6. Dulce navidad con un toque Inglés.

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Seguimos jugando un poco más con la nieve. Es irónico que antes me negaba a verla y ahora me niego a entrar y alejarme de ella.

Se sienten como décadas desde que ya no me reía así.

Al final somos interrumpidos por una mucama que se acerca a nosotros - El rey William está llegando en estos momentos, majestades.

Edward y yo volteamos a vernos por inercia y ambos asentimos al mismo tiempo en dirección de la empleada - Vamos en un segundo, por favor hazlo pasar - Le pido ocasionando que ella asiente y con una pequeña reverencia, se retira.

- Se amable - Le digo a Edward en cuanto la mucama se retira.

Él rueda los ojos - Yo siempre soy amable, irreverente, no sé a qué te refieres.

- Si claro, eres la persona más humilde y amable que conozco en el mundo.

- Más amable que tu si soy, y tienes que admitirlo.

No le respondo, solo me limito a rodar los ojos, porque la verdad aquí es que obviamente tiene razón el muy maldito insolente - Apúrate, no lo haremos esperar todo el día.

Rueda los ojos por segunda vez en menos de un minuto - El rey más poderoso aquí soy yo, puedo hacer esperar a quien se me dé la maldita gana.

- Tienes razón, eres el más poderoso de los reyes, pero no del mundo cariño - Le digo dándome la vuelta para comenzar a caminar - Esa soy yo.

No lo niega, por supuesto que no lo hace, porque en el fondo sabe que es verdad, sabe que, si de verdad me lo propongo, podría formar un imperio. Y tal vez lo haga, porque William tiene razón, yo soy la auténtica heredera de Lennox.

Edward y yo nos posicionamos en la entrada principal del palacio en la cual llegan varias limusinas negras que escoltan al rey inglés. Uno de sus mayordomos abre la puerta dándole paso a William quien como siempre tiene una encantadora sonrisa en su rostro.

- Edward - Lo saluda de inmediato ofreciéndole la mano, la cual Edward acepta y sacude de inmediato dándole una mirada extraña que me desconcierta, pero que decido pasar por alto, por el momento.

William dirige la mirada a mí y me regala una de sus sonrisas coquetas - Majestad - Me dice mientras me hace una pequeña reverencia para después ofrecerme su mano - Los rumores no le hacen justicia a su belleza - Me comenta como si nos acabáramos de conocer - ¿Sabe cómo la apodan en Europa?

- Ilumínanos - Responde Edward queriendo matarlo con la mirada.

- Sílfide - Me dice sin apartar la mirada de mi - La sílfide americana, o el encanto de América.

Enarco una ceja mientras Edward suelta un bufido de burla - Rose no es ninguna sílfide, Rose es una diosa, y te aseguro que Afrodita habría deseado ser tan bella como Rose, pero ni en un millón de mitos lo lograría.

- Supongo que es Rose quien decidirá como se siente con tal apodo.

Ambos dirigen la mirada a mi haciendo que yo ruede los ojos - Soy la reina de Salvatore, pero mientras me conozcan por ser poderosa y bella, supongo que está bien.

Me doy la vuelta y los guío a ambos a la sala principal del palacio donde ya esperan Alexander y Evan quienes están debatiendo sobre un estúpido juego de fútbol.

Aplaudo dos veces consiguiendo su atención - Con ustedes, el rey William.

Alex se pone de pie de inmediato y va a abrazarlo - Will, ¿cómo estás?

Edward se indigna por completo al ver la alegría de Alex al volver a ver a William.

Cela más a Alex que a mí.

Imperio [Poder #2].Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora