el cuerpo de Charlie y que Iván a remodelado por completo.

Ese hecho, y el saber que Iván está detrás de ese escritorio que le pertenecía a mi hermanito con una pistola en las manos apuntándome como si tuviera el maldito derecho de hacerlo, me hacen hervir la sangre.

Claramente mis alas me protegen cuando comienza a disparar, pero yo no pierdo tiempo y me echo a volar atacando de inmediato. Lo desarmó sin mucha dificultad, me pongo de pie y con una sonrisa le apuntó a la cabeza - Voy a disfrutar tanto acabar contigo.

Se echa a reír, como un verdadero villano en una mala película de terror - No eres tan ingenua para creer que sera tan fácil, ¿cierto?

Niego con la cabeza - Jamás me han gustado las cosas fáciles. Nunca valen la pena.

- Eres demasiado estúpida.

- No tanto como tu al pensar que puedes venir, arrebatarme lo que me pertenece, quitarle la vida a mi hermano, crear un caos y todavía pensar que lo dejaría pasar. La reina soy y siempre seré yo.

Cree que no lo se. Cree que no sé qué hay alguien detrás de mí. Cree que no sé qué me atacaran.

Pero de verdad me subestima.

Me volteo de inmediato y le disparo directamente en la cabeza a quien sea que estaba a punto de atacarme. No me sorprende en lo absoluto ver a Evan quien cae al piso de inmediato, en el mismo lugar en el que Charlie murió, y eso me hace enojar más porque no merece ni siquiera morir en el mismo lugar que mi hermano. Pero, aun así, no hay nada que pueda hacer al respecto, así que le disparo otras tres veces solo por la satisfacción de hacerlo.

Me volteo a Iván, quien me mira con una sonrisa - Era un inútil de todas formas. Me dio clases de actuación, pero fuera de ahí, no me era útil en lo absoluto.

Le apunto con el arma, permitiéndome por solo un momento saborear la dulce victoria en la punta de lengua, aunque cuando estoy a punto de presionar el gatillo, el suelo debajo de mi se abre, y me encuentro a mí misma en una caída libre, que debo decir no dura mucho. De la nada caigo en una habitación oscura, iluminada solo por una vela, y obviamente el puto Nikolái entra a la maldita escena creándome escalofríos casi de forma automática.

Por inercia presiono mis piernas, uniéndolas por completo, y aunque todo mi cuerpo está gritándome que me aleje, no lo hago. Quiero ponerme a llorar, y puedo sentir como mi respiración se empieza a acelerar, aunque trato de que no sea muy obvio.

Le tengo mucho miedo.

Pero mi orgullo no me permite dejarme vencer por el miedo, así que a pesar de que puedo sentir mi cuerpo temblar, me pongo de pie poco a poco.

- Así que has vuelto por más - Susurra de una forma que me hace querer vomitarle encima - Es verdad que te encanta que te follen, ¿cierto?

Me echo a reír intentando no desfallecer por el temor que se está apoderando de mi - ¿No es triste tener que recurrir a algo tan asqueroso y repugnante como el abuso solo porque ninguna mujer, teniendo juicio o no, te abre las piernas voluntariamente?

Imperio [Poder #2].Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora